LA HUELLA DEL CRIMEN. Después de recibir calabazas en El diario de Patricia (Antena 3), un hombre asesina a su ex novia por no querer reconciliarse. ¿Alguna responsabilidad de la Gaztañaga, el programa o la cadena en la muerte de la mujer? No fueron ellos quienes le clavaron el cuchillo en el cuello, pero ayudaron a poner brasas en un fuego ya encendido. Víctor-M. Amela, en La Vanguardia, pregunta retóricamente "al redactor o redactora que llamó por teléfono a Svetlana para invitarla al programa, a la azafata que la acompañó al plató, a los cámaras, a los guionistas, a la presentadora: ¿No os sentís un poco mal?". No lo creo. Los imagino lavándose las manos (manchadas de la telebasura manejada), justificando lo sucedido en gajes del oficio (el riesgo de trabajar con material inflamable) y victimizándose como Lydia Lozano cuando Al Bano recurrió a su condición de siciliano para terminar con el frívolo trabajo de intoxicación ("de investigación", decía ella) sobre su hija. Unas lágrimas, unos vítores de apoyo a toque de corneta del regidor... y que pase el siguiente monstruo. Porque El diario… es la auténtica parada de los monstruos: un desfile sin fin de freaks, exhibicionistas impúdicos ventilando sus intimidades, gente de escaso nivel cultural, inocentes engañados en su buena fe, y un público de anestesiada presencia y manipulado aplauso como testigo-cómplice (también el telespectador fiel desde su casa) de todo lo que en el programa o a raíz de él pueda suceder.
LA DANZA DEL SABLE. Cabalgata militar, Batalla imperial y Toques y marchas de las Ordenanzas de Carlos III son algunas de las piezas interpretadas por la Unidad de Música del Regimiento Inmemorial del Rey n.º 1 en el ''Homenaje a la lealtad'' (!) transmitido por Los conciertos de La 2 (TVE2). Los militares siempre han hecho una interpretación sui generis del concepto lealtad, pero esta vez no espero a comprobarlo. Como el concierto se ofrece a las ocho de la mañana de un domingo, hago como cuando la Fiesta Nacional y me quedo en la cama igual, que la música militar nunca me supo levantar.
viernes, 30 de noviembre de 2007
viernes, 23 de noviembre de 2007
"¿ES EL LESBIANISMO EVITABLE O TODOS SOMOS HOMOSEXUALES POR NATURALEZA?"
Menuda, delgada, huesuda, cara excesivamente alargada bien caricaturizable, piernas de flamenco (género animal, no musical) y nariz de boxeador de los de antes. Es decir, un cúmulo de imperfecciones que paradójicamente la hacen sumamente atractiva. Lo que en otras sería mal gusto (su ecléctica, inclasificable y a menudo excéntrica manera de vestir, consistente en combinaciones imposibles de prendas reñidas entre sí), en ella es estilo marcador de tendencia. Antes muerta que sencilla, su divisa. Cuarentona (1965), madre de un hijo de Matthew Broderick, no ha obtenido en el cine (Tres mujeres para un caradura, Luna de miel para tres, Ed Wood y State and Main, donde mejor ha estado) el estrellato alcanzado en la televisión por hacer Sexo en Nueva York (y nunca mejor dicho, dado el argumento).
La identificación entre Sarah Jessica Parker y su personaje Carrie Bradshaw es innegable. Y la publicidad vista estos días por la tele, con la actriz rompiendo el escaparate de una tienda para coger un frasco de perfume, bebe indisimuladamente de la serie en la que Sarah Jessica/Carrie interpreta/representa una cierta clase de mujer neoyorquina (concretamente de Manhattan) en tránsito hacia los cuarenta. Un tipo de mujer independiente, libre de ataduras sentimentales, económicamente autosuficiente, profesional, hedonista, elitista, liberada, contradictoria, superficial, inmadura, capaz de encabezar su columna periodística con interrogantes como el tomado prestado para titular este artículo y de perder la cabeza por todo aquello que la satisfaga, sea un bolso, unos zapatos de Manolo Blahnik, madalenas rojas o un hombre con quien es capaz de citarse porque "era el equivalente en carne y hueso a un traje Chanel; sabes que no es tu estilo, pero esta ahí y te lo pruebas de todos modos".
Una señora, además, cuyos antojos le llevan a realizar acciones tan faltas de sentido para quienes no somos (los) publicistas (del anuncio) como robar algo… de su propiedad. De hecho, su nombre figura en el envase, debajo de la marca. Porque Covet es la segunda fragancia que Sarah Jessica Parker lanza al mercado. A 50 euros el frasco de 50 ml, por cierto.
La identificación entre Sarah Jessica Parker y su personaje Carrie Bradshaw es innegable. Y la publicidad vista estos días por la tele, con la actriz rompiendo el escaparate de una tienda para coger un frasco de perfume, bebe indisimuladamente de la serie en la que Sarah Jessica/Carrie interpreta/representa una cierta clase de mujer neoyorquina (concretamente de Manhattan) en tránsito hacia los cuarenta. Un tipo de mujer independiente, libre de ataduras sentimentales, económicamente autosuficiente, profesional, hedonista, elitista, liberada, contradictoria, superficial, inmadura, capaz de encabezar su columna periodística con interrogantes como el tomado prestado para titular este artículo y de perder la cabeza por todo aquello que la satisfaga, sea un bolso, unos zapatos de Manolo Blahnik, madalenas rojas o un hombre con quien es capaz de citarse porque "era el equivalente en carne y hueso a un traje Chanel; sabes que no es tu estilo, pero esta ahí y te lo pruebas de todos modos".
Una señora, además, cuyos antojos le llevan a realizar acciones tan faltas de sentido para quienes no somos (los) publicistas (del anuncio) como robar algo… de su propiedad. De hecho, su nombre figura en el envase, debajo de la marca. Porque Covet es la segunda fragancia que Sarah Jessica Parker lanza al mercado. A 50 euros el frasco de 50 ml, por cierto.
viernes, 16 de noviembre de 2007
'JE M'APPELLE JANE'
Letra y música: Mickael Furnon (Mickey 3D)
-Dis Birkin, c'est quoi ce vieil accent que tu traînes et qui te rend l’air antipathique?
-C'est l'accent britannique.
-Dis Birkin, pourquoi tu vas marcher dans la gadoue alors que ça salit tes bottes?
-C'est que je suis gamine.
-Dis Birkin, porquoi tu sea, tu sex et puis tu sun dès que le mois d’août se radine?
-C'est que je suis câline.
-Dis Birkin, c'est quoi ce vieux jean sale que tu trimballes depuis 1969?
-C'est que je suis radine.
Je m'appelle Jane et je t'emmerde.
Toi tu ne t'appelles pas Tarzan.
Tu t'appelles Mickey, je t'emmerde.
Mois je ne m'appelle pas Minnie.
-Dis Birkin, pourquoi t'as pas grossi en vieillissant, t'es toujours aussi belle qu'avant?
-C'est que je suis maline.
-Dis Birkin, pourquoi tu te mets toujours à pleurer dès que quelqu'un est en danger?
-C'est que je suis sensible.
-Dis Birkin, pourquoi tu ne t'énerves jamais, on dirait que tu fuis la colère?
-C'est que je suis fragile.
-Dis Birkin, c'est quoi ces yeux qui regardent dans le vide, on dirait que t'es dans la lune?
-C'est parce que je m'ennuie.
Je m'appelle Jane et je t'emmerde.
Toi tu ne t'appelles pas Tarzan.
Tu t'appelles Mickey, je t'emmerde.
Mois je ne m'appelle pas Minnie.
Je m'appelle Janet et je t'emmerde.
Toi tu ne t'appelles pas Tarzan.
Tu t'appelles Mickey, je t'emmerde.
Mois je ne m'appelle pas Minnie.
-Dis Birkin, c'est quoi ce vieil accent que tu traînes et qui te rend l’air antipathique?
-C'est l'accent britannique.
-Dis Birkin, pourquoi tu vas marcher dans la gadoue alors que ça salit tes bottes?
-C'est que je suis gamine.
-Dis Birkin, porquoi tu sea, tu sex et puis tu sun dès que le mois d’août se radine?
-C'est que je suis câline.
-Dis Birkin, c'est quoi ce vieux jean sale que tu trimballes depuis 1969?
-C'est que je suis radine.
Je m'appelle Jane et je t'emmerde.
Toi tu ne t'appelles pas Tarzan.
Tu t'appelles Mickey, je t'emmerde.
Mois je ne m'appelle pas Minnie.
-Dis Birkin, pourquoi t'as pas grossi en vieillissant, t'es toujours aussi belle qu'avant?
-C'est que je suis maline.
-Dis Birkin, pourquoi tu te mets toujours à pleurer dès que quelqu'un est en danger?
-C'est que je suis sensible.
-Dis Birkin, pourquoi tu ne t'énerves jamais, on dirait que tu fuis la colère?
-C'est que je suis fragile.
-Dis Birkin, c'est quoi ces yeux qui regardent dans le vide, on dirait que t'es dans la lune?
-C'est parce que je m'ennuie.
Je m'appelle Jane et je t'emmerde.
Toi tu ne t'appelles pas Tarzan.
Tu t'appelles Mickey, je t'emmerde.
Mois je ne m'appelle pas Minnie.
Je m'appelle Janet et je t'emmerde.
Toi tu ne t'appelles pas Tarzan.
Tu t'appelles Mickey, je t'emmerde.
Mois je ne m'appelle pas Minnie.
viernes, 9 de noviembre de 2007
'CASA DE ARENA Y NIEBLA'
(House of sand and fog)
EE. UU. 2003
Dir.: Vadim Perelman
Int.: Jennifer Connelly, Ben Kingsley, Ron Eldard, Frances Fisher, Kim Dickens, Shohreh Aghdashloo
BSO: James Horner
La disputa por una casa entre su anterior propietaria (desalojada debido a un error burocrático durante una etapa personal difícil) y su nuevo comprador (un ex militar iraní huido de su país y emigrado con su mujer e hijo a los EE. UU.) acaba en un terrible drama, consecuencia de la incredulidad de la joven por la situación y del exceso en sus funciones del policía que trata de ayudarla. De manera sorprendente, entre todos los personajes el único que actúa con responsabilidad y respetando escrupulosamente la legalidad es el del extranjero del Oriente Próximo, en un detalle atípicamente progresista dentro del cine comercial norteamericano.
Con escenas planificadas y realizadas torpemente (como la del tiroteo desencadenante de la tragedia), y centrándose en la trama de intriga en perjuicio de otros temas presentes en el guión pero meramente apuntados (el miedo del emigrante a la deportación, lo absurdo de la burocracia, la fatalidad, la importancia de las apariencias...), la película podría pasar por uno más de los dramones familiares de las sobremesas televisivas, pero gracias a una más que correcta Jennifer Connelly (Labios ardientes) y al carismático Ben Kingsley (Gandhi) logra mantener el tipo.
EE. UU. 2003
Dir.: Vadim Perelman
Int.: Jennifer Connelly, Ben Kingsley, Ron Eldard, Frances Fisher, Kim Dickens, Shohreh Aghdashloo
BSO: James Horner
La disputa por una casa entre su anterior propietaria (desalojada debido a un error burocrático durante una etapa personal difícil) y su nuevo comprador (un ex militar iraní huido de su país y emigrado con su mujer e hijo a los EE. UU.) acaba en un terrible drama, consecuencia de la incredulidad de la joven por la situación y del exceso en sus funciones del policía que trata de ayudarla. De manera sorprendente, entre todos los personajes el único que actúa con responsabilidad y respetando escrupulosamente la legalidad es el del extranjero del Oriente Próximo, en un detalle atípicamente progresista dentro del cine comercial norteamericano.
Con escenas planificadas y realizadas torpemente (como la del tiroteo desencadenante de la tragedia), y centrándose en la trama de intriga en perjuicio de otros temas presentes en el guión pero meramente apuntados (el miedo del emigrante a la deportación, lo absurdo de la burocracia, la fatalidad, la importancia de las apariencias...), la película podría pasar por uno más de los dramones familiares de las sobremesas televisivas, pero gracias a una más que correcta Jennifer Connelly (Labios ardientes) y al carismático Ben Kingsley (Gandhi) logra mantener el tipo.
viernes, 2 de noviembre de 2007
'MR. DEEDS'
EE.UU. 2002
Dir.: Steven Brill
Int.: Adam Sandler, Winona Ryder, John Turturro, Peter Gallagher, Steve Buscemi
Discretísimo remake de El secreto de vivir (Mr. Deeds goes to town), en el que Adam Sandler –con quien el director ya coincidió en la horripilante Little Nicky- y Winona Ryder retoman los papeles interpretados por Gary Cooper y Jean Arthur en 1936.
El resultado de intentar adaptar el espíritu de la fábula de Capra a la actualidad, a través de un humor infantiloide que hace acumulación de anécdotas para acercarla al espectador contemporáneo, se revela simple, disperso, irrelevante y aburrido, a pesar del atractivo de su cast.
Dir.: Steven Brill
Int.: Adam Sandler, Winona Ryder, John Turturro, Peter Gallagher, Steve Buscemi
Discretísimo remake de El secreto de vivir (Mr. Deeds goes to town), en el que Adam Sandler –con quien el director ya coincidió en la horripilante Little Nicky- y Winona Ryder retoman los papeles interpretados por Gary Cooper y Jean Arthur en 1936.
El resultado de intentar adaptar el espíritu de la fábula de Capra a la actualidad, a través de un humor infantiloide que hace acumulación de anécdotas para acercarla al espectador contemporáneo, se revela simple, disperso, irrelevante y aburrido, a pesar del atractivo de su cast.
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