IN. La perfección técnica del vídeo inaugural con los hosts apareciendo dentro de las películas candidatas; con todo, una idea no tan "innovadora" como algunos escribieron (ya se hizo en épocas de Billy Crystal y David Letterman). La naturalidad, el desparpajo y la preparación (actúa, canta, baila...) de la (además) bella Anne Hathaway, cuyo atractivo, grande como (casi) todos los accesorios físicos de serie que la adornan (ojos, boca, dientes, orejas), demanda no sólo más ingenio en la escritura de los guiones sino un hombre como los de antes de partner, en lugar de ese James Franco con "sonrisa de Gato de Cheshire engreído" (según afilado apunte de Tim Goodman en The Hollywood Reporter). Reconociendo la profesión como una rama más del negocio, la inclusión de un agente artístico, Edward Limato, en un in memoriam tribute donde los olvidos (Maria Schneider, Corey Haim, Jean Simmons, Luis G. Berlanga) no por habituales son menos incomprensibles. La queja de Charles Ferguson (documental, Inside job), recordando para vergüenza general que ningún culpable de la crisis económica global radiografiada por su film paga por ello en la cárcel. Randy Newman (canción, Toy story 3), un valor seguro de la ceremonia: no goza de la consideración de otros compositores pero veinte nominaciones y dos Oscar le contemplan. Natalie Portman (actriz principal, Cisne negro); el muy merecido reconocimiento a una pequeña (1,60 m) gran intérprete (Heat, Beautiful girls, A cualquier otro lugar, La fuerza del amor) con una carrera llevada sin estridencias y de manera inteligente. Los paralizantes (pero legítimos) nervios de Colin Firth (actor principal, El discurso del rey); premio a un corredor de fondo que ya estuvo en las oscarizadas El paciente inglés y Shakespeare in love. En el año del rejuvenecimiento definitivo de la gala, el mejor de la noche fue un achacoso anciano de 94 años: apoyado en un bastón y con una (imperdonable) máscara como cara, Kirk Douglas estuvo ligón con la Hathaway y juguetón con los nervios de las actrices secundarias candidatas al dilatar más de lo recomendable la apertura del sobre ("You know...").
OUT. Conocida a lo largo de la madrugada, la noticia de la muerte de Amparo Muñoz (Tocata y fuga de Lolita, La otra alcoba, Mamá cumple 100 años, Dedicatoria, El balcón abierto, Lulú de noche y Familia, entre lo frecuentable de una filmografía con tantos vaivenes como su vida privada); fue Miss España 1973 y Miss Universo 1974, hubiera podido comerse el mundo pero el mundo la acabó devorando a ella (fallece con 56 años, fagocitada por la fama, sentimentalmente siempre a la deriva, adicta a sustancias prohibidas...) ¿Qué se hizo del anunciado (pero no visto) número musical de Grease? Gwyneth Paltrow, por cambiar sus (nada del otro mundo pero) resultonas facciones para incorporarse al cada vez más concurrido (y aterrador) club de los botoxmizados (Nicole Kidman, Sandra Bullock, ¡Billy Crystal!...). La ridícula (vista a este lado del Atlántico) provocación del beso en los labios entre Josh Brolin y Javier Bardem, prudentemente censurado por la cadena ABC gracias a los 7 segundos de décalage de la realización en falso directo ("por no estar en el guión", justificó el productor de la retransmisión). "No lo he podido oír porque estábais despellejando su peinado"; la estocada de(l resignado) Javier del Pino a Gemma (kumbayá) Nierga, al preguntarle ésta el porqué de la emoción de Tom Hooper en su parlamento (director, El discurso del rey), resume a la perfección en qué se ha convertido el (antes) esperado (y ahora temible) especial de la Cadena SER desde la desaparición de los de El cine de Lo Que Yo Te Diga: el criterio cinéfilo (Jaume Figueras) arrinconado en favor del comadreo rosa (Boris Izaguirre, abusivo como las referencias a su "marido"). El ninguneo a los (excesivamente pagados de sí mismos) hermanos Coen (Valor de ley: 0/10). La inclinación de Hollywood a galardonar interpretaciones de personajes con taras (tartamudez en El discurso del rey, esquizofrenia en Cisne negro) o transformaciones corpóreas radicales (Christian Bale, actor secundario, The fighter). Con la estresante presencia cotidiana de las denominadas nuevas tecnologías, ¿se atreve alguien a afirmar que la contemporaneidad de La red social (montaje, guión adaptado, música original) sea de verdad la derrotada frente al (siempre eficaz) clasicismo británico de El discurso del rey (película, dirección, actor principal, guión original)? La persistencia de la prensa española en la pretensión de la existencia de un voto colectivo de la Academia (en lugar de una suma de gustos individuales). La heterogeneidad de las elegidas como mejores películas en los últimos cinco años (El discurso del rey, En tierra hostil, Slumdog millionaire, No es país para viejos, Infiltrados) refuta que, más allá de año en año, pueda hacerse una lectura del palmarés en clave de tendencias del cine estadounidense. El show: tan insípido como James Franco (para Toni García, en El País, "guapo como siempre y soso como nunca").
lunes, 21 de marzo de 2011
lunes, 7 de marzo de 2011
MARX PENA QUE GLORIA
Que un servidor no consuma prensa local para informarse no significa que no la tenga en consideración para otros menesteres. Para la limpieza de cristales de puertas y ventanas de mi casa, por ejemplo. En esa tesitura me encuentro cuando reparo en un titular de las páginas de opinión del semanario gratuito Prensa Pitiusa, el periódico habitualmente empleado para tan doméstica tarea. Perteneciente a la edición del 15 al 21/11/2010, el artículo ''¿Es Tarrés el quinto hermano Marx?'' es uno de los habituales de la publicación en su inasequible al desaliento estrategia de desgaste del presidente del Consell de Ibiza, y en él se pretenden unas risas comparando una de las decisiones tomadas por aquél con esa cumbre del nonsense cinematográfico en la cual Otis B. Driftwood y Fiorello resuelven sin demasiados miramientos las diferencias sobre las cláusulas de un contrato ("La parte contratante de la primera parte...", de Una noche en la ópera, ya saben).
Consideraciones políticas al margen, si los tres mosqueteros de Alexandre Dumas padre eran en realidad cuatro, es igualmente conocido que (al margen de Manfred, el primogénito, fallecido de pequeño) los tres hermanos Marx no fueron cuatro sino cinco: Chico, Harpo, Groucho, Gummo y Zeppo. Descartado por razones genéticas y de talento el político presuntamente socialista de las camisas a rayas, ¿cuál de ellos debe ser considerado en realidad el auténtico quinto hermano? ¿Zeppo, por el orden de nacimiento? ¿Gummo, quizá?
Cuarto en nacer, el primero de todos en subirse a un escenario -en un espectáculo de ventriloquia con su tío Julius- pero también el primero en bajar de ellos, Gummo dejó en 1918 su puesto a Zeppo en la compañía de vodevil The Six Mascots (que formaba junto a su madre, tía Hannah, Groucho, Harpo y Mabel O'Donnell) al ser movilizado durante la I Guerra Mundial. Poco seducido por la farándula, después prefirió hacer de agente artístico y gestionar las finanzas familiares. No aparecer en ninguna de las películas le ha relegado al olvido, cuando no al desconocimiento mismo de su existencia; fue un hermano Marx pero no formó parte de los Hermanos Marx, cuya corrosiva propuesta artística permanece inoxidable al paso del tiempo. Falleció a los 84 años el 21 de abril de 1977, cuatro meses antes que Groucho, el mediano y no "el mayor" de la saga como equivocadamente se indica en ese artículo, probablemente impresionados por la desmesura del tamaño de sus bigotes y cigarros puros.
Que en aquella casa flojeen en marxismo no ha de sorprender a nadie. Prensa Pitiusa, cuyas iniciales -PP- le delatan ideológicamente, nació en 2007 auspiciado por sectores cercanos a la ultramontana extrema derecha local, huérfana desde el giro judeo-masónico-comunista-liberal emprendido por Diario de Ibiza a partir de su venta por la familia Verdera. Un proyecto la eficacia del cual es cuanto menos cuestionable, vista la disonancia existente entre el empeño puesto en la cruzada y el resultado de las últimas elecciones, en las que perdieron la máxima institución insular además del feudo hasta entonces inexpugnable del Ayuntamiento de San José.
Consideraciones políticas al margen, si los tres mosqueteros de Alexandre Dumas padre eran en realidad cuatro, es igualmente conocido que (al margen de Manfred, el primogénito, fallecido de pequeño) los tres hermanos Marx no fueron cuatro sino cinco: Chico, Harpo, Groucho, Gummo y Zeppo. Descartado por razones genéticas y de talento el político presuntamente socialista de las camisas a rayas, ¿cuál de ellos debe ser considerado en realidad el auténtico quinto hermano? ¿Zeppo, por el orden de nacimiento? ¿Gummo, quizá?
Cuarto en nacer, el primero de todos en subirse a un escenario -en un espectáculo de ventriloquia con su tío Julius- pero también el primero en bajar de ellos, Gummo dejó en 1918 su puesto a Zeppo en la compañía de vodevil The Six Mascots (que formaba junto a su madre, tía Hannah, Groucho, Harpo y Mabel O'Donnell) al ser movilizado durante la I Guerra Mundial. Poco seducido por la farándula, después prefirió hacer de agente artístico y gestionar las finanzas familiares. No aparecer en ninguna de las películas le ha relegado al olvido, cuando no al desconocimiento mismo de su existencia; fue un hermano Marx pero no formó parte de los Hermanos Marx, cuya corrosiva propuesta artística permanece inoxidable al paso del tiempo. Falleció a los 84 años el 21 de abril de 1977, cuatro meses antes que Groucho, el mediano y no "el mayor" de la saga como equivocadamente se indica en ese artículo, probablemente impresionados por la desmesura del tamaño de sus bigotes y cigarros puros.
Que en aquella casa flojeen en marxismo no ha de sorprender a nadie. Prensa Pitiusa, cuyas iniciales -PP- le delatan ideológicamente, nació en 2007 auspiciado por sectores cercanos a la ultramontana extrema derecha local, huérfana desde el giro judeo-masónico-comunista-liberal emprendido por Diario de Ibiza a partir de su venta por la familia Verdera. Un proyecto la eficacia del cual es cuanto menos cuestionable, vista la disonancia existente entre el empeño puesto en la cruzada y el resultado de las últimas elecciones, en las que perdieron la máxima institución insular además del feudo hasta entonces inexpugnable del Ayuntamiento de San José.
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