Menuda, delgada, huesuda, cara excesivamente alargada bien caricaturizable, piernas de flamenco (género animal, no musical) y nariz de boxeador de los de antes. Es decir, un cúmulo de imperfecciones que paradójicamente la hacen sumamente atractiva. Lo que en otras sería mal gusto (su ecléctica, inclasificable y a menudo excéntrica manera de vestir, consistente en combinaciones imposibles de prendas reñidas entre sí), en ella es estilo marcador de tendencia. Antes muerta que sencilla, su divisa. Cuarentona (1965), madre de un hijo de Matthew Broderick, no ha obtenido en el cine (Tres mujeres para un caradura, Luna de miel para tres, Ed Wood y State and Main, donde mejor ha estado) el estrellato alcanzado en la televisión por hacer Sexo en Nueva York (y nunca mejor dicho, dado el argumento).
La identificación entre Sarah Jessica Parker y su personaje Carrie Bradshaw es innegable. Y la publicidad vista estos días por la tele, con la actriz rompiendo el escaparate de una tienda para coger un frasco de perfume, bebe indisimuladamente de la serie en la que Sarah Jessica/Carrie interpreta/representa una cierta clase de mujer neoyorquina (concretamente de Manhattan) en tránsito hacia los cuarenta. Un tipo de mujer independiente, libre de ataduras sentimentales, económicamente autosuficiente, profesional, hedonista, elitista, liberada, contradictoria, superficial, inmadura, capaz de encabezar su columna periodística con interrogantes como el tomado prestado para titular este artículo y de perder la cabeza por todo aquello que la satisfaga, sea un bolso, unos zapatos de Manolo Blahnik, madalenas rojas o un hombre con quien es capaz de citarse porque "era el equivalente en carne y hueso a un traje Chanel; sabes que no es tu estilo, pero esta ahí y te lo pruebas de todos modos".
Una señora, además, cuyos antojos le llevan a realizar acciones tan faltas de sentido para quienes no somos (los) publicistas (del anuncio) como robar algo… de su propiedad. De hecho, su nombre figura en el envase, debajo de la marca. Porque Covet es la segunda fragancia que Sarah Jessica Parker lanza al mercado. A 50 euros el frasco de 50 ml, por cierto.