lunes, 4 de diciembre de 2017

RETRATO DE FAMILIA

Tal como ocurriese en febrero pasado, cuando quedó al descubierto lo que la prensa calificó como ''los cimientos del teatro de 1912'' (¿seguro?), nuevos hallazgos han obligado a parar por segunda ocasión los trabajos de construcción del hotel de lujo proyectado donde se ubicaba el antiguo cine Serra, en el céntrico paseo de la Alameda de nuestra ciudad, reanudadas hace escasos días tras el paréntesis estival. Avisados por la propia empresa constructora, a primeras horas de la mañana de ayer se personaron en el lugar los titulares de los departamentos de Cultura y Patrimonio del Consell y del Ayuntamiento, seguidos de la cohorte de periodistas que les hacen las veces de claque. Ante la naturaleza del descubrimiento -en esta ocasión no se trataba de los pedruscos habituales, sino de piezas cinematográficas, muy probablemente desprendidas desde la pantalla a lo largo de tantos años de sesiones y luego olvidadas-, ambas Administraciones admitieron su incapacidad para valorar la relevancia de lo encontrado. El conseller se disculpó afirmando que la máxima institución insular dispone de técnicos en todas las materias excepto en cine. (Pues claro. De haber tenido un crítico entre el funcionariado, este les habría ilustrado acerca de la existencia de la película Los hombres que miraban fijamente a las cabras, y el asunto de las chivas del Vedrá hubiera acabado de manera más higiénica y no en un remake del paso del Séptimo de Caballería por el poblado sioux de Wounded Knee en diciembre de 1890).

A instancias del que pareció significarse como portavoz del grupo de jubilados que diariamente siguen las obras a pie de calle -un anciano de 55 años, antiguo empleado de banca, con notable capacidad de inventiva todavía- se convocó al (por decirlo a la manera de Smilja Mihailovitch) ''más decano'' de los críticos locales. Llegado desde su domicilio conyugal en Puig des Molins/Beverly Hills, donde ultima la revisión de las galeradas del que será su próximo libro, El influjo del séptimo arte en el pensamiento de los clásicos griegos, Toni Roca no dudo en datar los vestigios encontrados como ''pertenecientes la gran mayoría a la época en que en las películas todo estaba bien hecho''. Que situó entre ''el 28 de diciembre de 1895, festividad de los santos Auguste y Louis Lumière, y finales de la década de los ochenta del siglo XX''. Una herradura del caballo de Tom Mix; rastros de brillantina de Grease (algunos sostenían que de la sustancia que Cameron Diaz se ponía en su rubísimo pelo en Algo pasa con Mary); el picahielos de Sharon Stone en Instinto básico; la gorra del coronel Buttiglione; los postizos de la princesa Leia en La guerra de las galaxias (¿o eran tan solo un par de simples ensaimadas?); siete pelos del negrísimo bigote de Lando Buzzanca, divertido protagonista de aquellas simpáticamente chabacanas comedias seudoeróticas italianas alimento de espectadores adolescentes de los años setenta; un paquete de cotufas que milagrosamente mantenían aún su repugnante hedor... Un sinnúmero de objetos, en fin, recuperados con infinita paciencia y extrema delicadeza por un grupo de voluntarios de Cinéfilos Sin Fronteras. Más difícil de conservar, por su precario estado, será una muestra de las ilusiones que tantas generaciones de ibicencos depositaron en algún momento de sus vidas en las diferentes actividades –no solo cinematográficas, también teatrales, políticas, festivas…- celebradas en el viejo teatro-cine a lo largo de sus 102 años de historia. Clausurados el 2 de noviembre de 2014 (Día de los Fieles Difuntos, vaya por Dios) con poco ruido y todavía menos nueces de lo que la ocasión requería, justo es reprobarlo (y hasta reprocharlo).

Ajeno a la emoción del momento vivida por los presentes, un representante de la empresa propietaria del futuro (o no) alojamiento hotelero no se cansaba de explicar orgulloso a quien quisiera escucharle que el establecimiento promovido era ''de cinco estrellas''. Pocas, comparadas con las que en su época dorada llegó a tener la Metro-Goldwyn-Mayer (de tener más que en el cielo, se vanagloriaba el estudio de Louis B. Mayer). Justo a su lado, a petición de unos turistas rusos interesados en llevarse a casa un souvenir típico, los políticos improvisaron una rueda de prensa, inmortalizada por los guiris con sus teléfonos de última generación y recibida con risotadas por el público residente cada vez que era pronunciada la palabra ''espai'' (convertida en infalible detector de impostores). Nadie movió una ceja, sin embargo, al escucharse los desgarradores gritos de una anciana que, a poca distancia del gentío reunido y cuando regresaba de hacer la compra, fue arrollada por un ciclista que circulaba por donde no debía (en la ciudad de Ibiza tienen patente de corso y van por donde les sale del manillar ante la total apatía de la autoridad incompetente).

No muy lejos de allí, desde la privilegiada atalaya de su monumento, el general Vara de Rey observaba la berlanguiana secuencia con una irónica sonrisa y la paz interior que debe dar llevar muerto ciento diecinueve años. Cepillado él también por el ejército yanqui, por cierto.

lunes, 6 de noviembre de 2017

APUNTES DEL NATURAL (49)

INTOXICACIÓN. Aunque la telebasura se vista de Informe semanal (TVE1), Al rojo vivo (La Sexta) , La Sexta noche (La Sexta) o telediario, telebasura se queda.

ENMIENDA. Revisión de la gala de este año de los Oscar -que no la gala de los Oscar de este año- (gracias, san YouTube, sin ti no seríamos nada). Especial atención a la traca final. La gran metedura de pata de la confusión de sobres y la consecuencia de otorgarle en primera instancia el premio gordo a La la land para quitárselo minutos más tarde. ¿Debió Warren Beatty parar la cosa? ¿Hizo bien deduciendo que, como la cartulina del sobre era la de Emma Stone como mejor actriz, el Oscar seguramente debía ser para la cinta por ella coprotagonizada? En la imagen queda claro que el hombre en cuyas yemas de los dedos quería reencarnarse Woody Allen se quedó mudo, petrificado. Al contrario de lo escrito en su momento en estas mismas páginas virtuales, ni ''dedujo'' ni ''arriesgó'' en otra alternativa que no fuera pasarle la patata caliente a su compañera de presentación mostrándole la tarjeta dudosa. Faye Dunaway, ni corta ni perezosa, dijo lo primero que vio -el título del film- sin prestar atención a nada más. Pero en el apergaminado rostro de Beatty, curtido en una carrera corta como actor (solo 23 películas) pero vasta en cuanto a conquistas femeninas (incalculables), no podía disimularse su desconcierto y preocupación.

MACHACONES. Puedes ver las mismas películas de Cine de barrio durante un tiempo. Puedes ver algunas de las películas de Cine de barrio siempre. Pero no puedes estar viendo todas las mismas películas de Cine de barrio toda la vida.

AÑORANZA. Anoche soñé que el Cine Serra volvía a hacer películas. (Cerrado desde el 2 de noviembre de 2014, el edificio fue demolido hace unos meses para construir en su lugar un hotel de lujo). De repente todo estaba de nuevo en su sitio. Decenas de espectadores esperaban sonrientes en las galerías para entrar.

lunes, 9 de octubre de 2017

CON PORRAS Y A LO LOCO

Con motivo de la celebración de la jornada, primero de octubre, aniversario del nombramiento de Franco como jefe del Estado, en 1936, la televisión estrena el remake de Farenheit 451 -que incomprensiblemente iba a titularse inicialmente Picnic y llevar el subtítulo de Butifarrada-. Situada en un oscurantista futuro próximo en el que los bomberos en lugar de apagar fuegos queman libros porque la escritura y la lectura están prohibidos, la narración de Ray Bradbury ya había sido llevada anteriormente a la gran pantalla en 1966 por François Truffaut, en una adaptación del disgusto del autor de la novela matriz, que la consideraba ''falta de fluidez y energía'' y ''demasiado aséptica''. De la versión contemporánea no podría afirmar lo mismo, desde luego.

Dirigida por Mariano Rajoy, introduce una serie de novedades con respecto al original. Está rodada en color, sucede en la actualidad, y los bomberos son ahora policías nacionales y guardias civiles que persiguen urnas y papeletas de voto de un referéndum de autodeterminación considerado ilegal por el omnipotente Estado. Las escenas de acción son de un gran verismo y una violencia tal (ríanse ustedes de Los señores del acero o de Ravenous) que, es conveniente así advertirlo, puede herir la sensibilidad de las audiencias más impresionables. Por esta razón las televisiones españolas, no así la catalana ni las de otras latitudes, decidieron con muy buen criterio ofrecer un montaje un tanto descafeinado. Más artesano que artista, Rajoy demuestra pulso firme en los movimientos de masas de las secuencias de las batallas -se habla de hasta diez mil extras-, pero no logra evitar que el film se le vaya de las manos y derive impremeditadamente hacia la comedia, especialmente en las escenas de la organización e intendencia por parte de la resistencia, inevitablemente evocadoras de La kermesse heroica.

El director compareció en rueda de prensa una vez finalizada la emisión (sin derecho a preguntas, como a él le gusta). Las críticas negativas llegadas desde todos los rincones del mundo mundial menos de uno le obligaron a ello. Pero cometió un error de principiante. Adjetivar su película facilitó el trabajo de la crítica especializada. Como intenciones y resultados -lo visto en la pantalla- no concuerdan, solo cabe calificarla de fallida. Aunque no parece que ello vaya a afectar a su carrera (visto lo ocurrido con otro de sus estrepitosos fracasos, la superproducción Prestige, versión libre de Titanic ambientada en el mar de Galicia), apoyada en un tipo de espectador tan poco sofisticado como escasamente exigente.

La generalización de los comentarios adversos, con su presumible repercursión en los ingresos de taquilla, forzaron también a mostrarse televisivamente al productor ejecutivo. En una alocución que pareció exclusivamente destinada a los fans de su cine y no al espectador en general, Felipe de Borbón mostró su satisfacción con la ''proporcionalidad y profesionalidad'' del trabajo de Rajoy, justificando la dureza de las imágenes en el argumento. Porque lo exige el guion, vaya.

lunes, 4 de septiembre de 2017

APUNTES DEL NATURAL (48)

REPULSIÓN. Admitió haber mantenido relaciones sexuales con una menor para no ser acusado de violación -entre otras cuatro cositas más graves-, acuerdo con la Fiscalía mediante. (13 años ella; él tenía 43. En 1977. En la casa de Jack Nicholson en Mulholland Drive, en Los Ángeles, en su ausencia). Fue detenido y juzgado. Aplazada la sentencia final a la espera del resultado de los informes psiquiátricos solicitados, fue provisionalmente condenado a noventa días de prisión tras los cuales quedó en libertad. Y la víspera de conocerse el veredicto se fugó a Europa. Cada vez que surge algún asunto directa o indirectamente relacionado todavía con el asunto, sus defensores insisten en aquello de que el director francés ''ya ha pagado''. No se sabe si se refieren al perjuicio económico/profesional/artístico por no haber podido pisar suelo estadounidense desde entonces o al medio millón de dólares abonados muchos años más tarde a la víctima para que públicamente se manifestara partidaria del archivo del caso. Pero no haber tenido una vida fácil (judío, padeció el gueto de Cracovia y sus padres fueron llevados a campos de concentración nazis; su mujer embarazada de ocho meses fue asesinada por una pandilla de locos alucinados en 1969), o ser cineasta destacado y no fontanero anónimo, no le concede a Roman Polanski más derechos que al resto de mortales. Su deuda es con la Justicia norteamericana y con la sociedad en general. Y continúa pendiente.

CONSULTA. Esta noche he soñado con Bigote Arrocet. Doctor, ¿es grave?

MENÚ. Papas con arroz. Bonito con tomate. Cochifrito. Caldereta. Migas con chocolate. Cebolleta en vinagreta. Morteruelo. Lacón con grelos. Bacalao al pilpil y un poquito de perejil.

MUSA. ''Quand on s'est connus, quand on s'est reconnus, pourquoi se perdre de vue, se reperdre de vue? Quand on s'est retrouvés, quand on s'est réchauffés, pourquoi se séparer?...'' (Jeanne Moreau, 1928-2017).

lunes, 7 de agosto de 2017

ABRIR LOS OJOS 'VIENDO' PELÍCULAS EN LA RADIO

''La gente es capaz de ver cualquier cosa con tal de no escucharse a sí misma''. No sé si la sentencia televisiva es suya o pertenece al diálogo de alguna película, pero se la escucho a Gregorio Parra en una nueva pieza maestra del obligatorio (con frecuencia, a seguir en posición genuflexa) Videodrome (RNE3, sobremesa de los domingos). ''(Pos)verdad'' es una lección de radio y a la vez de periodismo, esta vez a cuenta de los mismos medios de comunicación de esta época de precariedad y verdades alternativas, de pocas noticias y muchas ocurrencias, rumores, trivialidad, inmediatez, confusión entre opinión e información... Tiempos tremendos predichos, y con qué clarividencia, por Network. Un mundo implacable en 1976 (guion original de Paddy Chayefsky). Aunque en su día el cronista Fernando Lara consideró que el método hiperbólico utilizado por el film ''conseguía destruir cualquier eficacia crítica'', el transcurrir de la vida ha transformado aquella exageración (consciente) hasta dejarla como el paisaje con el cual uno se encuentra a diario, considerado normal por ya familiar. Junto a los de la película de Sidney Lumet (sugestiva reflexión acerca del poder de los medios en cuanto portavoces de ideologías políticas y comerciales), fragmentos de La delgada línea roja, Matrix o Primera plana; textos de Shakespeare, Platón o Umberto Eco; y música que va desde Pink Floyd y las bandas sonoras de, otra vez, La delgada línea roja o Matrix a Mahler, J. S. Bach o Eric Satie, son algunos de los ingredientes con los que el dúo Gregorio Parra-Sandra Urdín (los Fred Astaire y Ginger Rogers de las ondas) han cocinado este sabroso plato para oídos radiofónicos exquisitos emitido el 2 de julio pasado y recuperable en la web de RTVE.

Hace poco un columnista del diario El País reivindicaba el derecho a gozar del cine, sin ningún tipo de complejo ni prejuicio, a través de las múltiples posibilidades que ofrecen hoy las nuevas tecnologías y sus infinitos aparatejos. Él mismo reconocía haber descubierto los clásicos en la pequeña pantalla de la tele y no en la grande de las salas comerciales (en aquellas ineludibles sesiones de tarde sabatinas de la monopólica televisión española en blanco y negro de los años sesenta y setenta, decía). Pero la propuesta de Videodrome es todavía más audaz. En su intención de explicar la realidad a través de la deconstrucción fílmica, prueba que el poder evocador de lo cinematográfico trasciende no solo sus lugares naturales de exhibición, sino incluso también la imagen.

lunes, 3 de julio de 2017

... SI LO EXIGE EL GUION

Falto del carisma de los héroes chandlerianos, Mike Hammer -hijo de Mickey Spillane- pasa por ser, de todas formas, el más duro de los detectives literario-cinematográfico-televisivos. Arquetípico, por supuesto. Individualista, arrogante, perdedor, escéptico, melancólico, siempre al límite de la ley... Stacy Keach encarnó al personaje en una serie -mediocre- que TVE1 estrenó en febrero de 1985. En su afán por recrear la atmósfera de los clásicos negros, la producción rozaba el ridículo en algunos detalles. Por ejemplo que Hammer llevara sombrero, una prenda ya extemporánea en los años ochenta del siglo XX, época en la que el serial se situabaOtro aspecto incomprensible, fuera de lugar, era la gran cantidad de mujeres esculturales, jóvenes veinteañeras con apariencia de modelo de catálogo de moda, talla XXXL de sujetador en escote generosísimo, ''púberes canéforas que corren a ofrendarle los reojos y el acanto'' -como escribió en su día el diario Abc- al cuarentón detective compuesto por el también protagonista de Fat city. Estos encuentros, casuales y fugaces, eran callejeros y sin venir a cuento argumental. Juegos de miradas atrevidas y nada más, pues cada uno seguía su camino sin detenerse. A mí me está ocurriendo algo parecido desde hace unas semanas, lo confieso. Últimamente me he topado accidentalmente con un par de sugestivas mozas con quienes he mantenido inhabituales desenvueltos intercambios oculares callejeros. Después, en un supermercado, una mujer -probablemente ecuatoriana; shorts y blusa diminutos- requirió mi ayuda en su búsqueda de la estantería de los champiñones. En otro súper, de una cadena distinta al anterior, otra muchacha me preguntó -en inglés- si el bote que había cogido era de pimienta. (Haberse cumplido la semana previa el cincuentenario del disco de portada más psicodélica de The Beatles me lo puso fácil: ''Black pepper'', le confirmé. Pero también le dije -en el idioma de Ringo Starr, of course- que ''mi Pimienta favorito era el sargento de la Banda del Club de Corazones Solitarios''. Sonrió). Además, una dependienta de una tienda de comestibles muy conocida me invitó a probar una cereza, ajena por supuesto a la connotación adquirida por la fruta desde Nueve semanas y media (qué iba a saber, si por edad podría ser nieta de Kim Basinger). ¿Me han cambiado los guionistas que escriben mi vida y no me han avisado?

lunes, 5 de junio de 2017

NO ES MAÍZ PARA VIEJOS

Suponen más ingresos a los cines que la propia recaudación de las entradas, por lo que no es de extrañar que en el vestíbulo ocupen lugar principal y hayan relegado a un segundo plano a posters y fotogramas de las películas. Y ''si dejamos de lado la mantequilla, el aceite, la sal y todos los aditivos que hacen que las palomitas tengan aquel sabor a cine tan peculiar, podríamos decir que el maíz, por si solo, es saludable. De hecho, tiene todos los beneficios que nos aporta un grano de trigo: un alto contenido en fibra, compuestos fenólicos, antioxidantes, vitaminas de complejo B, manganeso y magnesio. Con estos componentes, el maíz ayuda a regular el estreñimiento y mantiene el sistema digestivo saludable. Además, reduce el colesterol en la sangre y disminuye las enfermedades cardiovasculares, como la arteriosclerosis o los infartos de miocardio. Otro beneficio del maíz es que regula la emisión y la gestión del azúcar en la sangre y los niveles de insulina, de manera que es muy recomendado para personas diabéticas. Por si no fuera suficiente, el grano cuenta con una gran cantidad de polifenoles, unas sustancias con gran poder antioxidante encargadas de limpiar y eliminar los radicales libres, de manera que tiene propiedades antienvejecimiento y anticáncer. Y ya para terminar, un bol normal de palomitas contiene tan solo treinta calorías, cinco veces menos que la misma cantidad de patatas chips''.

Pero si son tan vitamínicas y su consumo es tan beneficioso para la salud como se dice en un artículo de la edición digital del diario Ara -de donde cito y traduzco del catalán-, ¿por qué no se encuentran las palomitas de maíz en las cartas de los restaurantes? ¿Por qué a Ferran Adrià (o a cualquier otro cocinero performer) no le ha dado por hacer con su deconstrucción un espectáculo de aquellos que suele para impresionar a ingenuos? ¿Por qué José Andrés no se las ofreció a Barack Obama ninguna de las veces que el entonces presidente de los EE. UU. acudió a su Minibar del número 855 de la calle E de Washington D. C.? ¿Por qué su distribución se circunscribe únicamente a las salas de cine, privando de manjar tan suculento al resto de ciudadanos del mundo no aficionados a las películas? ¿Por qué el espectador dominguero, principal comprador de la cosa, no siente la necesidad de comerlas fuera del ambiente del cinematógrafo? Y muy especialmente: ¿por qué los cines no perfuman con ambientador tras cada sesión para eliminar la nauseabunda pestilencia del producto?

lunes, 8 de mayo de 2017

EL ENTRETENIDO PASATIEMPO DE LA VERIFICACIÓN DE DATOS

''Es imposible ver esta película y no amar profundamente el periodismo'', escribe Màrius Carol en ''Una mañana en el Post'', uno de sus artículos de la segunda página de La Vanguardia (29/3/2017), dedicado al envangelizador viaje de Carles Puigdemont, presidente de la Cataluña de momento solo autonómica y periodista de profesión, por los EE. UU. y, más concretamente, al hecho de haber sido entrevistado por el prestigioso The Washington Post. (Fundado en 1877, sus rigurosas informaciones sobre los casos de los papeles del Pentágono -miles de páginas que evidenciaban las mentiras del Gobierno norteamericano sobre la guerra de Vietnam- y Watergate, a principios de la década de los setenta, convirtieron una publicación local sin especial relevancia en el diario más famoso de la historia, una referencia mundial de prensa independiente que no transige ante las presiones del poder). El film al que se refiere es Todos los hombres del presidente, naturalmente. Dice entender ''la sensación de mariposas en el estómago del presidente de la Generalitat al pisar las moquetas del edificio de granito del 1 de Franklin Square. En su redacción, Bob Woodward y Carl Bernstein, dos reporteros casi principiantes, vestidos con chaqueta de pana y corbata de punto, convirtieron una de tantas noticias de la sección de local en la investigación más importante de la historia del periodismo, que acabaría con la dimisión del presidente Richard Nixon''. Paren máquinas. La redacción donde Woodward y Bernstein (Robert Redford y Dustin Hoffman, en la ficción de Alan J. Pakula) escribieron sobre el Watergate estaba en el número 1150 de la calle 15 y no en la plaza Franklin, adonde el Post se mudó en diciembre de 2015, para una mejor adaptación a las nuevas exigencias del periodismo en la era digital. Y Màrius Carol debería saberlo. Porque Jordi Barbeta, corresponsal de La Vanguardia en la capital yanqui, escribió en su momento sobre el asunto de la mudanza (15/12/2015). Y un director debería preocuparse por leer lo publicado por su diario, aunque solo fuera por estar bien informado. Ben Bradlee seguro que lo hacía.

lunes, 3 de abril de 2017

APUNTES DEL NATURAL (47)

GREGARISMO. Hace unos pocos años The artist arrastró a los cines multitudes de espectadores ávidos de ver una película muda y en blanco y negro (¡y francesa!), algo a lo que en condiciones normales, es decir, sin el ruido de los Oscar, pocos se hubieran atrevido. Con La ciudad de las estrellas. La la land está ocurriendo lo mismo. Gracias al refrendo de la Academia de Hollywood y su consiguiente repercusión mediática -a pesar del batacazo final, seis premios son seis premios-, son legión quienes han sentido una repentina y nunca por ellos antes imaginada necesidad de revisar una cinta de un género, como es el musical, denostado, menospreciado, olvidado y considerado pasado de moda por el público contemporáneo.

PARADOJA. Mi fascinación por los viejos musicales de Fred Astaire o Gene Kelly es inversamente proporcional a mi destreza para el baile.

HOLLYWOOD: ''Bosque de acebos''.

LEGADO. La mayor parte de su longeva vida la había dedicado a ver películas. Por eso, al hacer su testamento vital se creyó moralmente obligado a, llegada la hora, donar su cuerpo a la ciencia. Concretamente a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas americana.

FILOSOFÍA. Yo soy yo y mi cinefilia.

CITA. ''Los Oscar son, ante todo, los premios que la industria de Hollywood concede a aquellas obras y a aquellas personas que mejor responden a sus intereses en un momento dado, que poseen un valor fundamentalmente comercial, de lanzamiento o consagración de unos productos determinados. Sacar a los Oscar de este enfoque es extrapolar su significado, otorgarles una relevancia que no va acorde con su carácter de mero indicativo industrial'' (Fernando Lara, revista Triunfo, 10/04/1976).

lunes, 6 de marzo de 2017

UN FINAL 'MADE IN HOLLYWOOD'

RADIO SHOW. El verbo siempre atropellado de la presentadora le lleva a inventarse subgéneros (de ''wéstern de deshaucio'' califica a uno de los films nominados); sin embargo, el especial de La script (Cadena SER) para tan señalada cita ha recuperado los niveles mínimos exigibles a fin de tener una idea, más o menos aproximada, más o menos fiable, de lo sucedido en el teatro Dolby. Aunque cortar antes de tiempo, pasados algunos minutos de las seis de la mañana, después de estar toda la noche al pie del cañón, habiéndose anunciado el premio gordo pero con el acto todavía por terminar, únicamente por no restar más minutaje a Hoy por hoy, el (escuchadísimo y, en cuanto a duración, desmesurado: seis horas y veinte diarias) magazine de información y entretenimiento, es un sinsentido periodístico. María Guerra justificará más tarde el corte ''porque los productores nunca dicen nada interesante''. ¿Lo es, acaso, esa información política (lo mismo un día tras otro: Trump, la corrupción política, el idependentismo catalán) para no poder esperar un cuarto de hora más? Lo cierto es que el programa concluyó con la prevista victoria de La ciudad de las estrellas. La la land; pero cuando el oyente-cinéfilo somnoliento, ya afeitado y desayunado, acudió a informarse de las primeras noticias y se encontró con otra película, Moonlight, de ganadora empezó a dudar de sus condiciones neurológicas. Dos opiniones elevaron el nivel de La script: 1) uno de los invitados sosteniendo que para ver la diversidad racial reflejada en el celuloide, tal y como se reclama a voz en grito, importa más la nominación de negros en las categorías de guionistas -proponedores de historias, argumentos, temas, miradas...- que en las de actores -meros intérpretes de los papeles-. Y 2) una joven asistente como público en el estudio de radio explicando que, según su punto de vista, el mensaje de La la land no prioriza la ambición por el éxito profesional por encima de la felicidad por la realización personal, ni viceversa; una reflexión expresada de improviso y, sorprendentemente para lo oído de habitual en profesionales de la cosa, de manera perfectamente estructurada.

HOST. De estilo natural; más de sonrisa que de carcajada; crítico pero sin hacer sangre; divertido sin pretender resultar gracioso. Jimmy Kimmel invitó al auditorio a ponerse en pie y ofrecer ''un aplauso totalmete inmerecido'' a la ''sobrevalorada'' Meryl Streep (convertida en madre espiritual del movimiento anti-Trump de Hollywood); y continuó con las bromas sobre Matt Damon acostumbradas, se ve, en su espacio de la cadena ABC (silenciando incluso su nombre -''Ben Affleck y acompañante''- cuando la en su día oscarizada pareja de guionistas de El indomable Will Hunting salió a presentar un premio). Ser un maestro de ceremonias participativo ayudó a dar ritmo a la gala.

LÍO. ¿Hizo bien Warren Beatty deduciendo (porque la cartulina era la del Oscar de Emma Stone como mejor actriz) que La la land era la triunfadora? ¿Debería haber parado la función y avisado del error? No era una decisión sencilla de tomar en tan escasos segundos. Se arriesgó en la alternativa que aunque fuera por casualidad podía salir bien y ocultar la equivocación y evitar, como final y fatalmente acabó ocurriendo, ver el escenario convertido en un remedo del camarote de los Hermanos Marx. No obstante, nada como el showbiz norteamericano para retroalimentarse incluso de sus fallos y, no les quepa duda, la gran metedura de pata será convenientemente rentabilizada en el guion del año próximo.

lunes, 6 de febrero de 2017

HAMBURGUESAS Y FIAMBRES

Vincent.- Well, in Amsterdam, you can buy beer in a movie theatre. And I don't mean in a paper cup either. They give you a glass of beer, like in a bar. In Paris, you can buy beer at McDonald's. Also, you know what they call a Quarter Pounder with cheese in Paris?

Jules.- They don't call it a Quarter Pounder with cheese?

Vincent.- No, they got the metric system there, they wouldn't know what the fuck a quarter pounder is.

Jules.- What'd they call it?

Vincent.- Royale with cheese.

Jules.- Royale with cheese. What'd they call a Big Mac?

Vincent.- Big Mac's a Big Mac, but they call it Le Big Mac.

Dicho por los personajes de John Travolta (Vincent Vega) y Samuel L. Jackson (Jules Winnfield) en su trayecto hacia un ajuste de cuentas que, cita bíblica mediante (Ezequiel 25, 17: ''And I will strike down upon thee with great vengeance and furious anger...''), acaba en escabechina sangrienta, este recordado diálogo de Pulp fiction no existiría -o habría sido diferente- si a alguien como Michael James Delligatti no le hubiera dado el 22 de abril de 1967 por añadir en el menú de la franquicia de McDonald's que dirigía en Uniontown (Pensilvania) un sandwich con doble de carne de ternera, lechuga, queso, cebolla, doble panecillo con sésamo y salsa especial. La novedad tuvo una aceptación que en adelante se reflejaría de manera exponencial en la facturación. A pesar de ello la empresa matriz no incorporó su hamburguesa, el Big Mac, en todos los establecimientos de la cadena hasta casi dos años después. Hoy es uno de los platos más conocidos, publicitados y zampados. Delligati, veterano de la Segunda Guerra Mundial, y que durante sesenta años también tuvo su propia empresa familiar de restaurantes en Pittsburg, falleció el pasado 30 de noviembre a la edad de 98 años.

lunes, 2 de enero de 2017

SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARÍS (TEXAS)

Como gofres –belgas, claro- desde Blue in the face, aquel refrescante epílogo de Smoke codigirido por Wayne Wang y Paul Auster, porque eran uno de los temas de conversación del estanco de Auggie. Y últimamente he cambiado los quesitos de El Caserío, los de toda la vida en casa, por La Vaca Que Ríe. Simplemente porque en la eternamente conmovedora París, Texas, esa versión libre de Centauros del desierto (sucede, al menos en una mínima parte, en Texas; la protagoniza un antihéroe solitario que tras varios años sin saberse de él reaparece para cumplir una misión, cumplida la cual volverá a marcharse, errante...) filmada por Wim Wenders (el, como diría el tópico, más americano de los directores alemanes: Alicia en las ciudades, El amigo americano, El hombre de Chinatown), el pequeño Hunter le reconoce a su recuperado padre, cuando se los da a probar, que son los que comen siempre en su casa adoptiva de los últimos cuatro años (''Anne puts in lunch everyday''). Me comporto según veo en las películas. No tengo criterio propio. Es más descansado que tener que pensar por uno mismo. Y en cuanto a opiniones políticas, siempre la línea editorial de El País. Eso sí, no me creo que los contenidos del diario (lo publicado -o dejado de publicar-, su tratamiento y en qué página se coloca) los decida libremente el director, tal como le escucho asegurar una y otra vez a Juan Luis Cebrián (presidente ejecutivo del grupo PRISA; poder fáctico en sí mismo; especie de Darth Vader del periodismo, para algunos), de gira por los medios (A vivir, que son dos días -Cadena SER-; Salvados -La Sexta-; Más de uno -Onda Cero-, rifirrafes con Jordi ÉvoleCarlos Alsina, respectivamenteincluidos) para promocionar su libro de memorias Primera página. Vida de un periodista. 1944-1988. No me trago que no meta mano en el periódico, atendiendo a las presiones e intereses del sector político-económico (las innegables campañas para desvanecer el efecto Pablo Iglesias/Podemos o descabezar a Pedro Sánchez del liderazgo del PSOE y así evitar las terceras elecciones, por ejemplo). No tengo criterio propio, pero no soy ingenuo.