lunes, 15 de diciembre de 2014

'EL SUEÑO DE MI VIDA'

(13 going on 30)
EE. UU. 2004
Dir.: Gary Winick
Int.: Jennifer Garner, Mark Ruffalo, Judy Greer, Kathy Baker

Una consentida adolescente sale transformada, en una mujer de treinta años y con el cuerpo de Jennifer Garner, del amario donde se encerró después de una rabieta el día de su 13 aniversario. Al observar que el porvenir que le espera debido a su comportamiento no es el de una persona feliz, de regreso a su escondrijo y a la edad del pavo procurará reconducir su vida por derroteros diferentes. Comedia fantástico-romántica con muy bajo nivel de calorías dirigida por Gary Winick, premiado en su día -por Tadpole- en el hoy discutido por su excesivo mercadeo Festival de Sundance.

lunes, 1 de diciembre de 2014

'SOSPECHOSO'

(Suspect)
EE. UU. 1987
Dir.: Peter Yates
Int.: Cher, Dennis Quaid, Liam Neeson, John Mahoney, Joe Mantegna

Thriller judicial, con una Cher de 41 años interpretando (con la expresividad facial que le permite su afición a la cirugía y un peinado que visto hoy parece imposible) a una abogada que, en la defensa de un mendigo veterano de la guerra de Vietnam acusado de asesinato y con la ayuda ilegal de un miembro del jurado, destapa una trama conspirativa de grupos de presión política.

Cine comercial digno, revalorizado con el paso de los años por la progresiva pérdida de calidad de la industria, filmado por un director poco creativo pero con oficio, de cuya obra (Abismo, La casa de Carroll Street) es especialmente recordada la secuencia de la persecución automovilística de Bullit, tantas veces después imitada.

La inclasificable Cheryl Sarkisian -ganadora de un Oscar como mejor actriz por un film de la misma cosecha, Hechizo de luna- estuvo arropada por un atractivo reparto, en el que John Mahoney (con quien también había coincidido en la comedia romántica de Norman Jewison) está irreconocible en un papel completamente diferente al del padre cascarrabias televisivo de Frasier que le popularizó.

lunes, 17 de noviembre de 2014

APUNTES DEL NATURAL (40)

SUBTERFUGIO. El cinéfilo con inquietudes etílicas había encontrado, por fin, la coartada cultural con la que justificar ante sus amistades su desmedida afición –"adicción", le censuraban ellos- al licor aperitivo compuesto de vino blanco, ajenjo y otras sustancias amargas y tónicas, que con frecuencia le sumía en una turbación pasajera de las potencias: su personal homenaje al director de Magical girl, Carlos Vermut.

TONTUNA. Hay un tipo de cinéfilo snob (generalmente tiene más de lo segundo que de lo primero) que, para distinguirse de la tropa que no sabe exactamente a donde va o simplemente pretende pasar un rato de distracción, al salir del cine siente la obligación/necesidad de destacar aspectos técnicos de la película como la banda sonora, los decorados o la fotografía. Especialmente esto último, se diría. Es una especie que por su petulancia y falsa desenvoltura mueve a la conmiseración, cuando no a la indiferencia más absoluta. Pero también hay que convenir, y bueno es tenerlo presente al dirigirle esa mirada de desprecio a la que se hace acreedor, que su interés hacia la fotografía encierra no poca razón. Porque si entre todos los elementos que componen un film hay uno de imprescindible ese es la fotografía. Una producción puede prescindir de música, de decorados, de maquillaje, de iluminación, de diálogos y hasta de actores, pero todas -todas- tienen fotografía. Sin fotografía no hay imagen, sin imagen no hay película y sin película no hay cine.

ATMÓSFERA. Invitas a una mujer a tu casa. Le ayudas a quitarse el abrigo. Le sirves una copa. Y pones música; para crear ambiente, dices. Pones música porque has visto mil veces en las películas cómo un fondo musical acompaña, encamina, orienta y subraya el proceder, el actuar, las decisiones, la conducta de los personajes. Y te limitas a reproducirlo. De manera natural. Aunque no haga ninguna falta. Lo haces. Porque la realidad imita a la ficción.  

MATEMÁTICAS. Anita Ekberg + Mamie van Doren = Pamela Anderson

lunes, 3 de noviembre de 2014

EL JUEGO DE HOLLYWOOD 6

Terrence Melic
Harold Lloyd de Londres
Ginger Rogers and Hammerstein
Tomás Gutiérrez Alea jacta est
El diablo viste de José María Prada
Stan Laurel y Françoise Hardy
Pete Duel in the sun
José Antonio Nieves Conde Drácula
Forrest Tucker. Un hombre y su sueño
Mystic River Phoenix
El disputado voto del señor Cayo Largo
Las aventuras de Huckleberry Film
Eyes wide chat
James Cameron Diaz
Huckleberry Flint, agente secreto
Ana y los lobos de Washington
El amor del capitán Marlon Brando
Lawrence Kwaidan
Gene Quely
Clifton Web
Fred Astérix
Escrito bajo el sol de la Toscana
Harry Konec jr.
Edmund Gwenn a man loves a woman
Wong Kar Guay
Dos en la blogosfera
Clara Lago azul
Barry Lyndon B. Johnson
Gabriel Axe
Mae wild wild West
Groucho Marx attaks!
La balada de Cable Hook
Paramount Channel n.º 5
Saturday Night Shyamalan

lunes, 20 de octubre de 2014

APUNTES DEL NATURAL (39)

YEAHYEAHYEAH! El imperecedero influyo de los Fab Four de Liverpool en nuestras vidas -aquí, allí y en todas partes-, con la coincidencia en la cartelera de dos películas de título beatlemaníaco: Vivir es fácil con los ojos cerrados y La desaparición de Eleanor Rigby.

PANTOMIMA. 9 de noviembre de 1955, Rock Hudson se casa con Phyllis Gates. 27 de septiembre de 2014, George Clooney se casa con Amal Alamuddin.

DUDA. Su obligatoriedad fue una imposición del Caudillo de España, Generalísimo de los Ejércitos, Vigía de Occidente y azote de contubernios judeo-masónico-comunista-liberales, Francisco Franco, asumiendo una ley dictada anteriormente en idéntico sentido en Italia por Benito Mussolini. ¿Sería procedente, por tanto, afirmar que quien está a favor del doblaje de películas es fascista?

MATEMÁTICAS. Robert de Niro : Al Pacino = Dustin Hoffman.

EVIDENCIA. Cuando en 1983 TVE2 estrenó Si yo fuera presidente, su creador, director, guionista y presentador, Fernando García Tola, definió el rompedor invento como "una especie de informativo crítico, un programa político-musical para ver si es posible que la política sea la expresión de la sincera convivencia y de la lucha por la felicidad del ser humano. Y para ver si es posible que la música sea parte de esa felicidad por la cual el hombre canta". En aquella atrevida, innovadora, heterodoxa e inclasificable plaza del pueblo catódica (musicalmente ambientada en vivo por la orquesta Patxinger Z, Alberto Pérez, Javier Krahe y Joaquín Sabina, principalmente) se dio sobre todo la palabra a quienes habitualmente no la tienen. Tola -fallecido en 2003 a los 58 años- dijo que iba a dar voz a "todos aquellos que con una capacidad de expresión correcta tengan algo que contar". Con semejante nivel de exigencia, hoy no habría programa de televisión posible.

REFLEXIÓN. Cualquier tiempo televisivo pasado fue en TVE.

lunes, 6 de octubre de 2014

EL JUEGO DE HOLLYWOOD 5

Bigas Luna llena en Agua Azul
Àngel Jouvet
Doris Day at the races
Philip Glass menagerie
Cary Grant Canyon
Marie Laforêt petrificado
Kirk Douglas Fairbanks jr.
Yvonne de Carlo Ponti
El talento de la teniente Ripley
Jane Austen Powers
Shelley Long John Silver
Joe Dante no es únicamente severo
Johnny Crash
Brian de Palma de Mallorca
Joel Joan Fontaine
The last Walsh
Mercedes Sampietro Germi
Shirley Knight and day
Fred Cinemann
José María Poe
Edgar Allan Pou
Ethan Hawks
Full Monty Clift
Billy Elliot Murphy
Gorina, Gorina
Ursula Andress Pajares
Henry... parada y Fonda
Irene Papas está en viaje de negocios
Richard Conte de Montecristo
Frederic Forrest Gump
Carol Citizen Kane
Charles Voyeur
Moby Dick Tracy
Groucho, Chico, Harpo y Mad Max
Tres sargentos bengalíes

lunes, 22 de septiembre de 2014

'INFORME SEMANAL'

Prácticamente un año después de haberlo relegado a la hora de las brujas, a través de un cambio de estrategia que buscaba competir en el terreno del entretenimiento, TVE1 devuelve Informe semanal a su horario de -casi- siempre. Versión española del histórico 60 minutes de la CBS estadounidense, el programa informativo (tres o cuatro reportajes de actualidad, ahora en solo media hora de duración) inició su andadura con el nombre de Semanal informativo en 1973, en tiempos de la televisión única y en blanco y negro, con el franquismo todavía vivito y fusilando. Lo novedoso de la propuesta, los aires de libertad que respiraban las crónicas (sobre todo las internacionales, donde había más manga ancha en lo político) y la privilegiada situación en la parrilla (prime time de la noche de los sábados, entre el telediario y la película más destacada de la semana o espectáculos de variedades, según la época) sedujeron a un espectador necesitado de información ventilada. Pedro Erquicia, Javier Basilio, Manu Leguineche o Carmen Sarmiento son nombres históricos identificados todavía hoy con el espíritu original de un programa que tuvo en José Antonio Silva a su primer presentador, a Rosa María Mateo y Mari Carmen García Vela a los rostros visibles más familiares, y al de Ana Cristina Navarro sobre la niña Omayra Sánchez -atrapada en el fango de los restos de su propia casa, con el agua al cuello, debido a la erupción del volcán colombiano Nevado del Ruiz, en 1985- a uno de los reportajes más estremecedores y recordados.

Después de cuarenta y un años en antena, Informe semanal es el espacio más veterano de la tele de aquí. Un clásico. Venido a menos, eso sí. Porque parte de ese "prestigio" que dice Jenaro Castro -su actual director-, esas "pluralidad e imparcialidad" como "valores irrenunciables", quedaron por el camino cuando el programa, de manera especialmente perceptible a partir del rodillo socialista de Felipe González, dejó utilizarse como voz de los diferentes amos gubernamentales de turno. (A veces con un grado de intoxicación de indisimulable aroma goebbelsiano. Particularmente en todo lo referente a la realidad sociopolítica vasca, un contenido convertido en sección fija durante mucho tiempo).

lunes, 8 de septiembre de 2014

APUNTES DEL NATURAL (38)

JAU. Al apercibirse de la presencia del indio, uno más de los que -siempre atacándole de uno en uno- llevan años intentando arrancarle la cabellera por atreverse a invadir sus dominios, Jeremiah (Robert Redford) adopta la posición de prevengan. Después de unos segundos estudiándose -desde una cierta distancia, ambos a caballo, esperando cada uno el movimiento del otro-, el salvaje levanta la mano derecha en señal de saludo. Perplejo por la inusual muestra de cordialidad por parte de sus habitualmente iracundos vecinos, Jeremiah tarda en reaccionar pero corresponde con idéntico gesto. Aliviado, al fin. El intercambio de cortesía significa el final de las hostilidades y la superación de todas las pruebas de supervivencia a las que ha sido sometido -por los pieles rojas pero también por una naturaleza extrema- el antiguo soldado que decidió abandonar la civilización y aislarse en las Montañas Rocosas para vivir en solitario como trampero. Así termina Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972, Sydney Pollack), un prewestern descarnado, naturalista, contracultural (la vuelta del hombre a la naturaleza era uno de los valores del movimiento social surgido en la década de 1960), de envolvente atmósfera, poco diálogo, paisajes de magnitud y belleza infinitas, y ecos del pensador estadounidense y padre de la desobediencia civil y la ecología Henry David Thoreau. Pasa el film 13TV.

GENTILICIOS. Primer partido de la Liga de fútbol televisado en abierto esta temporada, Granada-Coruña. En Cuatro. En esa  barra que cruza la parte superior de la pantalla de derecha a izquierda, con la que distraen (en su doble sentido de entretener pero también de hacer desviar la mirada de lo importante) al aficionado con estadísticas casi siempre prescindibles, se refieren al conjunto andaluz como "nazarí". Por la dinastía musulmana que reinó allí desde el siglo XIII al XV, claro. Que el tiempo de programación del que dispone el periodismo deportivo sea irracionalmente desproporcionado ha acabado provocando esto: una creatividad que no conoce límites. Aunque alguien se los debería marcar urgentemente. Comenzando por decirles, por ejemplo, que cuando colocan en el mismo saco a todos los equipos alemanes, franceses, brasileños o israelíes, llamándoles teutones, galos, cariocas o judíos, respectivamente, es tan impreciso/inexacto como lo sería denominar íberos, visigodos o borbónicos a los españoles.

lunes, 18 de agosto de 2014

VOLVEMOS EN 7 MINUTOS

Con el mismo cosquilleo en el estómago con el que en otras vidas anteriores solía recibir los estrenos de algunos de mis directores más queridos, pero también con el pavor a las cuchilladas publicitarias con las cuales muy probablemente Antena 3 la descuartizará, me dispongo a ver Más allá de la vida de Clint Eastwood. Las historias paralelas de tres personas con algún tipo de relación con la muerte que, desde distintas ciudades y sin conocerse previamente, acabarán encontrándose, en una suerte de Vidas cruzadas sobrenatural, me atrapa desde el primer momento (particularmente la deliciosa subtrama entre Matt Damon y la hija de Ron Howard, admirable instantánea sobre la complejidad de la naturaleza humana), petrificándome ante la caja tonta. Nada de picoteo, nada de hacer pipí, nada de ir a ver si llueve o si la vecina de enfrente ha vuelto de hacer footing. No es solo el argumento, también la manera de estar filmada: familiar, reconocible, clásica. Cuando pellizcado por el primer intermedio comercial me doy cuenta de que la vida (o algo parecido) continúa fluyendo a mi alrededor, ya llevamos una hora y cuarenta y cinco minutos de película. Una hora y tres cuartos sin anuncios en una tele privada es un milagro, pero juro por la Constitución española que lo he vivido. Incluso esa primera pausa parece introducida con elegancia, como seleccionado el momento menos inoportuno, en contra de lo acostumbrado, metidas a conciencia para fastidiar todo lo posible y más. De los aproximadamente cuarenta minutos restantes, veinte serán directamente de publicidad, con un segundo intermedio muy seguido al anterior. Rota la magia del momento, película y espectador llegamos como podemos a un desenlace que no está a la altura del arranque: el guion flojea y algunas situaciones parecen forzadas. ¿Pero es así realmente o quizá mi atención haya podido relajarse con las interrupciones? La incógnita, no siempre fácil de despejar, es el riesgo asumido cuando se decide ver cine en según qué teles. En TVE, en cambio, es otra cosa.

Desde 2010 los únicos anuncios comerciales emitidos por los distintos canales del ente público estatal corresponden al patrocinio de espacios;  el resto son promociones de la casa y propaganda institucional. En ningún caso programas o films padecen cortes publicitarios. Y poder ver en la pequeña pantalla una película tal como la trajeron al mundo -en V. O. y sin parones- es un lujo, ciertamente. Pero "il n'y a pas d'amour heureux", como dijo Georges Brassens. Porque de manera inmisericorde para con el cinéfilo, el celuloide es profanado continuamente con sobreimpresiones-recordatorios de próximas emisiones. Unos irritantes y provocadores impactos visuales (flashes de aproximadamente cinco segundos) ante cuyo parpadeo parece imposible permanecer imperturbable y no dirigirles la mirada. Salvo, claro está, que se tenga el equilibrio cuerpo-mente-espíritu, control de la energía interior y sentido del humor de aquellos extravagantes y georgeclooneyanos caballeros jedis capaces de fulminar cabras con solo mirarlas fijamente.

lunes, 4 de agosto de 2014

'EL LADO OSCURO DEL CORAZÓN' (III)

Oliverio.- ¿Me permite?

Camarera.- ¿Sí?

Oliverio.- ¿Conoce a Benedetti?

Camarera.- Benedetti... ¿Trabaja acá?

Oliverio.- ¿Usted quiere ir al paraíso? No se preocupe, las putas van a llegar primero. ¿Me hace un cafecito?

Camarera.- Bueno.


(fuente: banda de sonido de la película)

lunes, 21 de julio de 2014

CUANDO HUMPHREY ENCONTRÓ A BOGART (REDUX)

Bogart, ¡qué actor! Un ligero rictus y era capaz de expresar todo. El que mejor ha hablado por teléfono delante de una cámara (¿por qué cogiendo el auricular con la mano izquierda si la pistola la empuñaba siempre con la derecha? Otro de sus gestos distintivos era con los pulgares en la cintura de su pantalón). De los de la época dorada de Hollywood, quien más bien ha resistido los cambios de moda; el más contemporáneo incluso en sus flaquezas (el incoherente freno y marcha atrás durante la ignominiosa caza de brujas del inquisidor senador Joseph McCarthy: tenía una familia que cuidar, se excusó). Y de los pocos privilegiados que para referirse a ellos basta solo con el apellido. Supo convertir en virtud sus carencias en forma de recursos limitados, vocalización con resonancia nasal y un aspecto demasiado corriente para formar parte de la aristocracia del star system, construyendo un estilo propio a partir de la inexpresividad acentuada por la cicatriz que le paralizaba el labio superior. Aunque en vida ya pudo disfrutar del rango de estrella consagrada, beneficiándose de la cotización crematística como tal, no fue hasta los años setenta de ese siglo XX cuando se edificó el mito, definitivamente convertido en modelo clásico tantas veces imitado pero nunca igualado ese personaje de solitario desencantado que a pesar de conducir su idealismo por la ambigua línea que separa el bien del mal logra salvaguardar su dignidad; un tipo duro pero sentimental que hace del escepticismo y el sarcasmo coraza con la cual blindarse de un pasado doloroso; un desencantado de vuelta de todo con demasiados golpes de la vida a sus espaldas para ilusionarse con facilidad. Características que, sublimadas en un concurrido café américain del Marruecos protectorado francés, posteriormente impregnarían buena parte de su filmografía e incluso su propia imagen, en una de aquellas identificaciones hombre-personaje no siempre ajustadas a la realidad pero tan del gusto del cinéfilo (y que en su caso solo se daba a partir del cuarto vaso de whisky, según revelación de Mike Romanoff, amigo y propietario de un restaurante en Beverly Hills muy popular entre los ídolos de la gran pantalla durante las décadas de los cuarenta y cincuenta). La emisión de sus viejas películas en blanco y negro por televisión –en ciclos exhaustivos como los consagrados por TVE en 1970 y 1972, por ejemplo- significó para nuevas generaciones de espectadores el comienzo de una bonita amistad cinematográfica no defraudada después jamás por ninguna de las dos partes.

Por su lado, Woody Allen no hizo sino recabar pruebas y argumentos para canonizarlo definitivamente, al convertirlo en modelo de conducta a seguir y ángel de la guarda sentimental del protagonista de Play it again, Sam (primero pieza teatral -estrenada en el Broadhurst Theatre de Broadway el 12 de febrero de 1969- y después película -Sueños de seductor, 1972, Herbert Ross-), un crítico de cine, tímido, inseguro, acomplejado y maniático, refugiado en sus films favoritos para superar la separación de su esposa y finalmente aconsejado en sus relaciones con las mujeres por el espectro de su idolatrado Bogart/Rick Blaine. Pero el culto a la personalidad no iba a quedarse en la simple recreación de posturas, diálogos y situaciones. Un individuo que se somete a una operación de cirugía estética para adquirir los rasgos de Bogie y después ejercer como investigador privado, de nombre (Sam Marlow), métodos y verbo familiares para el buen aficionado, era el caso de una obsesión llevada al límite presentado por la menos lograda artísticamente pero igualmente curiosa A lo loco y con la cara del otro (1980, Robert Day), irónico homenaje al cine de gangsters, donde la presencia del veterano George Raft –en su última actuación ante las cámaras- no resulta nada gratuita. Antiguo y señero mito del género, sobre el cual, encima, continuamente sobrevolaron sospechas de una estrecha vinculación con el hampa, su negativa, por superstición, a morir en El último refugio (1941, Raoul Walsh) -rehusada también por Paul Muni- y a trabajar bajo las órdenes de un director debutante en El halcón maltés (1941, John Huston) proporcionaría dos oportunidades de oro a Bogart para, con cuarenta y un años cumplidos y una más esforzada que llamativa trayectoria tanto en la pantalla grande (en segundos papeles o protagonistas en películas de escasa entidad rechazados por las grandes figuras) como en el teatro (debutó en Broadway en 1922), equipararse a astros como MuniEdward G. RobinsonJames Cagney o el propio Raft, a quienes habitualmente secundaba y con los que formaba la famosa "fila de los asesinos de la Warner". Aun así, su pelea con el estudio reclamando mejores roles continuó siendo una constante.

Pero para conocer cuáles son el origen y la razón reales de la mitomanía que envuelve al artista nacido en Nueva York el 25 de diciembre de 1899 y fallecido en Los Ángeles el 14 de enero de 1957, ganador de un Oscar como mejor actor principal (La Reina de África, 1951, John Huston) y nominado en otras dos ocasiones (Casablanca, 1942, Michael CurtizEl motín del Caine, 1954, Edward Dmytryk), nada mejor que zambullirse en las hemerotecas. En la del reputado semanario de información general Triunfo (1962-1982), pongamos por caso. En su ejemplar del 23 de mayo de 1970 (costaba 15 pesetas, el equivalente a 0,09 euros), la publicación referencia del antifranquismo incluía el artículo ''Humphrey Bogart-Tarzán de los monos'' (los dos héroes estaban en el candelero catódico español del momento por uno de los ciclos antes citados y por una serie protagonizada por Ron Ely sobre la creación de Edgar Rice Burroughs, respectivamente), en el que, camuflado bajo el seudónimo de Juan Aldebarán, el propio subdirector de la revista, Eduardo Haro Tecglen, descodificaba las claves del porqué-cuándo-y-dónde de la cuestión, no sin previamente advertir a los no iniciados que "el mito Bogart –Bogey, se dice para estar 'in'- es para el consumo de los intelectualizados, de los que 'saben' ".

El porqué. Identificación del actor con el personaje y del espectador con el actor. "Quizá ese comportamiento de actor-espectador, de estar fuera y dentro, quizá esa lejanía, esa frialdad, esa distancia de hombre que llega de fuera (En 'Passage to Marseille' le preguntan su nacionalidad, y responde: 'Esquimal'), esa forma precursora de vivir, que luego sería la del 'Extranjero' (sic) de Camus, conecte de alguna forma con la juventud de hoy, la juventud fronteriza de dentro y fuera (del sistema, de la política, de la sociedad), de un cierto sector que se considera en perpetuo exilio interior".
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"La mezcla hombre-personaje es coherente. Los directores, los guionistas, los creadores de 'gags', los escritores de diálogos, adaptaban sus creaciones a la imagen fílmica de Bogart, de forma que cada personaje heredaba algo de los anteriores, hasta fabricar el arquetipo continuo; Bogart, en su vida real, tenía inevitablemente dentro el personaje y vivía con sus afinidades posibles y sus contradicciones inevitables". 

Cuándo y dónde. "... cuando el público melenudo y displicente del minoritario Brattle Theater (cerca de Harvard) repuso 'Beat the devil', y allí pasó algo. El empresario notó que había una cierta corriente. En 1957 programó 'Casablanca', y la receptividad de su público fue tremenda. Tanta, que el mito Bogart reverdeció desde entonces. Apareció lo que se ha llamado 'Bogart mystique'. No se ha detenido más. Lo levantaron poco después, en Europa, Belmondo y Godard (1960), y luego su imagen fue entronizada en los 'posters'. El viejo Bogart era un hombre de nuestro tiempo".

Surgido de una idea inicial de 1871 de The Cambridge Social Union, una de las muchas agrupaciones civiles constituidas al acabar la guerra de Secesión con el fin de dinamizar la vida cultural, el Brattle –un caserón de estilo colonial con techo abuhardillado, situado en el número 40 de Brattle Street, cerca de Harvard Square, en Cambridge, Massachusetts- abrió sus puertas en enero de 1890 como biblioteca y sala de lectura. Más adelante acogería actos literarios y espectáculos musicales y dramáticos, llegando a disponer en algún tramo de su historia de grupo teatral propio. Consecuencia de la Gran Depresión del 29, la necesidad de generar ingresos implicó que durante un tiempo el local hiciera las veces de templo para las Iglesias luterana y de la Ciencia Cristiana y de gimnasio del Departamento de Policía de la ciudad. Y en 1953 se convirtió en sala de cine de arte y ensayo. Es a mediados de esa década cuando los socios propietarios en aquel periodo, Bryant Haliday y Cyrus Harvey jr., tuvieron la idea de recuperar las un tanto olvidadas películas de Bogie coincidiendo con la época de exámenes finales en la vecina Universidad de Harvard. El éxito de la propuesta acabó convirtiéndola en tradición anual. Y al actor en fetiche cultural. Ese fue el inicio de todo, efectivamente. La pequeña y recoleta sala (250 butacas distribuidas entre platea y anfiteatro), de afamada especialización en clásicos, reposiciones e independientes, ha llegado hasta nuestros días manteniendo su fidelidad tanto a los postulados fundacionales como a la cita con la bogartmanía: cada 14 de febrero, San Valentín, Día de los Enamorados, Casablanca ocupa el lugar más destacado del programa de la jornada, con carácter de acontecimiento especial y ensalzada como la historia romántica más imperecedera del celuloide. Con permiso, naturalmente, de Breve encuentro (1945, David Lean), El hombre tranquilo (1952, John Ford), Tú y yo (1957, Leo McCarey), Los girasoles (1970, Vittorio de Sica), Tal como éramos (1973, Sydney Pollack) o Entre el amor y la muerte (1981, Ettore Scola), todas y cada una de ellas con méritos contrastados para optar a disputarle el título honorífico.

A pesar de –o quizá gracias a- haber sido edificada sobre contratiempos (fue un proyecto arrancado con desconfianza; los actores no serían los inicialmente previstos; el argumento se reescribió continuamente durante el rodaje; hasta el último instante se sopesaron varios finales posibles...), Casablanca, un melodrama de aventuras románticas de serie B en el fondo no tan diferente al resto de cine propagandístico producido por Hollywood en tiempos de guerra, es un film que ha logrado superar todas las pruebas del algodón del paso del tiempo, conservando intacta toda su capacidad de emocionar. Tal vez porque trata temas de ayer, de hoy y de siempre; quizá por el magnetismo de la pareja principal; probablemente por la perfecta ingeniería de un guion definitivo cuyo "ritmo interno y externo tiene el equilibrio de Las señoritas de Avignon (sic) de Picasso", en apasionada apreciación del mismo José Luis Garci que subió al escenario del Dorothy Chandler Pavilion a recoger el Oscar de Volver a empezar como mejor película extranjera de 1982 uniformado de Rick Blaine, smoking blanco y pajarita y pantalón negros.

Obviamente, Casablanca no era el mejor lugar para ir a tomar las aguas. Pero la reunión de una larga lista de intérpretes excelentes y de variada procedencia (estadounidenses, suecas, austrohúngaros, británicos, alemanes, canadienses, rusos, mexicanos, italianos, griegos...) contribuyó a otorgar a la obra maestra del artesano Michael Curtiz la atmósfera cosmopolita y de provisionalidad que -como nido de espías, conspiradores, refugiados y oportunistas de todo tipo- requería la ciudad norteafricana, bajo el control del Gobierno de Vichy durante la II Guerra Mundial, recreada en los estudios californianos propiedad de la familia Warner. Y si como aseguraba la publicidad de otra cinta no menos legendaria nunca hubo una mujer como Gilda, tampoco ha habido otra película como Casablanca, con semejante repertorio de admirables diálogos. Entre los cuales, paradójicamente, el celebérrimo y citadísimo "Tócala otra vez, Sam" nunca se dice.

Porque si hubo un factor sobre el cual se afirmó el éxito de Bogart ese fueron los diálogos. Sarcásticos, irónicos, burlones, mordaces, sardónicos, incisivos, cínicos, cáusticos, ácidos... Oportunamente aplicados sobre un oficial nazi, el sicario de un gangster, una extraviada jovencita heredera con propensión a sentarse sobre sus rodillas, una pérfida morena altamente interesada en esculturas fabricadas con el material con que se hacen los sueños, una puritana británica compañera de un accidentado viaje en barca por un río congoleño, o un antiguo amor que lo dejó tirado en el andén de una estación de ferrocarril parisina, producían el mismo efecto que un acto de sabotaje de la Resistencia, un puñetazo en el hígado, un estirón de orejas, una sentencia judicial con la descarga eléctrica ya incluida, la más irreverente de las blasfemias, o el más amargo testimonio de la corrosión del desamor. Si bien hablar con palabras (originales o prestadas) escritas por William Somerset MaughamLillian HellmanDashiell Hammett, William FaulknerErnest HemingwayRaymond ChandlerTruman CapoteBilly Wilder o Joseph L. Mankiewicz, o las que a partir de Everybody comes to Rick's -de Murray Burnett y Joan Alison-, la obra génesis de Casablanca, trabajaron (a veces de manera improvisada en el mismísimo plató) Casey Robinson (la parte romántica), Howard Koch (política) y los gemelos Julius J.Philip G. Epstein (estructura general) debe facilitar mucho las cosas, por supuesto...

"If I gave you any thought, I probably would''.

"I don't mind a parasite. I object to a cut-rate one".

"I don't buy or sell human beings".

"That’s so long ago, I don't remember".

"I never make plans that far ahead".

"When it comes to women, you're a true democrat".

"My health. I came to Casablanca for the waters".

"I stick my neck out for nobody".



"And got well paid for it on both ocasions".

"I'm a drunkard".

"It's not particularly my beloved Paris".

"Well, there are certain sections of New York, Major, that I wouldn’t advise you to try to invade".

"Not particularly. I understand the point of view of the hound, too".

"Sam, I thought I told you never to play…".

"We all try. You succeed".

"Not an easy day to forget.  I remember every detail. The Germans wore gray, you wore blue".

"Sam, if it's December 1941 in Casablanca, what time is it in New York?".

"I bet they're asleep in New York. I'll bet they're asleep all over America".

"Of all the gin joints in all the towns in all the world, she walks into mine".

"Well, stop it. You know what I want to hear. You played it for her and you can play it for me. If she can stand it, I can. Play it!".

"Who are you really? And what were you before? What did you do and what did you think? Huh?".

"Here's looking at you, kid".

"In America they'd bring only a penny. I guess that's about all they're worth".

"Why I'm so lucky. Why I should find you waiting for me to come along".

"I'm on their blacklist already, their roll of honor".

"Henri wants us to finish this bottle and then three more. He says he'll water his garden with champagne before he'll let the Germans drink any of it".

"My German's a little rusty".

"Yeah. It's pretty bad timing. Where were you, say, ten years ago?".

"I know very little about you, just the fact that you had your teeth straightened".

"The train for Marseilles leaves at five o'clock. I'll pick you up at your hotel at four-thirty".

"All right. At a quarter to five. Say, why don't we get married in Marseilles?".

"Yes, I guess it is a little too far ahead. Well, let's see. What about the engineer? Why can't he marry us on the train? Well, why not? The captain on a ship can. It doesn't seem fair that… Hey, hey, what's wrong, kid?".

"Where is she? Have you seen her?".

"Oh. I saved my first drink to have with you. Here".

"Why did you have to come to Casablanca? There are other places".

"It's funny about your voice, how it hasn't changed. I can still hear it. 'Richard dear, I'll go with you any place. We'll get on a train together and never stop'".

"Hu! You understand how I fell. How long was it we had, honey?".

"Well, I did. Every one of them. Mostly I remember the last one. A wow finish. A guy standing on a station platform in the rain with a comical look on his face, because his insides had been kicked out".

"Well, go on, tell it. Maybe one will come to you as you go along".

"Yes, that's very pretty. I heard a story once. As a matter of fact, I've heard a lot of stories in my time. They went along with the sound of a tinny piano playing in the parlor downstairs, 'Mister, I met a man once when I was a kid', it'd always begin. Huh. I guess neither one of our stories was a very funny. Tell me, who was it you left me for? Was it Laszlo, or were there others in between? Or aren't you the kind that tells?".

"I never drink in the morning. And every time you send my shipment over, it's always just a little bit short".

"That's why I came over here to give them a chance to ransack my place".

"You're being cheated".

"I'm sorry I was in no condition to receive you when you called on me last night".

"Your story had me a little confused. Or maybe it was the bourbon".

"Why did you come back? To tell me why you ran out on me at the railway station?".

"Well, you can tell me now. I'm reasonably sober".

"Why not? After all, I got stuck with a railway ticket. I think I'm entitled to know".

"Did you run out on me because you couldn't take it? Because you knew what it would be like, hiding from the police, running away all the time?".

"Well, I'm not running away any more. I'm settled now, above a saloon, it's true, but… walk up a flight. I'll be expecting you".

"Louis, are you pro-Vichy or Free French?".

"Nobody ever loved me that much".

"Yes, well, everybody in Casablanca has problems. Yours may work out. You'll excuse me".

"I take that as a great compliment to Sam. I suppose he means to you Paris of, well, happier days".

"Well, the geography may be a little difficult to arrange".

"I'll have Sam play 'As time goes by'. I belive that's your favorite tune".

"Put it down as a gesture to love".

"I'm not interested in politics. The problems of the world are not in my department. I'm a saloon keeper".

"Yes. I found that a very expensive hobby, too. But then I never was much of a businessman".

"I appreciate it, but I don't accept it".

"Maybe I won't have to. A bribe has worked before. In the meantime, everybody stays on salary".

"You use 'Richard' again? We're back in Paris".

"I’m not fighting for anything anymore, except myself. I'm the only cause I'm interested in".

"I wouldn't bring up Paris if I were you. It's poor salesmanship".

"I wouldn't believe you, no matter what you told me. You'd say anything now to get what you want".

"What of it? I'm going to die in Casablanca. It's a good spot for it".

"Go ahead and shoot. You'll be doing me a favor".

"Why weren't you honest with me? Why did you keep your marriage a secret?".

"Huh. But it's still a story without an ending. What about now?".

"Don't you sometimes wonder if it's worth all this? I mean what you're fighting for?".

"You seem to know all about my destiny".

"Well, she isn't just any woman".

"Don't forget, you owe Rick's a hundred cartons of American cigarettes".

"Everything is quite all right. We'll tell him at the airport. The less time to think, the easier for all of us. Please trust me".

"Oh, save it. We've still lots of things to do".

"Because you're getting on that plane".

"Last night we said a great many things. You said I was to do the thinking for both of us. Well, I've done a lot of it since then and it all adds up to one thing. You're getting on that plane with Victor where you belong. You've got to listen to me. Do you have any idea what you'd have to look forward to if you stayed here? Nine chances out of ten we'd both wind up in a concentration camp. Isn't that true, Louis?".

"I'm saying it because it's true. Inside of us we both know you belong with Victor. You're part of his work, the thing that keeps him going. If that plane leaves the ground and you're not with him, you'll regret it. Maybe not today, maybe not tomorrow, but soon, and for the rest of your life".

"We'll always have Paris. We didn't have, we'd lost it, until you came to Casablanca. We got it back last night".

"And you never will. But I've got a job to do, too. Where I'm going you can't follow. What I've got to do you can't be any part of. Ilsa, I'm no good at being noble, but it doesn't take much to see that the problems of three little people don't amount to a hill of beans in this crazy world. Someday you'll understand that. Now, now…".

"I'm going to anyway, because it may make a difference to you later on. You said you knew about Ilsa and me. But you didn't know she was at my place last night when you were. She came there for the letters of transit. Isn't that true, Ilsa? She tried everything to get them, and nothing worked. She did her best to convince me that she was still in love with me, but that was all over long ago. For your sake, she pretended it wasn't, and I let her pretend".

"Maybe, but it seemed like a good time to start".

"Louis, I thing this is the beginning of a beautiful friendship".


(fuente de los diálogos de Casablanca: guion de la película publicado en The Weekly Script)

lunes, 7 de julio de 2014

'EL LADO OSCURO DEL CORAZÓN' (II)

Oliverio.- Mi táctica es mirarte, aprender como sos, quererte cómo sos. Mi táctica es hablarte y escucharte, construir con palabras un puente indestructible. Mi táctica es quedarme en tu recuerdo, no sé cómo ni sé con qué pretexto, pero quedarme con vos. Mi táctica es ser franco, y saber que sos franca, y que no nos vendamos simulacros, para que entre los dos no haya telón ni abismos...

Ana.- "... Mi estrategia es, en cambio, más profunda y más simple. Mi estrategia es que un día cualquiera, no sé cómo ni sé con qué pretexto, por fin me necesites". ''Táctica y estrategia'', Mario Benedetti. ¿Me vas a llevar a alguna parte?

Oliverio.- ¡Y seguro que también leíste a Onetti!

Ana.- ¡Aaah...! No vengo acá para hablar de literatura, muñeco. Esto es un cabaret, no es un club literario.

Oliverio.- Sí, perdóname. ¿A tu casa?

Ana.- Te va a salir un poco más.


(fuente: banda de sonido de la película)

lunes, 16 de junio de 2014

'CÁSATE CONMIGO'

 (I me wed)
Canadá. 2007
Dir.: Craig Pryce
Int.: Erica Durance, Paul Popowich, Cara Pifko, Janet Laine-Green

Una guapa y feliz treintañera, harta de que sus amistades se lo aconsejen a todas horas, decide casarse pero consigo misma; una extravagante iniciativa que le ocasionará no pocos disgustos con el joven del cual está enamorada. Comedia canadiense con actores poco conocidos (la Lois Lane de Smallville entre ellos), cuya condición televisiva hace que no sobrepase la anécdota, fluyendo de manera tan amable y relajada como intrascendente. No confundir con la película de Jason Biggs con la que comparte título español.

lunes, 2 de junio de 2014

APUNTES DEL NATURAL (37)

DISCORDANCIA. Recomendar su visión por la banda sonora puede parecer postureo propio de cinéfilo snob, pero es sin discusión lo mejor (juntamente con la fotografía de Billy Williams), lo de verdad extraordinario de una película por lo demás poco salvable. Con el agravante de que música e imágenes transitan por caminos bien distintos, lo que provoca en el espectador una incómoda sensación de desconcierto. Producida en 1984 por los temibles Menahem Golan y Yoram Globus; carente de los vistosos repartos y ambientes exóticos de Asesinato en el Orient Express, Muerte en el Nilo, Muerte bajo el sol y Cita con la muerte, o del encanto entrañable del póquer de films protagonizados en los años sesenta por Margaret Rutheford como la señorita Marple, Culpable de inocencia es de las adaptaciones al cine de novelas de Agatha Christie de las menos conocidas y a la vez de las más olvidables. Encomendada inicialmente al italiano Pino Donaggio, relevado del proyecto tras una de las revisiones del montaje, aunque su partitura acabaría comercializándose como la oficial, la música de acompañamiento finalmente escogida llevaba la firma del pianista Dave Brubeck. A excepción de ''Kirsten's theme (One misty morning)'', escrita ex professo, composiciones ya editadas anteriormente en algunos de los discos con su célebre (pero nunca suficientemente valorado por los puristas) cuarteto: jazz años cincuenta de belleza -y frialdad- exquisita (desde esos títulos de crédito iniciales feliz, sorprendente e insólitamente prolongados por más de cinco minutos para mantener íntegra la pieza que acompaña el recorrido en barca del protagonista –Donald Sutherland- hacia su destino), pero inoportuno e inadecuado al ambiente rural de la brumosa población costera británica donde ocurre la acción.

ACTORES AUSTRALIANOS: Nicole Kidman (1967, Honolulu, Hawaii, EE. UU.), Mel Gibson (1956, Peekskill, Nueva York, EE. UU.), Russell Crowe (1964, Wellington, Nueva Zelanda), Naomi Watts (1968, Shoreham, Inglaterra), Sam Neill (1947, Omagh, Irlanda del Norte).

REALIDAD. Desayuno con diamantes al margen, la última vez que pasaron por televisión una película de Mickey Rooney fue cuando los dinosaurios dominaban la Tierra.

lunes, 19 de mayo de 2014

'LA MADRE DEL NOVIO'

(Monster-in-law)
EE. UU.-Alemania. 2005
Dir.: Robert Luketic
Int.: Jennifer Lopez, Jane Fonda, Michael Vartan, Wanda Sykes, Monet Mazur

No es la peor de las comedias románticas en las que durante un tiempo pareció haberse especializado (encallado, más bien) J. Lo. Contiene menos azúcar del habitual (es más comedia que romántica); cuenta con unos eficaces secundarios (entre los que destaca una estupenda -mordaz y divertida- Wanda Sykes); muy especialmente porque la actriz-cantante no ha de cargar con el peso de la función, al compartir protagonismo con una Jane Fonda que, en su regreso a la pantalla grande tras la lejana Cartas a Iris (1990), interpreta con sana autoironía (las referencias a su edad son constantes) y un poco pasada de revoluciones a una veterana periodista que, desplazada de su trabajo en la tele por una colega menos preparada pero mucho más joven y exuberante, descarga su ira sobre la futura esposa de su hijo.

Con argumento, situaciones y gags reconocibles (que van desde Adivina quién viene esta noche a Los padres de ella; sin faltar el ya inevitable personaje del amigo-confidente homosexual de la protagonista), La madre del novio pudo haber sido a las relaciones entre suegras y nueras lo que La guerra de los Rose a las matrimoniales, pero carece del cinismo y humor negro de aquella, quedándose en mera astracanada inofensiva con final feliz. Devorada por una Fonda en plena forma, Jennifer Lopez hace otra de sus actuaciones llenas de desesperante inmadurez dramática, incapaz de aportar alguna cosa más -fotogenia aparte- que ese muestrario de gestos (impropios en una mujer con los treinta y cinco años que tenía cuando el rodaje) por los que Jordi Batlle Caminal en La Vanguardia la tildó de "tonta abofeteable con gestualidad de adolescente".

lunes, 5 de mayo de 2014

APUNTES DEL NATURAL (36)

ESTAFA. En Breakdown (1997, Jonathan Mostow) un marido busca desesperadamente a su esposa (Kurt Russell y Kathleen Quinlan), de la que desconoce su paradero desde que, tras sufrir una avería automovilística durante un viaje por el desierto de Arizona, se fuera con un camionero desconocido (J. T. Walsh) en busca de ayuda... Haberla pinchado en minutos sueltos y alternos de anteriores pases televisivos me deja con la sensación de déjà-vue cuando, en realidad, es mi primera vez (Paramount Channel). Impresión rara a la que se añade además la perplejidad por los no pocos interrogantes que me quedan abiertos: ¿a qué se dedica la pareja protagonista, de dónde vienen y adónde se dirigían?; ¿quiénes son los secuestradores, qué tipo de organización tienen montada, por qué y para qué?; ¿por qué el final es tan exageradamente pirotécnico?; ¿cuánto cobraron los guionistas (el propio director y Sam Montgomery) por no hacer su trabajo?...

TÍTULOS. Llamar El hombre de las pistolas de oro a Warlock (nombre de la imaginaria población cuyos habitantes contratan a un matón profesional para que les libre de un grupo de bandidos. Western abstracto, de guion rico en tonalidades, con el cual Edward Dmytryk intentó expiar sus culpas por lo de la delación durante la Caza de Brujas -¿o no es él acaso el personaje encarnado por Richard Widmark, un pistolero que con la convicción de estar haciendo lo correcto abandona la banda de cuatreros para solicitar la plaza de ayudante del sheriff?-), es invitar al espectador a mirar hacia el lado equivocado. Señalarle los árboles de lo anecdótico -las empuñaduras doradas de las armas, un detalle menor aunque distintivo de la personalidad del protagonista- para ocultarle el bosque de unos lúcidos y plenamente vigentes discursos sobre 1) conductas e intereses de individuos y colectividades; 2) el peaje moral que paga toda comunidad por afirmarse como territorio de civilización; 3) el lado oscuro del héroe; y 4) la instrumentalización del fuera de la ley por parte del poder.

CONTRATRATAMIENTO. Si por su compulsiva conducta sexual debió incluso en algún momento ser ingresado para rehabilitarse, ¿diríamos que una serie tan animada como Californication es la mejor terapia para alguien como David Duchovny?

BALADA. "¡Voy buscando a Lupita Nyong'o, voy camino de México; dicen que es tan bonita, voy buscando su amoooooor...!".

DESENCANTO. "No creo en la clase obrera española. Son payasos alfredolandescos. Tras cuarenta años sin ideología obrera, solo queda la picaresca y un proletariado chistoso" (Leopoldo María Panero, poeta, 1948-2014).

lunes, 21 de abril de 2014

'UNA RELACIÓN PELIGROSA'

(Gigli)
EE. UU. 2003
Dir. y gui.: Martin Brest
Int.: Ben Affleck, Jennifer Lopez, Justin Bartha

Dos matones (un hombre y una mujer) secuestran al hermano discapacitado psíquico de un importante fiscal al que la mafia local quiere presionar para que deje de hostigarla. Esta es la esquemática anécdota argumental de este vehículo perpretado exclusivamente para el lucimiento -y cierta exhibición física en el caso de ella- de la pareja sentimental formada en aquellos días por Ben Affleck y Jennifer Lopez, cuya mediática unión/reunión la película confiaba rentabilizar convenientemente (lo importante no parece ser tanto la trama como que ambos compartan el mayor número de planos posible).

Más comedia romántica que thriller, con escenas sonrojantes (cuando la cantante-actriz alecciona a unos jóvenes rebeldes en un bar), diálogos pretendidamente trascendentes y más voluntad que acierto en el juego de contraste de caracteres de los dos protagonistas (él es un duro; y ella, lesbiana teórica y lectora de Being peace -del maestro zen vietnamita Tich Nhat Hanh-, ¡adapta la filosofía budista a su violento trabajo!), la película cuenta además con las desconcertantes colaboraciones del siempre inquietante Christopher Walken y de un sorprendentemente contenido Al Pacino (todo de gris: vestuario, cabello y gafas), en un papel a priori propicio para el desmelene manierista al que el oscarizado actor de Esencia de mujer (también dirigida por Brest) es desgraciadamente tan propenso.

"Está mucho más cerca del asesino solitario del cine de Melville que de la parodia de mafioso que tanto se lleva", dijo un crítico benevolente de Fotogramas (el mismo que no dudó en definir el film como "neowestern triste") del personaje del cual Affleck hace una interpretación a la altura de la cometida en Pearl Harbor. Entre él y su entonces novia no hay química ni fluye pasión de ningún tipo, a pesar de los esforzados intentos de una J. Lo aquí descaradamente consciente de en qué parte de su anatomía se encuentra su mejor cualidad como actriz.

lunes, 7 de abril de 2014

BALANCE CINEMATOGRÁFICO DE LOS 86.º PREMIOS OSCAR

Ellen DeGeneres (presentadora de la gala), "con esmóquines de Saint Laurent y zapatillas Court Classic de 495 dólares". Jared Leto (actor secundario, Dallas Buyers Club) y Matthew McConaughey (actor principal, Dallas Buyers Club), "de Dior y Dolce and Gabbana, respectivamente, resaltaron de blanco entre tanto clasicismo de Armani". Calista Flockhart, Maria Menounos y Naomi Watts, "de Calvin Klein, vestidos cuyas partes de arriba recordaban a una camiseta de manga corta". Emma Watson, "vestido de Vera Wang cuya parte de arriba se parecía demasiado a las musculosas de gimnasio". Kate Hudson, "un Versace hecho a medida, que resaltaba su silueta con ese escote tan pronunciado y actual, y una pequeña capa por los hombros". Julia Roberts, "vestido negro de alta costura de Givenchy". Charlize Theron, "siempre fiel a Dior". Amy Adams, "estilo péplum (trajes con volúmenes en la cadera), de Gucci". Lupita Nyong'o (actriz secundaria, 12 años de esclavitud), "un Prada plisado con escote en v". Anna Kendrick, "un desastroso modelo de J. Mendel que tenía todo (transparencias, reminiscencias griegas, bordados, pliegues y asimetrías)". Penélope Cruz, "un modelo rosa palo de corte griego diseñado por Giambattista Valli y con el pelo recogido en moño". Angelina Jolie (Premio Humanitario Jean Hersholt) "arriesgó con un Elie Saab en pedrería plateada". Cate Blanchett (actriz principal, Blue Jasmine), "un maravilloso y clásico tul (encaje y transparencias) con aplicaciones de Swarovski de Armani Privé y pendientes de Chopard". Jennifer Lawrence, "modelo rojo de Dior, alta costura por supuesto". Liza Minnelli, "de Halston, conjunto de top de seda azulón y pantalón a juego". Meryl Streep, "perfecta en blanco y negro en una creación de su habitual Lanvin". Sally Hawkins, "un Valentino que era desafortunadamente demasiado traje para ella". Olivia Wilde, "recatado y elegante vestido de Valentino negro". Elsa Pataky, "un Elie Saab con demasiados brillos y un elástico bajo la cintura".

lunes, 24 de marzo de 2014

1, 2, 3, CUATRO... ¡MAMBO!

Cuatro ofrece el partido de Liga de fútbol Bilbao-Granada. Es un viernes laborable y son las ocho y media de la tarde. En al menos tres ocasiones los locutores se felicitan (y sorprenden, se diría) por la "muy buena asistencia" de público al campo (media entrada larga, sin llegar a los tres cuartos). No dicen, y por lo tanto silencian, y por lo tanto ocultan, que la culpa de que el nuevo y todavía inacabado San Mamés no se haya llenado (como tiene por admirable costumbre) es suya, de las televisiones que pagan e imponen esos (irracionales) horarios. Irrefrenables en su incontinente verborrea (causante en el espectador de instintos destructores hacia el aparato receptor), Carrasco y Kiko, los "comentaristas técnicos", cuando el encuentro va consumiéndose, abogan por la sustitución de Aduriz para facilitar su aclamación por la parroquia local. Pero cuando la (esperable) circunstancia se produce, la ovación se escucha pero no se ve. De pulso nervioso, excitado, como se estila ahora, el realizador televisivo prioriza la congelada repetición de uno de los tres goles del héroe de la velada en detrimento de lo que está sucediendo en vivo, de lo noticiable, de lo previamente deseado por sus propios compañeros de retransmisión. ¿Es posible hacerlo peor? Por supuesto. Unas semanas más tarde otra impericia impide ver el empate del Bilbao en el campo del Villarreal. En plena ofensiva vasca, a pocos minutos de llegar al noventa y mascándose el gol, la realización (¿el mismo artista de la vez anterior, quizá?) coloca inoportunamente la cortinilla avisadora de las repeticiones (los escudos de ambos clubs) en mitad del centro que Aduriz cabeceará al fondo de la portería valenciana (se ve cómo Iturraspe inicia el gesto del pase pero no el impacto con la pelota ni su consecuencia posterior). Eso sí, después, gracias a los replays centro y remate se verán infinitas veces desde todos los ángulos imaginables.

Semejantes torpezas, merecedoras de figurar por méritos propios en lugar destacado de un eventual museo del horror catódico, no deberían ser desaprovechadas por facultades de Comunicación o academias de enseñanza de lo audiovisual para ser presentadas ante los alumnos como ejemplos (ejemplares) de chapuza televisiva.

lunes, 17 de marzo de 2014

'UNA CHICA DE JERSEY'

(Jersey girl)
EE. UU. 2004
Dir. y gui.: Kevin Smith
Mont.: Kevin Smith y Scott Mosier
Int.: Ben Affleck, Liv Tyler, Jason Biggs, Jennifer Lopez

Uno se casa, tiene hijos, se acerca a los cuarenta... y comienza a tomar conciencia de que la cosa va en serio. Es lo que según se desprende de esta película le ha pasado a Kevin Smith: que se ha hecho mayor. Lejos quedan tanto aquellos jóvenes entreteniendo su inmadurez en megacentros comerciales como las absurdas teorías de Jay y Bob el Silencioso sobre La guerra de las galaxias. Incluso los dependientes de videoclub han cambiado de aspecto y ahora tienen el de la aquí rolliza Liv Tyler.

Sorprendentemente conservadora para un director de cuya filmografía se agradecía su frescura (Clerks, la revelación; Mallrats, un pequeño resbalón; Persiguiendo a Amy, deliciosa), Una chica de Jersey es una comedia dramática con acumulación argumental de tópicos. Cine familiar apropiado para ver durante las vacaciones navideñas, contiene todos los peligros del subgénero de película con niño y el inconveniente de que sus protagonistas más relevantes son muy fotogénicos pero de capacidad dramática insuficiente para hacer remontar el vuelo a un material de nulo interés.

Colaboraciones especiales de Will Smith interpretándose a sí mismo, Jason Lee y Matt Damon, en un film que como consecuencia de los fracasos taquillero (Una relación peligrosa) y sentimental de los Affleck-Lopez finalmente redujo a episódico el papel de J. Lo.

lunes, 10 de febrero de 2014

¿QUIÉN DUDA DE CLINT EASTWOOD MIRANDO EL GRAN CAÑÓN DEL COLORADO?

Por un puñado de dólares; La muerte tenía un precio; El bueno, el feo y el malo; Cometieron dos errores; El desafío de las águilas; La leyenda de la ciudad sin nombre; Harry el Sucio; Un botín de 500 000 dólares; El fuera de la ley; Ruta suicida; Fuga de Alcatraz; El Cadillac rosa; Sin perdón; Un mundo perfecto; Poder absoluto; Ejecución inminenteSpace cowboys; Mystic river; Banderas de nuestros padresCartas desde Iwo Jima; El intercambio; Gran TorinoInvictusMas allá de la vida... En estos últimos meses ha desfilado por la pequeña pantalla un completísimo muestrario de la filmografía de Clint Eastwood, baza indiscutible desde hace décadas de la oferta cinematográfica de la tele. Espléndida oportunidad, por tanto, para revisar el proceso de transformación de quien entre 1986 y 1988 también fuera alcalde -republicano- de la pequeña y residencial localidad californiana de Carmel by the Sea y concluir: 1) Eastwood era y continúa siendo un actor de corto alcance. Mejor en papeles de duro, hieráticos, monolíticos (en los westerns de Sergio Leone o como el inspector Harry Callahan), cuando sus personajes han requerido matices (Los puentes de Madison, Million dollar baby) se han puesto en evidencia sus carencias, poco favorecido además por un físico rígido y poco maleable. 2) Aunque el traje de "último clásico" con el que ahora le viste la crítica le viene unas cuantas tallas grande, sí es procedente afirmar que es el último en saber mover la cámara con clasicismo, un artesano -con inquietudes, eso sí- cuyos parámetros narrativos y formales remiten al tiempo aquel en que en las películas todo estaba bien hecho. 3) La revisión obligada de su obra, consecuencia de la evolución que ya en la madurez le llevó a pasar de ser despreciado a reverenciado por el cinéfilo exigente, no convierte en recuperable la totalidad de su trabajo (ni como actor ni como director) previo a Bird (dirigida en 1988, frontera entre sus antes y después), en general bastante cuestionable, por no decir directamente irritante (narcicismo, ideología, contradicción entre intenciones y resultados, concesión a arquetipos comerciales).

lunes, 3 de febrero de 2014

PASOLINI

Haciendo zapping paso de puntillas por la a la vez pía e infernal 13TV (el infierno es un dogma católico, recuerdo). Aunque la impresión es que dedican las veinticuatro horas del día a esas graciosísimas tertulias alimentadas por el anticatalanismo más primario (a años luz de los escuetos -y extemporáneos- apuntes que en idéntico sentido ideológico pero con guante de seda introduce periódicamente Juan Pablo Silvestre en ese "viaje en primera clase" que, aun con esas incomprensibles invitaciones a mover el dial, efectivamente es Mundo babel, RNE3), por lo que se ve también pasan películas. Un solo fotograma me basta para reconocer el no estilo de Pasolini e identificar incluso el film; cuando instantes después aparecerá en pantalla Enrique Irazoqui enfundado en una túnica (sagrada, naturalmente) se confirmarán mis creencias (cinematográficas, que no religiosas): El Evangelio según san Mateo. El momento me devuelve a la memoria uno de los homenajes cinéfilos más emotivos -sencillo y sobrio- que uno recuerda. En el episodio ''En mi vespa'', de su aclamada Querido diario, Nanni Moretti confiesa ignorar el motivo por el cual nunca antes ha visitado el monolito que en un descampado cercano a la playa de Ostia conmemora el asesinato allí el 2 de noviembre de 1975 de Pier Paolo Pasolini -cineasta, dramaturgo, poeta, articulista, marxista, homosexual, católico, tifoso del Bolonia de fútbol...-, última parada de su periplo por la ciudad de Roma en ciclomotor con ruedas pequeñas que tiene una plataforma para apoyar los pies y en su parte delantera una plancha protectora de las piernas.

A lo largo de unos cinco minutos de metraje, aparentemente sin editar, Moretti circula por una larguísima calle-carretera de desolados paisajes poligonero-playeros, donde abundan coches aparcados (muchos parecen incluso abandonados) y contenedores de basura (cuento no menos de una treintena). Al llegar al lugar baja de la moto y, desde la distancia (la cámara también ha seguido su peregrinaje desde lejos, como queriendo respetar su intimidad), tal vez negándose a admitir todavía aquel ignominioso suceso -uno más de las cloacas políticas italianas, malolientes desde los tiempos de Julio César, si no antes-, mira el pequeño monumento de discutible estética situado detrás de una portería -sin red- de un improvisado campo de fútbol. Todo ello con la única voz de The Köln concert, del pianista de jazz Keith Jarrett, a la manera de réquiem.

lunes, 20 de enero de 2014

'HASTA QUE LLEGÓ SU HORA'

(C'era una volta il West)
Italia-EE. UU.-España. 1968
Dir.: Sergio Leone
Argum.: Dario Argento, Bernardo Bertolucci y Sergio Leone
Int.: Claudia Cardinale, Henry Fonda, Jason Robards, Charles Bronson, Gabriele Ferzetti, Paolo Stoppa, Lionel Stander

El goteo sobre el semirasurado cráneo de Woody Strode y la cargante mosca en la eternamente mal afeitada cara de Jack Elam, en el prólogo, son detalles disuasorios -por caricaturescos y prescindibles- ante los que no conviene claudicar. Porque el elegante y sutil movimiento con el que la cámara, desde el andén, elevando su mirada por encima del edificio, testimonia la decisión de la decepcionada Claudia Cardinale de atravesar el interior de la estación de ferrocarril y quedarse en el lejano Oeste a pesar de que su marido no ha acudido a recibirla, sitúa al espectador ante las puertas de un western monumental. Hasta que llegó su hora es a la vez un homenaje y una revisión del género, a partir de una desprejuiciada aunque respetuosa revisión de los códigos hollywoodenses, revertidos (empezando por la imagen de Henry Fonda, aquí un despiadado pistolero sin escrúpulos) para crear un universo con personalidad propia, sublimación del complejo estilo -después pésimamente imitado- perfilado paso a paso en Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, la trilogía que consolidó a un director de péplums y convirtió en estrella a un actor de series de televisión llamado Clint Eastwood.

Rodada en escenarios naturales del Monument Valley de Arizona y de las provincias de Almería y Granada, entre otras localizaciones, y con una historia de venganza como motor del argumento como solía ser habitual en el western europeo, la progresiva distancia temporal con los referentes desde los que se proyectaba facilita apreciar ahora toda la grandeza y modernidad de esta obra maestra de puesta en escena compleja y admirable, memorables interpretaciones (Charles Bronson se defiende en los peligrosos primerísimos planos característicos de Leone como el mejor) y ejemplar manejo de la inspirada música de Ennio Morricone (con un leitmotif distinto para cada personaje). Como un aliciente más, la película permite la diversión cinéfila de jugar a entrever en el personaje de Jason Robards al mismo bandido que en un capítulo posterior de su biografía, y bajo el peckinpahiano nombre de Cable Hogue, sería abandonado por sus compinches en el desierto antes de que la suerte acabara finalmente sonriéndole en forma de manantial de agua y la grata compañía de la redimida prostituta encarnada por la rubia Stella Stevens.

martes, 7 de enero de 2014

APUNTES DEL NATURAL (35)

ABSURDO. ¿Por qué cada Nochevieja todas las cadenas de televisión se empeñan en insistirle tanto al espectador para que no confunda campanadas y cuartos, con caricaturescas explicaciones apoyadas por ridículos números o símbolos sobreimpresionados en la pantalla, si en realidad quienes siempre se equivocan son ellos, los presentadores? La ocasión (seguida por la fuerza de la costumbre a través de TVE1: Campanadas, con Anne Igartiburu) ha vuelto a poner en evidencia la necesidad de no fiarlo todo a las supuestas gracia y/o espontaneidad del presentador de turno. Reforzar con el andamiaje de un guion (cuatro apuntes nada más, no se crean) las mínimas pautas en cuestión de saludos, agradecimientos y mensajes considerables pertinentes no haría sino dar la razón a aquella (irrefutable) máxima del showbiz norteamericano que dice que la mejor improvisación es la que está preparada. Acompañaron a la alta y rubia como la cerveza presentadora vasca en la Puerta del Sol madrileña los dos (atemorizados y rígidos para la ocasión) cocineros masculinos del jurado del talent show gastronómico Masterchef, uno de los cuales preguntó si el año comenzaba con la primera o con la duodécima campanada... ¿Diríamos que, lejos de los fogones, la especie humana evoluciona adecuadamente?

NOSTALGIA. Las Navidades televisivas nunca han vuelto a ser lo mismo sin Valerio Lazarov ni el Ballet Zoom.

LISBON STORY. De aquellas cinco virginales y suicidas hermanas Lisbon a través de las cuales Sofia Coppola ofreció su personal visión de la familia americana de clase media (delicada e ingrávida cual saltamontes posado sobre el pie de Kwai Chang Caine y estéticamente empalagosa como un anuncio navideño de polvorones, pero implacable como los tres izquierdazos con los que Muhammad Ali noqueó al argentino Oscar Ringo Bonavena en diciembre de 1970), una de ellas sobrevivió. Teresa reapareció inesperadamente al cabo de los años, en la californiana Sacramento, al mando de una unidad de la televisiva CBI (Brigada Criminal, según el subtitulado español). En las pruebas de acceso a la pasma había reconocido una tragedia familiar en su infancia: madre fallecida en accidente de tráfico y, como derivación, padre alcohólico y finalmente suicida. Pero ella, los espectadores, la hija de Francis Ford y el mentalista Patrick Jane sabemos que no fue exactamente eso lo que ocurrió.

PRINCIPIOS. Antes muerto que ver una película o serie de televisión dobladas.

MENÚ. Pollo al vinagre. Muslo o pechuga. Café, coca y puro.