MIEMBROS. Transito aburrido de una cadena de televisión a otra. Me paro en una, sinceramente no recuerdo en cuál, al ver un western no identificado. Es en blanco y negro, y parece de serie B aunque lo protagoniza una estrella rutilante (probablemente se trata de uno de aquellos peajes obligados por los contratos con los estudios). Robert Mitchum es un pistolero psicológicamente traumatizado por motivos familiares al que se le va la mano en su tarea de limpieza de malhechores de la ciudad. Como en toda película del Oeste que se precie hay un saloon con sus chicas. Me llaman la atención las piernas de una de ellas, bien visibles gracias a las mallas del vestuario. Me resultan conocidas. ¡¿Angie Dickinson?! Es chocante porque reconozco sus muslos pero no así su cara. ¿Es o no es ella? Eso sí, la rubia, porque es rubia, es jovencísima. Su personaje es de figuración y no le oigo pronunciar ningún diálogo. No veo la película completa. Pero la curiosidad me puede, por lo que después voy en busca de más datos. Del título de la cinta, por supuesto, pero sobre todo de la confirmación del nombre de la propietaria de aquellas notables extremidades inferiores que no me cabe duda he visto antes en algún otro lado. En Río Bravo, por ejemplo. Porque sí se trataba de la actriz nacida en Dakota del Norte el 30 de septiembre de 1931. Con sus mismas armas (1955, Richard Wilson) fue la cuarta película en la que intervino (con veintipocos años y sin figurar en los títulos de crédito) la que fuera mujer policía en la tele de los años setenta.
FILOSOFÍA. Hombre soy; nada cinematográfico me es ajeno.
PISTA. Confiar un papel a Stellan Skarsgard o a Peter Sarsgaard es, de inicio, desvelar buena parte del misterio: siempre son los malos de la película.
PARECIDOS RAZONABLES. Mickey Rourke y Michael Jackson.
lunes, 5 de febrero de 2018
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