''La gente es capaz de ver cualquier cosa con tal de no escucharse a sí misma''. No sé si la sentencia televisiva es suya o pertenece al diálogo de alguna película, pero se la escucho a Gregorio Parra en una nueva pieza maestra del obligatorio (con frecuencia, a seguir en posición genuflexa) Videodrome (RNE3, sobremesa de los domingos). ''(Pos)verdad'' es una lección de radio y a la vez de periodismo, esta vez a cuenta de los mismos medios de comunicación de esta época de precariedad y verdades alternativas, de pocas noticias y muchas ocurrencias, rumores, trivialidad, inmediatez, confusión entre opinión e información... Tiempos tremendos predichos, y con qué clarividencia, por Network. Un mundo implacable en 1976 (guion original de Paddy Chayefsky). Aunque en su día el cronista Fernando Lara consideró que el método hiperbólico utilizado por el film ''conseguía destruir cualquier eficacia crítica'', el transcurrir de la vida ha transformado aquella exageración (consciente) hasta dejarla como el paisaje con el cual uno se encuentra a diario, considerado normal por ya familiar. Junto a los de la película de Sidney Lumet (sugestiva reflexión acerca del poder de los medios en cuanto portavoces de ideologías políticas y comerciales), fragmentos de La delgada línea roja, Matrix o Primera plana; textos de Shakespeare, Platón o Umberto Eco; y música que va desde Pink Floyd y las bandas sonoras de, otra vez, La delgada línea roja o Matrix a Mahler, J. S. Bach o Eric Satie, son algunos de los ingredientes con los que el dúo Gregorio Parra-Sandra Urdín (los Fred Astaire y Ginger Rogers de las ondas) han cocinado este sabroso plato para oídos radiofónicos exquisitos emitido el 2 de julio pasado y recuperable en la web de RTVE.
Hace poco un columnista del diario El País reivindicaba el derecho a gozar del cine, sin ningún tipo de complejo ni prejuicio, a través de las múltiples posibilidades que ofrecen hoy las nuevas tecnologías y sus infinitos aparatejos. Él mismo reconocía haber descubierto los clásicos en la pequeña pantalla de la tele y no en la grande de las salas comerciales (en aquellas ineludibles sesiones de tarde sabatinas de la monopólica televisión española en blanco y negro de los años sesenta y setenta, decía). Pero la propuesta de Videodrome es todavía más audaz. En su intención de explicar la realidad a través de la deconstrucción fílmica, prueba que el poder evocador de lo cinematográfico trasciende no solo sus lugares naturales de exhibición, sino incluso también la imagen.