lunes, 9 de enero de 2012

CINCO MINUTOS ANTES Y DESPUÉS DE LA CUENTA ATRÁS

Brazos en jarras, Anne Igartiburu recuerda a Koeman instantes antes de catapultar hacia la gloria barcelonista un balón que -según inolvidable relato de un Joaquim Maria Puyal previo a la pérdida de rumbo de su transmissió, actualmente asfixiada por las redes sociales, las estadísticas y el becarismo- primero iba a tocar Stoichkov y después pararía Bakero, en el minuto 111 de la final de la Copa de Europa de Wembley del 20 de mayo de 1992. Reflexiono acerca de lo inadecuado de ese ademán en un presentador de televisión (soy un romántico, efectivamente), fresco aún en la memoria el sofisticado encanto cien por cien femenino de aquella cara con ángel llamada Audrey Hepburn, rivalizada el día antes en Sabrina (La Sexta 3) por una improbable pareja de hermanos compuesta por Humphrey Bogart y un para la ocasión rubio William Holden.

Entre la Igartiburu y José Mota se cepillaron toda la Nochevieja de TVE1. Con la película de David Fincher con Morgan Freeman y Brad Pitt como hilo conductor, el humorista fundamentó Seven: los siete pecados capitales de provincia (formalmente a años luz del amateurismo y la caspa de los iniciales -lejanos y olvidados- Cruz y Raya) en la crisis económica y sus consecuencias en forma de recortes; hizo broma con la Familia Real pero no (la) sangre (que tal vez un día exigirá la plebe), y prolongó el homenaje a Gila del anuncio de Campofrío transmitiendo una operación quirúrgica a la manera de una corrida de toros (¿o simplemente se trató de un plagio?). Feliz 2012, inevitable desfile de actuaciones musicales conducido por la vasca alta y rubia como la cerveza, ofreció imágenes imposibles de pronosticar en 1980, cuando era una adolescente punk que orinaba en la cara de Eva Siva para refrescarla del bochorno veraniego en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón: la hoy pequeñoburguesa Alaska formando trío con el Dúo Dinámico para interpretar ''Resistiré'' (¿vale?); Dios los cría y Pedro Almodóvar los junta (por Átame, ya saben).

En la Puerta del Sol, ante el reloj de antaño, como de año en año, Mota lució ramalazos chiquitistaníes y Anne, además del almíbar inherente, un estilismo más favorecedor que muchas otras ocasiones en igual escenario. Sobrios los dos. Continúan estando de más, eso sí, el tuteo al espectador, los saludos particulares y el temor a equivocarse con los cuartos (bastaría con escuchar con atención a Mecano: "1, 2, 3 y 4, que la quinta es la 1 y la sexta es la 2..."). Es curioso cómo este microespacio, clásico de las 625 líneas donde los haya, se reproduce idéntico desde la noche de los tiempos sin que nadie se atreva a meterle mano...
Campanadas perdió audiencia pero aun así fue la retransmisión más vista, beneficiándose del invariable hábito del ciudadano del espacio televisivo español de seguir a través de la cadena pública estatal los acontecimientos relevantes (otro aspecto que pasados treinta y seis años de la muerte física del sátrapa continúa "atado y bien atado").

No muy lejos de ellos, en un balcón vecino, Telecinco pasó de la apología de lo choni de hace un bienio con Belén Esteban a unir a los no hace tanto enemigos íntimos Jorge Javier Vázquez e Isabel Pantoja (Campanadas 2011). Búsquense las explicaciones a las recíprocas conversiones en las frívolas estrategias de programación de unos y las necesidades crematísticas (y de lavado de cara) de la otra. Mucho más que una simple conexión, el sainete combinó con cierta fluidez neotelerrealismo, folclorismo cañí (las invocaciones a España, el altar propio de tonadilleras... y toreros, el homenaje a la madre de la cantante), necrofilia (el regalo a su hijo del Cristo de las Tres Caídas del marido, padre y matador fatalmente corneado en 1984) y corazón (intento de reconciliación vía catódica de Kiko Rivera con su exnovia). Pero si en lo sentimental a la Pantoja (ahora le llaman Maribel) siempre le ha tirado el bandolerismo (Julián Muñoz últimamente, pero también Curro Jiménez en dos de los primeros episodios de la serie de los setenta), cuando no le puede la afectación consustancial al género que defiende, como figura de la canción es indiscutible. Pocos se hubieran atrevido como ella a cantar en directo ese día, en ese sitio, a esa hora, en esa coyuntura. Concretamente ''A mí manera'', versión doméstica del ''Comme d'habitude'' de Claude François (popularizado mundialmente como ''My way'' por Paul Anka y, luego, por Frank Sinatra). Todo bajo la emocionada mirada del artista antes conocido como Paquirrín.