lunes, 26 de agosto de 2013

APUNTES DEL NATURAL (32)

SIRENAS. Que un partido de waterpolo ocupe el prime time nocturno es un hito (por waterpolo y por femenino) difícil de creer que haya sido posible. La expectación creada por la trayectoria del grupo dirigido por el exjugador Miki Oca -portadas de prensa e informativos nacionales esos días incluso- decidió a TVE trasladar de Teledeporte a La 1 la final de la especialidad de los últimos Campeonatos del Mundo de Natación celebrados en Barcelona (España, 8-Australia, 6). Paradójicamente, la misma televisión que habitualmente se lo niega le descubre al espectador (en horario estelar, encima) otros mundos deportivos posibles. ¿Será este capaz de, una vez probado, exigir que no le retiren el plato? ¿O continuará dejándose cebar, como tiene por conservadora costumbre, con el omnipresente/omnipotente fútbol?

INGENUA. En una decisión que levantó cierta polémica pública, Lucía Etxebarria entró a concursar en Campamento de verano, un reality de Telecinco donde una serie de personas más o menos conocidas (ellos los llaman "famosos": la madre del extorero Jesulín de Ubrique, la exconcejala del vídeo onanista, la discutida/discutible periodista Karmele Marchante, uno de los machotes de Gandía shore...) juegan a boy scouts. Pero a los pocos días la escritora salió por piernas del programa alegando acoso y amenazas por parte de otros participantes. Había justificado su descenso a los infiernos televisivos en la deuda económica mantenida con Hacienda. Aseguró: "En una semana en el campamento ganaba más (dinero) que por cualquier libro que he escrito". En Sálvame deluxe, en pleno trabajo de amortización de la (pen)última acrobacia ideada en el laboratorio de experimentos catódico-circenses de la casa, Terelu Campos (aunque solo le ofrecen suplencias vacacionales no se siente infravalorada profesionalmente) le suelta que ya sabía donde se metía. Pues no lo parece. Lucía se puso en el escaparate y fue rápidamente captada por la telebasura, ante cuyos cantos de sirena de su jugoso y fácil dinero tantos han perdido/vendido su dignidad. Si la autora de Amor, curiosidad, prozac y dudas (valenciana de 46 años) tenía un interés, la tele (como una transacción comercial más, porque es así como lo entienden) le está cobrando los suyos. Pretender salir ilesa de un trato con Lucifer es de una candidez que no se le suponía. Ahora, con el diablo dentro del cuerpo, quizá ya no sea suficiente con el padre Karras y haya que avisar también al más ducho padre Merrin.

TELEXPECTADOR: "Persona que ha dejado de ver la televisión, probablemente por la pérdida de interés de sus contenidos temáticos".

lunes, 12 de agosto de 2013

QUE TREINTA AÑOS NO ES NADA... (V)

Tras los intentos previos fallidos de La venganza, Plácido, Los Tarantos, El amor brujo, Tristana, Mi querida señorita, Ese oscuro objeto del deseo, Mamá cumple 100 años y El nido, la cinematografía española obtiene el 11 de abril de 1983 su primer Oscar a la mejor película en habla no inglesa gracias a Volver a empezar, un melodrama romántico otoñal protagonizado por un profesor -ganador del Premio Nobel de Literatura, que regresa temporalmente de su exilio en los EE. UU.- y la mujer a la que amó en su juventud. Antes del reconocimiento internacional, público y crítica locales habían dispensado indiferencia absoluta al film dirigido y producido por Garci.

"Desde el primer momento gustó allí muchísimo mi película. Hay que decir también que empleamos una buena estrategia. Hay que estar allí con un mes de antelación para lograr que la película sea vista por el mayor número posible de miembros de la Academia, y que se ofrezcan muchos pases para la crítica. Eso lo hemos hecho este año, yo creo, por primera vez. Diecisiete veces se proyectó Volver a empezar antes de que le otorgaran el premio. Y en las diecisiete la gente aplaudió muchísimo. Por eso pensé muy pronto que este año seguramente tendría chance. Tal vez es que yo, efectivamente, hago un cine muy americano; pero lo cierto es que conecté con esa gente. No sé si por la ternura que hay en la película, por la nostalgia, por la soledad que siente tanta gente, allí, en América..., o si era sobre todo por la dedicatoria final, que pongo en todas mis películas para paliar mi frustración por no escribir novelas. La dedicatoria les entusiasmaba. Además, claro, hay otra cosa: los críticos americanos veían la película limpiamente; es decir, para ellos era simplemente un tipo español que había hecho esa película con esos actores, más bien mayores. Y aquí, en cambio, tengo antecedentes penales. O sea, soy el Garci de la nostalgia, el de la asignatura pendiente; el otro es el Chanquete...; en fin, aquí no hay forma" (José Luis Garci).