jueves, 29 de enero de 2009

NEGROS JUEGAN Y GANAN

No recuerdo si fue Abc o La Razón (es fácil confundirlos porque visten la misma camisa nueva que tú bordaste en rojo ayer) que tituló con un intencionalmente dudoso "El triunfo de la negritud" la 74.ª entrega de los Oscar de Hollywood (24/3/2002), en la que Halle Berry, Denzel Washington y Sidney Poitier fueron premiados, Will Smith estuvo también en las candidaturas y Whoopi Goldberg hizo de presentadora. Las emocionadas palabras de agradecimiento de la transparentemente (des)vestida intérprete de Monster's ball ya dejaban entrever que se estaba viviendo un momento histórico; con el corrector de proporcionalidad necesario, comparable a lo sucedido en Washington con motivo de la investidura del nuevo presidente de los EE. UU. y resto de colonias de ultramar.

La realización que de Inauguration 2009 hace la televisión americana es impecable. Narrativamente perfecta. Bien delimitados el planteamiento, nudo y desenlace. Cada cámara en su sitio, ni un solo plano superfluo. Una lección de buen cine. ¿Que el cuarteto de cuerda que actuó en el Capitolio hizo playback? Y Harpo Marx no era mudo. ¿Qué son las películas sino una gran mentira orquestada para ilusionar? Sólo el tiempo y la trayectoria del protagonista dirán si el film del pasado tercer martes del mes de enero debe convertirse en un clásico imperecedero con ecos de Matar un ruiseñor. O si tan sólo se trató del gaseoso éxito comercial de cada temporada, que al final acabará decepcionando a esa multitud que asistió al estreno llenando el mismo National Mall desde donde Martin Luther King y Forrest Gump hicieron sus famosos discursos. Un gentío en cuyos negros y esperanzados rostros era fácil reconocer la espiritualidad de los cánticos del Aleluya de King Vidor, la integridad del inspector Tibbs y del sargento primero Rutledge, la dignidad de la mujer cuya hija se avergüenza del color mulato de su piel en Imitación a la vida, la resistencia de Kunta Kinte, el orgullo de Cassius Clay (no me acostumbro a llamarle Muhammad Ali, lo siento), la fatalidad de Dorothy Dandridge, la exhuberancia de Pam Grier, la combatividad de Spike Lee o la paciencia de la Mammy de Lo que el viento se llevó.

La radio española retransmite el acto. La ventana (Cadena SER) reúne a analistas políticos del prestigio de Boris Izaguirre, Alejandro Sanz y Antonio Banderas. En Asuntos propios (RNE1) ven complots cuando la voz oficial, al presentar a Obama, dice "hache" y no "Hussein" como, por lo que se ve, estaban esperando. Me pregunto si les suenan Harry S. Truman, Dwight D. Eissenhower, Lyndon B. Johnson, George W. Bush… En la tele, Susanna Griso (Espejo público, Antena 3), al ver la poca destreza demostrada en los bailes de celebración por el nuevo mesías, exclama sorprendida: "¡No tiene sangre negra!". Todos creen que es Barack H. quien se confunde en el juramento del cargo. Encuentran que la equivocación humaniza al personaje... Es el periodismo de jardín de infancia que se lleva ahora.

jueves, 8 de enero de 2009

ESPAÑOLA(N)DAS

"Aunque, que conste, que hasta en las pelis malas yo estoy bien como actor", dijo el encantado de haberse conocido Alfredo Landa en la presentación de Alfredo el Grande. Vida de un cómico, el libro que sobre él ha escrito el crítico de teatro Marcos Ordóñez. A falta de voluntarios hace bien reivindicándose él mismo. Porque a diferencia de José Luis López Vázquez no tuvo un Carlos Saura que le permitiera dignificar una filmografía donde se incluyen Las verdes praderas, El crack y Los santos inocentes, pero también un excedente de calzoncillos (No desearás al vecino del quinto; Simón, contamos contigo; Préstame quince días; Aunque la hormona se vista de seda...; Los días de Cabirio; París bien vale una moza; Guapo heredero busca esposa; Manolo la nuit; Dormir y ligar: todo es empezar; Fin de semana al desnudo; Solo ante el streaking o Celedonio y yo somos así, por ejemplo).

En el libro, Landa tiene el detalle de no dejar títere con cabeza entre buena parte de la profesión, descubre la sorprendente invitación que –asegura- le realizó Alfredo Matas para participar en un ménage à trois con Amparo Soler Leal –quien tiempo después se convertiría en la esposa del productor- y Maurice Ronet (extraño reparto tanto para una película como para un combo sexual), y ofrece una explicación del episodio de los Goya del año pasado, cuando al recoger el premio honorífico hizo un discurso totalmente incoherente.

Descartado cualquier tipo de enfermedad, al definir ahora aquello como "un gatillazo emocional" parece claro que simplemente se trató de otro de sus autohomenajes. Un –como dicen ahora- tributo a su popular personaje de españolito reprimido y acomplejado que corría en paños menores detrás de suecas despampanantes con quienes la mayor parte de las veces no llegaría a consumar, psicológicamente superado por la responsabilidad de dejar bien alto el pabellón del macho ibérico. Mismamente como en los Goya.