(Clash by night)
EE. UU. 1952
Dir.: Fritz Lang
Int.: Barbara Stanwyck, Paul Douglas, Robert Ryan, Marilyn Monroe
Una mujer regresa a su pueblo natal -de donde salió años atrás cargada de ambiciones después no colmadas- resignada a hallar la estabilidad en su vida a través de un matrimonio en el que no cree con un viejo amigo al que será infiel.
Notable melodrama de Fritz Lang. Muy bien interpretado. Y con una incipiente pero ya esplendorosa Marilyn Monroe prefigurando, con afirmaciones como "los diamantes me hacen ser puntual", sus futuros personajes de Como casarse con un millonario y Los caballeros las prefieren rubias.
viernes, 26 de enero de 2007
jueves, 25 de enero de 2007
'UNA CASA DE LOCOS'
(L'auberge espagnole)
Francia-España. 2002
Dir.: Cédric Klapisch
Int.: Romain Duris, Judith Godrèche, Cécile de France, Audrey Tautou
La aldea global simbolizada en un grupo de estudiantes de Erasmus que comparten un babeliano piso en Barcelona (el albergue español del título original), en una comedia simpática, sin sentido fuera de la V. O., superficialmente evocadora de los años universitarios, y cuyos defectos adolecidos por su condición de europudding quedan camuflados al coincidir con las características que probablemente ha de tener una película con el argumento de ésta.
Breves apariciones de Cristina Brondo y de una flamenca Paulina Gálvez.
Francia-España. 2002
Dir.: Cédric Klapisch
Int.: Romain Duris, Judith Godrèche, Cécile de France, Audrey Tautou
La aldea global simbolizada en un grupo de estudiantes de Erasmus que comparten un babeliano piso en Barcelona (el albergue español del título original), en una comedia simpática, sin sentido fuera de la V. O., superficialmente evocadora de los años universitarios, y cuyos defectos adolecidos por su condición de europudding quedan camuflados al coincidir con las características que probablemente ha de tener una película con el argumento de ésta.
Breves apariciones de Cristina Brondo y de una flamenca Paulina Gálvez.
miércoles, 24 de enero de 2007
'LET'S FACE THE MUSIC AND DANCE'
(Película: Sigamos la flota)
Letra y música: Irving Berlin
There may be trouble ahead,
but while there's music and moonlight and love and romance,
let's face the music and dance.
Before the fiddlers have fled,
before they ask us to pay the bill
and while we still have that chance,
let's face the music and dance.
Soon, we'll be without the moon,
humming a different tune, and then...
There may be teardrops to shed,
so while there's music and moonlight and love and romance,
let's face the music and dance.
Letra y música: Irving Berlin
There may be trouble ahead,
but while there's music and moonlight and love and romance,
let's face the music and dance.
Before the fiddlers have fled,
before they ask us to pay the bill
and while we still have that chance,
let's face the music and dance.
Soon, we'll be without the moon,
humming a different tune, and then...
There may be teardrops to shed,
so while there's music and moonlight and love and romance,
let's face the music and dance.
martes, 23 de enero de 2007
MOTIVO DE HONDA SATISFACCIÓN
Escucho y reescucho la extensa entrevista de Juan Pablo Silvestre a Françoise Hardy en el ecléctico Mundo babel (RNE3, domingos por la mañana). La cantante de ''Touts les garçons et les filles'' ha publicado, a sus casi 63 años, un disco de duets, Parenthèses, en el que canta con (su) Jacques Dutronc, Alain Delon, Henri Salvador o ¡Julio Iglesias!, entre otros. Echo en falta música francesa e italiana en una radio española excesivamente anglosajonada. Aunque no viví el tiempo de su máximo esplendor artístico (principalmente en los sesenta), siete años en la Alliance Française me afranchutaron sin demasiada oposición por mi parte y con posterioridad sí le he ido siguiendo más o menos la pista. La Hardy conserva su bonita voz y sus melódicas canciones son un regalo para el oído. Habla relajada y reflexiona serenamente sobre el efecto del paso del tiempo en su carrera y su vida.
Zapeo por IB3 TV y la TEF, y escucho barbaridades lingüísticas (dicen ''Nitbona'' y ''Nitvella'', en lugar de ''nit de Nadal'' y ''nit de Cap d'Any''. Otro error que cometen habitualmente es utilizar el adjetivo catalán ''mateix'' como substantivo), producto de pretender hablar un idioma traduciéndolo literalmente de otro. Desde mi sofá les correspondo: "¡Muchos años y buenos!".
Hago el para mí insólito gesto de mirar el mensaje de Navidad del jefe del Estado. Constato que el cargo todavía lo ocupa la misma persona que Franco tuvo a bien nombrar como su sucesor en la Tierra. Atado y bien atado. La noche que más interés he tenido en escuchar al Rey, la del 23 de febrero de 1981, tardó demasiado en dejarse ver y, cansado de esperarle, me fui al cine. ¡Qué noche la de aquel lunes! Woody Allen tocando el clarinete en Nueva York, la Guardia Civil zancadilleando en el Parlamento, los tanques del Ejército desfilando bajo la luna de Valencia, un ''elefante blanco'' suelto que no se dejó cazar... y un puñado de valientes (¿he dicho inconscientes?) en el Cine Serra para ver -en familia- Escenas de caza en la Baja Baviera. De vuelta a casa, en la tele se sucedían los documentales sobre la apasionante vida sexual de los rinocerontes y el largometraje La princesa y el pirata, dos auténticos clásicos de las noches de golpe de Estado. ¿Y el Rey? Bien, gracias.
En Nochebuena Juan Carlos aparece solo -sentado, piernas cruzadas-, con un barroco belén de pocas pero enormes figuras a su izquierda, y una bandera española y una fotografía -en la que no acierto a ver con quien se saluda- a su derecha. Está excesivamente maquillado. Acompaña moviendo las manos los pasajes donde quiere poner énfasis. De toda su alocución lo que más me interesa es su corbata de color ¿fucsia? Lleva un ostentoso anillo en el dedo meñique de la mano izquierda pero no alianza de casado. ¿Por qué?
Paso lista y verifico si todas las cadenas se han contectado. Lo sigo a través de TV3 para no sobresaltarme con la Marcha de granaderos, el himno nacional del Imperio. Pienso -parece una idea lógica- que podría hacer el discurso en cada una de las lenguas españolas. Acto seguido me despierto del profundo sueño. Concluyo que lo bueno del mensaje real navideño es su brevedad y la ausencia de anuncios. Me despido de él hasta el año próximo, si Dios quiere y la III República no lo remedia.
Zapeo por IB3 TV y la TEF, y escucho barbaridades lingüísticas (dicen ''Nitbona'' y ''Nitvella'', en lugar de ''nit de Nadal'' y ''nit de Cap d'Any''. Otro error que cometen habitualmente es utilizar el adjetivo catalán ''mateix'' como substantivo), producto de pretender hablar un idioma traduciéndolo literalmente de otro. Desde mi sofá les correspondo: "¡Muchos años y buenos!".
Hago el para mí insólito gesto de mirar el mensaje de Navidad del jefe del Estado. Constato que el cargo todavía lo ocupa la misma persona que Franco tuvo a bien nombrar como su sucesor en la Tierra. Atado y bien atado. La noche que más interés he tenido en escuchar al Rey, la del 23 de febrero de 1981, tardó demasiado en dejarse ver y, cansado de esperarle, me fui al cine. ¡Qué noche la de aquel lunes! Woody Allen tocando el clarinete en Nueva York, la Guardia Civil zancadilleando en el Parlamento, los tanques del Ejército desfilando bajo la luna de Valencia, un ''elefante blanco'' suelto que no se dejó cazar... y un puñado de valientes (¿he dicho inconscientes?) en el Cine Serra para ver -en familia- Escenas de caza en la Baja Baviera. De vuelta a casa, en la tele se sucedían los documentales sobre la apasionante vida sexual de los rinocerontes y el largometraje La princesa y el pirata, dos auténticos clásicos de las noches de golpe de Estado. ¿Y el Rey? Bien, gracias.
En Nochebuena Juan Carlos aparece solo -sentado, piernas cruzadas-, con un barroco belén de pocas pero enormes figuras a su izquierda, y una bandera española y una fotografía -en la que no acierto a ver con quien se saluda- a su derecha. Está excesivamente maquillado. Acompaña moviendo las manos los pasajes donde quiere poner énfasis. De toda su alocución lo que más me interesa es su corbata de color ¿fucsia? Lleva un ostentoso anillo en el dedo meñique de la mano izquierda pero no alianza de casado. ¿Por qué?
Paso lista y verifico si todas las cadenas se han contectado. Lo sigo a través de TV3 para no sobresaltarme con la Marcha de granaderos, el himno nacional del Imperio. Pienso -parece una idea lógica- que podría hacer el discurso en cada una de las lenguas españolas. Acto seguido me despierto del profundo sueño. Concluyo que lo bueno del mensaje real navideño es su brevedad y la ausencia de anuncios. Me despido de él hasta el año próximo, si Dios quiere y la III República no lo remedia.
TOMAR LAS AGUAS EN CASABLANCA
El pasado 17 de diciembre, el imprescindible programa de radio Voces con swing (RNE1, madrugada de los domingos) rememoró el sexagésimo aniversario del tardío estreno en España de Casablanca. Y lo hizo, como es habitual en el rítmico espacio de José Luis Rubio, de manera muy bien documentada musicalmente y con la autoridad que da al presentador dominar el material manejado.
A pesar de -o quizá gracias a- haber sido edificada sobre inconvenientes (fue un proyecto arrancado con escepticismo, los actores no eran los inicialmente previstos, el guión se reescribió continuamente durante el rodaje...), Casablanca es una película que ha logrado superar todas las pruebas del algodón del paso del tiempo. Tal vez porque trata de historias de ayer, de hoy y de siempre, es un film que conserva intacta toda su capacidad de emocionar. Escenas como la de La marsellesa o todas las compartidas por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman continúan poniendo la gallina de piel.
Bogart, ¡qué actor! Un ligero rictus facial y era capaz de expresar todo. El que mejor ha hablado por teléfono en la historia del cine. Y de los pocos privilegiados a los que basta sólo con el apellido para referirse a ellos. Aunque en vida ya era considerado una gran estrella, no fue hasta los años setenta del siglo pasado -en buena parte debido a Woody Allen y Sueños de seductor- cuando se cimentó el mito Bogie, con su personaje convertido en modelo clásico tantas veces imitado pero nunca igualado. A principios de esa misma década TVE1 le dedicó un ciclo con sus películas fundamentales titulado, si la memoria no me falla, ''Su nombre es Bogart''. Ese fue el comienzo de una gran amistad cinematográfica no defraudada después jamás por ninguno de los dos.
Obviamente, Casablanca no era el mejor sitio para ir a tomar las aguas. Pero la reunión de una larga lista de actores excelentes y de variadas nacionalidades (estadounidenses, suecas, húngaros, británicos, alemanes, austriacos) contribuyó a conferir a la obra maestra del artesano Michael Curtiz la atmósfera cosmopolita y de provisionalidad que requería la ciudad norteafricana (neutral y lugar de paso durante la II Guerra Mundial) recreada en estudios hollywoodenses. Y si como decía la publicidad nunca hubo una mujer como Gilda, tampoco ha habido otra película como Casablanca, con semejante repertorio de extraordinarios diálogos. Entre los cuales, por cierto, la frase "Play it again, Sam" nunca se dice. Ni por Ilsa ("Play it, Sam. Play 'As time goes by'"), ni por Rick ("Play it").
A pesar de -o quizá gracias a- haber sido edificada sobre inconvenientes (fue un proyecto arrancado con escepticismo, los actores no eran los inicialmente previstos, el guión se reescribió continuamente durante el rodaje...), Casablanca es una película que ha logrado superar todas las pruebas del algodón del paso del tiempo. Tal vez porque trata de historias de ayer, de hoy y de siempre, es un film que conserva intacta toda su capacidad de emocionar. Escenas como la de La marsellesa o todas las compartidas por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman continúan poniendo la gallina de piel.
Bogart, ¡qué actor! Un ligero rictus facial y era capaz de expresar todo. El que mejor ha hablado por teléfono en la historia del cine. Y de los pocos privilegiados a los que basta sólo con el apellido para referirse a ellos. Aunque en vida ya era considerado una gran estrella, no fue hasta los años setenta del siglo pasado -en buena parte debido a Woody Allen y Sueños de seductor- cuando se cimentó el mito Bogie, con su personaje convertido en modelo clásico tantas veces imitado pero nunca igualado. A principios de esa misma década TVE1 le dedicó un ciclo con sus películas fundamentales titulado, si la memoria no me falla, ''Su nombre es Bogart''. Ese fue el comienzo de una gran amistad cinematográfica no defraudada después jamás por ninguno de los dos.
Obviamente, Casablanca no era el mejor sitio para ir a tomar las aguas. Pero la reunión de una larga lista de actores excelentes y de variadas nacionalidades (estadounidenses, suecas, húngaros, británicos, alemanes, austriacos) contribuyó a conferir a la obra maestra del artesano Michael Curtiz la atmósfera cosmopolita y de provisionalidad que requería la ciudad norteafricana (neutral y lugar de paso durante la II Guerra Mundial) recreada en estudios hollywoodenses. Y si como decía la publicidad nunca hubo una mujer como Gilda, tampoco ha habido otra película como Casablanca, con semejante repertorio de extraordinarios diálogos. Entre los cuales, por cierto, la frase "Play it again, Sam" nunca se dice. Ni por Ilsa ("Play it, Sam. Play 'As time goes by'"), ni por Rick ("Play it").
lunes, 22 de enero de 2007
'SMOOCHY'
(Death to Smoochy)
EE. UU.-Gran Bretaña-Alemania. 2002
Dir.: Danny DeVito
Int.: Robin Williams, Edward Norton, Catherine Keener, Danny DeVito
En paralelo a su carrera de actor Danny DeVito ha desarrollado otra mucho más interesante como productor o director (Tira a mamá del tren, La guerra de los Rose, Matilda), casi siempre de punzantes comedias de humor negro que lo evidencian como un cineasta con inquietudes.
Detrás de la falsa apariencia de película infantil, Smoochy es una tan divertida como corrosiva sátira sobre el lado oscuro de los programas de televisión para niños y los incontables intereses económicos que los sobrevuelan, a partir de la historia de un presentador estrella (Robin Williams) que, acusado de aceptar sobornos, es sustituido por un joven ingenuo e idealista (el siempre estupendo Edward Norton, irresistible en cualquier tipo de papel).
Para Danny DeVito (de quien hoy pocos recuerdan fue uno de los locos de Alguien voló sobre el nido del cuco), televisión + programación infantil + merchandising = cruce entre Uno de los nuestros y El padrino, a cuya escena final en la ópera, de su parte tercera, Smoochy homenajea de forma nada inocente.
En un registro muy diferente al acostumbrado, una sorprendente Catherine Keener.
EE. UU.-Gran Bretaña-Alemania. 2002
Dir.: Danny DeVito
Int.: Robin Williams, Edward Norton, Catherine Keener, Danny DeVito
En paralelo a su carrera de actor Danny DeVito ha desarrollado otra mucho más interesante como productor o director (Tira a mamá del tren, La guerra de los Rose, Matilda), casi siempre de punzantes comedias de humor negro que lo evidencian como un cineasta con inquietudes.
Detrás de la falsa apariencia de película infantil, Smoochy es una tan divertida como corrosiva sátira sobre el lado oscuro de los programas de televisión para niños y los incontables intereses económicos que los sobrevuelan, a partir de la historia de un presentador estrella (Robin Williams) que, acusado de aceptar sobornos, es sustituido por un joven ingenuo e idealista (el siempre estupendo Edward Norton, irresistible en cualquier tipo de papel).
Para Danny DeVito (de quien hoy pocos recuerdan fue uno de los locos de Alguien voló sobre el nido del cuco), televisión + programación infantil + merchandising = cruce entre Uno de los nuestros y El padrino, a cuya escena final en la ópera, de su parte tercera, Smoochy homenajea de forma nada inocente.
En un registro muy diferente al acostumbrado, una sorprendente Catherine Keener.
viernes, 19 de enero de 2007
EMMANUELLE Y EL GATO SOBRE EL TEJADO DE ZINC CALIENTE (Clasificada S)
Una canción de Carla Bruni (''Le plus beau du quartier'', de su primer disco, Quelqu'un m'a dit) me despierta de la modorra en la cual estaba sumido delante de la caja tonta, no sé si viendo algún reportaje de investigación del Tomate o a Mercedes Milá practicando la lucha libre contra dos grandeshermanos que no le son excesivamente simpáticos (por cuestionar la im/parcialidad del concurso, debe ser). La voz de la ex modelo y cantante turinesa me hace fijar en Emmanuelle Béart, en coulotte et soutien gorge en uno de los anuncios de lencería de la firma H&M, retomadas las llamativas campañas navideñas, interrumpidas en 2003 tras ser tachadas -en su propio país- de "sexistas", quema de carteles publicitarios incluida.
El anuncio -sofisticado- presenta a la actriz francesa en un cálido ambiente hogareño vistiendo un sujetador push-up, unas bragas de talle bajo con encaje y un kimono con estampado floral. Está acompañada de un gato. No acabo de convencerme de que el cuerpo visto sea el suyo auténtico; es decir, aquel curvilíneo que la hoy ya cuarentona (St. Tropez, 14/8/1963, ¿ó 1965?) enseñó con eternamente agradecida generosidad en La bella mentirosa (1991). Además de los retoques digitales de la imagen, temo y sospecho el alicatado de su atractiva cara de pato, mezcla a partes iguales de inocencia y pecado. Sujetadores a 14,90 euros, dice la publicidad. Busco corriendo un convertidor de moneda, porque todavía cuento en pesetas, y a dos mil quinientas cada uno me dan ganas de bajar y comprarme un kilo, pero me acuerdo a tiempo que nunca he tenido necesidad de utilizar sostenes, ni tan siquiera cuando era adolescente. Algo tendrá a ver en ello el hecho de emplear el género masculino en la primera persona del singular al escribir, supongo.
Pero la campaña de la nueva colección de lencería no ha complacido a los guardianes de la moral y las buenas costumbres, camuflados ahora bajo el disfraz de combativas luchadoras contra la utilización de la imagen de la mujer como objeto sexual, por lo que la sección sueca de la Santa Inquisición ha señalado con el dedo acusador a H&M y a la belle noiseuse para ser sacrificadas en la hoguera esta Navidad. La presidenta de Iniciativa Feminista -un partido político sin representación parlamentaria- ha criticado a la Béart por ir en ropa interior en un anuncio de ídem calificado además de "porno light", reprendido a Hennes and Mauritz por ser una "fábrica de pornografía", y puesto especial énfasis en la presencia del minino. Ummm...
Asustado por los pensamientos que a raíz de las advertencias de la política sueca me revolucionan la mente y otros órganos, le hago un guiño a Georges Brassens y tarareo ''Brave Margot''. Después, para relajarme, me pongo el nuevo disco de la Bruni (No promises, cantado totalmente en inglés). Y con el fraseo de la italiana... vaya si me pongo. Muy avergonzado, dudo si mirar alguna película de Bergman para sentirme culpable o entregarme a las feministas suecas como prisionero de guerra e invocando la Convención de Ginebra.
El anuncio -sofisticado- presenta a la actriz francesa en un cálido ambiente hogareño vistiendo un sujetador push-up, unas bragas de talle bajo con encaje y un kimono con estampado floral. Está acompañada de un gato. No acabo de convencerme de que el cuerpo visto sea el suyo auténtico; es decir, aquel curvilíneo que la hoy ya cuarentona (St. Tropez, 14/8/1963, ¿ó 1965?) enseñó con eternamente agradecida generosidad en La bella mentirosa (1991). Además de los retoques digitales de la imagen, temo y sospecho el alicatado de su atractiva cara de pato, mezcla a partes iguales de inocencia y pecado. Sujetadores a 14,90 euros, dice la publicidad. Busco corriendo un convertidor de moneda, porque todavía cuento en pesetas, y a dos mil quinientas cada uno me dan ganas de bajar y comprarme un kilo, pero me acuerdo a tiempo que nunca he tenido necesidad de utilizar sostenes, ni tan siquiera cuando era adolescente. Algo tendrá a ver en ello el hecho de emplear el género masculino en la primera persona del singular al escribir, supongo.
Pero la campaña de la nueva colección de lencería no ha complacido a los guardianes de la moral y las buenas costumbres, camuflados ahora bajo el disfraz de combativas luchadoras contra la utilización de la imagen de la mujer como objeto sexual, por lo que la sección sueca de la Santa Inquisición ha señalado con el dedo acusador a H&M y a la belle noiseuse para ser sacrificadas en la hoguera esta Navidad. La presidenta de Iniciativa Feminista -un partido político sin representación parlamentaria- ha criticado a la Béart por ir en ropa interior en un anuncio de ídem calificado además de "porno light", reprendido a Hennes and Mauritz por ser una "fábrica de pornografía", y puesto especial énfasis en la presencia del minino. Ummm...
Asustado por los pensamientos que a raíz de las advertencias de la política sueca me revolucionan la mente y otros órganos, le hago un guiño a Georges Brassens y tarareo ''Brave Margot''. Después, para relajarme, me pongo el nuevo disco de la Bruni (No promises, cantado totalmente en inglés). Y con el fraseo de la italiana... vaya si me pongo. Muy avergonzado, dudo si mirar alguna película de Bergman para sentirme culpable o entregarme a las feministas suecas como prisionero de guerra e invocando la Convención de Ginebra.
'EL MEXICANO'
(Once upon a time in Mexico)
EE. UU. 2003
Dir.: Robert Rodriguez
Int.: Antonio Banderas, Salma Hayek, Johnny Depp, Willem Dafoe, Mickey Rourke, Rubén Blades, Eva Mendes
Tercera entrega de la serie del pistolero de la guitarra (segunda protagonizada por Banderas, tras Desperado), definitivamente olvidada la modestia independiente de El mariachi, que con presupuesto irrisorio y actores sin nombre reveló en 1992 a un director que con el paso de las películas no ha acabado de confirmar las expectativas en él depositadas.
Trepidante cóctel de acción; violencia gratuita; humor gamberro; voluntariamente asumida debilidad argumental; homenajes a Tarantino, a Sergio Leone (no sólo en el título original), y autohomenajes, todo envuelto en una estética de tebeo fílmico de llamativo diseño de producción.
Extenso y lujoso reparto donde, por encima de todos, destaca Johnny Depp (extraño entre los extraños, como siempre) y, por motivos bien distintos, las presencias del casi irreconocible protagonista de Nueve semanas y media y del cantante de Miami Enrique Iglesias.
Guión, producción, dirección, fotografía, dirección artística y montaje de Robert Rodriguez, igualmente compositor de la música original de una banda sonora que contiene una conocida canción de Manu Chao.
EE. UU. 2003
Dir.: Robert Rodriguez
Int.: Antonio Banderas, Salma Hayek, Johnny Depp, Willem Dafoe, Mickey Rourke, Rubén Blades, Eva Mendes
Tercera entrega de la serie del pistolero de la guitarra (segunda protagonizada por Banderas, tras Desperado), definitivamente olvidada la modestia independiente de El mariachi, que con presupuesto irrisorio y actores sin nombre reveló en 1992 a un director que con el paso de las películas no ha acabado de confirmar las expectativas en él depositadas.
Trepidante cóctel de acción; violencia gratuita; humor gamberro; voluntariamente asumida debilidad argumental; homenajes a Tarantino, a Sergio Leone (no sólo en el título original), y autohomenajes, todo envuelto en una estética de tebeo fílmico de llamativo diseño de producción.
Extenso y lujoso reparto donde, por encima de todos, destaca Johnny Depp (extraño entre los extraños, como siempre) y, por motivos bien distintos, las presencias del casi irreconocible protagonista de Nueve semanas y media y del cantante de Miami Enrique Iglesias.
Guión, producción, dirección, fotografía, dirección artística y montaje de Robert Rodriguez, igualmente compositor de la música original de una banda sonora que contiene una conocida canción de Manu Chao.
GOLES DESDE LA LÍNEA DE 6,25
Que la prensa (aunque sea la del pequeño universo ibicenco) tiene una responsabilidad en lo que difunde lo tenemos -creo- todos claro. Y que cada uno es prisionero de sus palabras -dichas y/o escritas-, también. Propagar el mensaje, cuando solamente se llevaban tres jornadas del campeonato, de estar viendo "el mejor PDV de la historia" (¿quién no se cansó de escucharlo y leerlo en aquellas semanas?), por las tres primeras victorias consecutivas conseguidas por el equipo de Santa Eulalia, era, para empezar, una frivolidad que el tiempo se ha encargado de poner en su sitio. Si esto fuera el añorado ''Curso de ética periodística'' del anterior Caiga quien caiga, el titular propuesto sería: "El mejor arranque del PDV en sus temporadas en la Liga Femenina".
También choca leer en crónicas de baloncesto de nuestro provinciano y reaccionario mundo el adjetivo "goleador". ¿El PDV un equipo "goleador"? ¿Cuántos goles ha marcado Silvia Morales? ¿Alguno de cabeza? ¿Ganará el Pichichi esta temporada? ¿Un gol de Eto'o desde fuera del área es una canasta de tres? ¿Sancho Lyttle (me encanta el nombre, por cierto) es defensa, media o delantera? El basket, como los toros o la prensa del corazón, tiene su propia terminología. Y lo de "conversiones" suena más al tremendo cine religioso español de los años cuarenta (Balarrasa, Fray Escoba...) o a Garci que a baloncesto.
Sigo los partidos del PDV por la TEF. Debe ser la única hora del día que no hay mitin. Y me gustan sus retransmisiones por la escasez de medios. Cuántas más cámaras, peor. Lo de hace años en el Canal Plus era insoportable. Las inacabables repeticiones y los compulsivos cambios de plano dispersan y perjudican el seguimiento del juego; solamente complacen al espectador no aficionado. Por eso me pone los nervios nerviosos ese incomprensible y en exceso recurrido primer plano de la canasta esperando, solitaria, una pelota que la penetre (con perdón). ¡Qué poco da y cuánto quita esa imagen absurda al máximo cuando el balón no acaba de llegar a su destino por cualquier circunstancia!
La locución del partido la llevan nuevamente esta temporada Bernat Solà y Vicenç F. Pérez, y lo hacen bien. Y aunque no cantan, como sí hace Montes en La Sexta, a veces tardan todo un primer cuarto en darse cuenta que Laia Palau y Erika de Souza (sentadas en el banquillo) son en realidad Elisa Aguilar y Delisha Milton-Jones (jugando en la pista). Si acaso, pedirles rigor y coordinación a la hora de pronunciar correctamente el nombre del equipo: pedevé en catalán y pedeuve en la lengua de Isabel Pantoja y Julián Muñoz.
También choca leer en crónicas de baloncesto de nuestro provinciano y reaccionario mundo el adjetivo "goleador". ¿El PDV un equipo "goleador"? ¿Cuántos goles ha marcado Silvia Morales? ¿Alguno de cabeza? ¿Ganará el Pichichi esta temporada? ¿Un gol de Eto'o desde fuera del área es una canasta de tres? ¿Sancho Lyttle (me encanta el nombre, por cierto) es defensa, media o delantera? El basket, como los toros o la prensa del corazón, tiene su propia terminología. Y lo de "conversiones" suena más al tremendo cine religioso español de los años cuarenta (Balarrasa, Fray Escoba...) o a Garci que a baloncesto.
Sigo los partidos del PDV por la TEF. Debe ser la única hora del día que no hay mitin. Y me gustan sus retransmisiones por la escasez de medios. Cuántas más cámaras, peor. Lo de hace años en el Canal Plus era insoportable. Las inacabables repeticiones y los compulsivos cambios de plano dispersan y perjudican el seguimiento del juego; solamente complacen al espectador no aficionado. Por eso me pone los nervios nerviosos ese incomprensible y en exceso recurrido primer plano de la canasta esperando, solitaria, una pelota que la penetre (con perdón). ¡Qué poco da y cuánto quita esa imagen absurda al máximo cuando el balón no acaba de llegar a su destino por cualquier circunstancia!
La locución del partido la llevan nuevamente esta temporada Bernat Solà y Vicenç F. Pérez, y lo hacen bien. Y aunque no cantan, como sí hace Montes en La Sexta, a veces tardan todo un primer cuarto en darse cuenta que Laia Palau y Erika de Souza (sentadas en el banquillo) son en realidad Elisa Aguilar y Delisha Milton-Jones (jugando en la pista). Si acaso, pedirles rigor y coordinación a la hora de pronunciar correctamente el nombre del equipo: pedevé en catalán y pedeuve en la lengua de Isabel Pantoja y Julián Muñoz.
jueves, 18 de enero de 2007
'FUERA DEL CUERPO'
España. 2004
Dir. y gui.: Vicente Peñarrocha
Int. Gustavo Salmerón, José Coronado, Goya Toledo, Rocío Muñoz, Elia Galera
Comedia fantástica, fácil de relacionar con El show de Truman pero también con Atrapado en el tiempo, ya que el protagonista (un guardia civil que descubre ser un mero personaje de una película que se está rodando) entra y sale de la ficción-realidad para discutir con el director del film detalles del guión, intentando cambiar su suerte en la vida real.
Producción española atípica -opera prima de su realizador-, tiene en el buen trabajo de Gustavo Salmerón y en lo atractivo (nunca mejor dicho) de su reparto algunas de sus bazas.
Dir. y gui.: Vicente Peñarrocha
Int. Gustavo Salmerón, José Coronado, Goya Toledo, Rocío Muñoz, Elia Galera
Comedia fantástica, fácil de relacionar con El show de Truman pero también con Atrapado en el tiempo, ya que el protagonista (un guardia civil que descubre ser un mero personaje de una película que se está rodando) entra y sale de la ficción-realidad para discutir con el director del film detalles del guión, intentando cambiar su suerte en la vida real.
Producción española atípica -opera prima de su realizador-, tiene en el buen trabajo de Gustavo Salmerón y en lo atractivo (nunca mejor dicho) de su reparto algunas de sus bazas.
AGUA, TETERAS Y DRAGONES
Llevo varias semanas poniendo la mente en blanco e intentando imaginarme que soy una tetera. Ahora con agua, ahora sin agua... Pero no hay manera, oiga. ¿Quiere ello decir que el anuncio de un moderno vehículo motorizado de cuatro ruedas protagonizado por Bruce Lee no funciona? Todo lo contrario. El espectador queda hipnotizado cuando escucha las magnéticas palabras del antiguo héroe de las películas de kung-fu, cargadas de esa filosofía zen tan del gusto de la superficialidad occidental. Y al anuncio hay que reconocerle su mérito: ¡en blanco y negro y en V. O. S.! Todavía hoy dos de los anatemas de la cosa audiovisual de por aquí. De momento no se conoce que haya habido heridos.
¿Por qué no lo han coloreado y no se le ha doblado la voz como otras veces han hecho con George Clooney y Nicole Kidman, o Julie Christie cuando se bañaba con jabón Lux? Misterios de la publicidad y de las privilegiadas cabezas de sus creativos. ¿Creativos? Vamos a llamarles ladrones de cadáveres. Porque en este spot lo que se dice crear han creado poco. Rebuscar en archivos y tumbas. Reciclar, como se dice ahora. Y cobrar presumiblemente mucho: son creativos y tienen que comprarse muchas gafas de colores.
Me ha gustado, sin embargo, reencontrarme con Bruce Lee. Lo descubrí a mediados de los años setenta, cuando la serie Kung fu ya había puesto de moda las artes marciales y el interés por todo lo oriental. Para cuando vi Kárate a muerte en Bangkok, El furor del dragón, Operación Dragón, o la serie Longstreet en la tele (donde hacía de entrenador de James Franciscus y a uno de cuyos episodios he leído en algún sitio pertenece el texto citado por él de manera sobreactuada en ese fragmento de una entrevista televisiva ahora recuperada), el actor de Hong Kong nacido accidentalmente en San Francisco (California) ya había fallecido. Sucedió en 1973 y en circunstancias extrañas que lo emparentan directamente con Elvis, Marilyn o Paul McCartney (sí, han leído bien). Como ellos murió joven y dejó un bonito cadáver. Elvis no tanto, es cierto. Inmediatamente se convirtió en un mito. Y para revisarlo resulta muy interesante la película documental La leyenda de Bruce Lee, realizada en 1984 por el habitualmente productor Leonard Ho, que sigue toda su trayectoria desde su éxito como estrella infantil hasta su multitudinario funeral.
Mientras tanto, y aunque no entra en mis planes comprarme el coche, cada vez que pasan el anuncio por la tele me detengo en lo que estoy haciendo, miro nuevamente aquella cara que llevaba tantos años sin ver y, aunque el asunto de la tetera y el agua me resulta muy complicado de entender, pienso en el buen aspecto que teníamos cuando estábamos vivos.
¿Por qué no lo han coloreado y no se le ha doblado la voz como otras veces han hecho con George Clooney y Nicole Kidman, o Julie Christie cuando se bañaba con jabón Lux? Misterios de la publicidad y de las privilegiadas cabezas de sus creativos. ¿Creativos? Vamos a llamarles ladrones de cadáveres. Porque en este spot lo que se dice crear han creado poco. Rebuscar en archivos y tumbas. Reciclar, como se dice ahora. Y cobrar presumiblemente mucho: son creativos y tienen que comprarse muchas gafas de colores.
Me ha gustado, sin embargo, reencontrarme con Bruce Lee. Lo descubrí a mediados de los años setenta, cuando la serie Kung fu ya había puesto de moda las artes marciales y el interés por todo lo oriental. Para cuando vi Kárate a muerte en Bangkok, El furor del dragón, Operación Dragón, o la serie Longstreet en la tele (donde hacía de entrenador de James Franciscus y a uno de cuyos episodios he leído en algún sitio pertenece el texto citado por él de manera sobreactuada en ese fragmento de una entrevista televisiva ahora recuperada), el actor de Hong Kong nacido accidentalmente en San Francisco (California) ya había fallecido. Sucedió en 1973 y en circunstancias extrañas que lo emparentan directamente con Elvis, Marilyn o Paul McCartney (sí, han leído bien). Como ellos murió joven y dejó un bonito cadáver. Elvis no tanto, es cierto. Inmediatamente se convirtió en un mito. Y para revisarlo resulta muy interesante la película documental La leyenda de Bruce Lee, realizada en 1984 por el habitualmente productor Leonard Ho, que sigue toda su trayectoria desde su éxito como estrella infantil hasta su multitudinario funeral.
Mientras tanto, y aunque no entra en mis planes comprarme el coche, cada vez que pasan el anuncio por la tele me detengo en lo que estoy haciendo, miro nuevamente aquella cara que llevaba tantos años sin ver y, aunque el asunto de la tetera y el agua me resulta muy complicado de entender, pienso en el buen aspecto que teníamos cuando estábamos vivos.
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