lunes, 18 de febrero de 2019

GARCI REVISITADO (II)

Crítico primero y después guionista destacado, fue el director del cine de la Transición. Ninguneado por las envidias del Oscar de Volver a empezar, amagó con abandonar la profesión. Cuando regresó, agotada la coyuntural fórmula de su éxito (cóctel de amargura, nostalgia y autocomplacencia), desempolvó melodramas beatos de los años cincuenta. Un giro de su filmografía tan radical como el también observado ideológicamente: de compañero de viaje del PCE a intelectual del aznarismo. Presentó en televisión Qué grande es el cine, cita semanal inexcusable apreciada por la selección de títulos pero reprobada por su emisión doblada. Ha  hecho radio, escrito y editado libros, dirigido teatro... Desdeñado desde el primer momento por el diario El País, José Luis Garci ha compartido durante décadas en Abc su cinefilia y resto de aficiones.

''Debido a la escasez de medios con que suelen trabajar, los directores 'B' son concisos, sencillos, con un envidiable poder de síntesis en la puesta en escena; por lo mismo, son tipos enormemente dotados para las elipsis y los 'flashbacks', creadores de ritmos con una fluidez pasmosa, y, naturalmente, por su continuo ir y venir de una historia a otra, los mejores para el cine de género: 'westerns', películas 'negras', obras de ciencia-ficción, etcétera. En las filmografías de la mayor parte de los directores 'B' norteamericanos no es difícil encontrar secuencias magnéticas, de una belleza deslumbrante; momentos de cine que captan 'lo eterno' -el amor, la duda, el odio, esa cosa manida que llamamos la vida- de una forma tan natural como perfecta, y con una fuerza de comunicación, de inmediatez , que nos conmueve en lo más profundo. De ahí que muchas películas 'B' sean hoy incontestables obras maestras'' (2/6/1989).

lunes, 4 de febrero de 2019

CINÉFILO BLANCO INQUIETO BUSCA...

Pasar por el en otro tiempo comercialmente efervescente y hoy postapocalíptico e irreconocible primer tramo de la Vía Púnica conlleva una parada nostálgica frente al número 13 de la calle. Allí estuvo, sigue, de hecho, aunque cerrado desde hace años como tal, el cine que con poca imaginación fue bautizado como Cartago (¿cómo le hubieran llamado de estar en la Vía Romana? ¿Roma?, ¿Coliseo?, ¿Bacanal?...), utilizado actualmente como templo por la Iglesia Cristiana Evangélica, Ministerio Evangelístico del Reavivamiento Pentecostal. Nada como los sofás y butacas del vestíbulo de platea, junto con las vitrinas publicitarias -coloristas al principio, vacías y mustias al final-, encarnaron mejor la decadencia de la que en su día llegara a ser principal sala de Ibiza. La curiosidad por la fecha exacta de su apertura (antojos cinéfilos, ya me entienden) me dirige, con no poco recelo, hacia la Enciclopèdia d'Eivissa i Formentera. Experiencias anteriores con esa obra ''magna'' (magno el autobombo con el que sus promotores políticos presentaron el proyecto) hacen que un servidor le conceda la misma credibilidad que a la Wikipedia, al menos en los temas que, modestamente, de vez en cuando uno cree dominar más o menos. Imprecisa, inexacta, equívoca, desequilibrada, con olvidos clamorosos e inclusiones incomprensibles -e incompartibles-, de redacción apresurada y escritura más fiada en la (des)memoria de los redactores y de las personas recurridas como fuente que en una investigación documentada.

De las voces cinema y Cinema Cartago saco que la inauguración fue ''l'any 1969'' y que ''s'estrenà per a l'ocasió la versió en quatre parts de Guerra y paz (1967), del rus Serguei Bondartxuk''. No hay información sobre la historia del local más allá del celuloide. Nada se dice de que a lo largo de los años también acogió recitales de música (Lluís Llach, Maria del Mar Bonet, Uc, Sergio y Estíbaliz, Camilo Sesto...), muestras folklóricas, festivales infantiles, actos benéficos, teatro, debates políticos... Pero ¿cuándo de 1969?, continúo preguntándome. Tomada ya la cosa como un asunto personal, hago lo que debería un periodista/crítico de cine/historiador/estudioso/investigador, es decir, los deberes. Acudo a la hemeroteca de Diario de Ibiza, único periódico editado aquí en la época.

Con ''don Abel Matutes Noguera y la señora Viuda de Vilás'' como ''empresarios'', ''capacidad para 1250 espectadores distribuidos entre el patio de butacas y el anfiteatro'' y ''dotado de un extraordinario confort y de una bella decoración'', ''pantalla gigante, sonido estereofónico, doble equipo de proyección sistema Todd-Ao para películas en 70 milímetros'' y ''las correspondientes instalaciones de calefacción y refrigeración'', el Cartago Cinema -que tal era su nombre exacto, recuérdense las en los primeros años iluminadas luces de neón del letrero de la fachada- corrió por primera vez sus cortinas azules a las siete de la tarde del martes 23 de diciembre de 1969, festividad de santa Victoria, dicho sea de paso. A esa misma hora la temperatura en Ibiza era de 12º; la presión atmosférica, 767 mm; humedad, 58 %; el viento soplaba del NO a 30 km/h; y el cielo estaba despejado. A beneficio de la Campaña de Navidad y Reyes, las entradas de la première, a la que acudió una ''nutrida concurrencia'', costaron 50 pesetas (0,30 euros), consistiendo el programa de la jornada en la actuación del Grupo de Danzas de la Sección Femenina local, primer premio en el XVIII Concurso Nacional de Coros y Danzas celebrado hacía poco en Madrid, y la proyección de la ''extraordinaria superproducción en color'' Austerlitz. Entonces, ¿''versión en cuatro partes de Guerra y paz'', como sostiene la Enciclopèdia, o Austerlitz? Quizá un poco de todo.

Heridos en su orgullo por la mirada hollywoodense que sobre el mismo tema dirigiera King Vidor en 1956, con Henry Fonda, Audrey Hepburn, Mel Ferrer y Vittorio Gassman, de tres horas y media de duración, la URSS decidió acometer la adaptación definitiva de la monumental epopeya de León Tolstói. Un fresco de más de siete horas, según dicen las crónicas, de factura impecable pero fría como un paseo nocturno por la Perspectiva Nevski de Leningrado, quiero decir San Petersburgo. Dirigida por Sergey Bondarchuk, protagonizada por Vyacheslav Tikhonov, Lyudmila Saveleva y el propio director, en los papeles más destacados, se rodó con continuidad y se fragmentó en cuatro partes que fueron estrenándose, así como el rodaje avanzaba, en 1965, 1966 y en 1967 las dos últimas. El megaproyecto, en su totalidad y con el título de Guerra y paz, fue reconocido por la Academia de Hollywood con el Oscar a la mejor película extranjera de 1968.

En diciembre de 1969 Diario de Ibiza anunció la proyección de Austerlitz en el Cartago los días 23, 24 y 25; el día 26 el rotativo no se publicó, cosas de la Navidad. Las películas que siguieron en las jornadas posteriores hasta fin de año ya nada tenían que ver con el asunto que nos ocupa (Tú perdonas... yo no; El hombre del golpe perfecto y Shalako). Es decir, que para el estreno del cine no se habrían ofrecido ''las cuatro partes de Guerra y paz'' sino una de ellas, la primera, Austerlitz (sin más información adicional por parte del diario que solo citaba el título, ni nacionalidad, ni reparto ni director, por lo que también hubiera podido tratarse del film homónimo de Abel Gance, lujosísima supercoproducción Francia-Italia-Yugoslavia-Liechtstenstein de 1960, con más estrellas que en el cielo: Pierre Mondy, Claudia Cardinale, Vittorio de Sica, Jean Marais, Jean-Louis Trintignant, Michel Simon, Orson Welles, Rossano Brazzi...). Las tres restantes que completaban el póquer tolstoiano no llegarían en realidad hasta enero de 1970, cuando, siempre según el espacio de la cartelera en Diario de Ibiza, se sucedieron en la recién estrenada sala a lo largo de tres semanas consecutivas Natacha, (''2.ª parte de Guerra y paz y continuación de Austerlitz''; ''si vio Vd. Austerlitz, no se pierda ahora la continuación de la misma, si disfrutó con aquella admire hoy esta cinta muy superior a Austerlitz''), La batalla de Borodinó y El incendio de Moscú (''la 4.ª y última parte de Guerra y paz'').

Por tanto, enigma resuelto y prueba superada.