"Santander, al marchar te diré: Guarda mi corazón, que por él volveré...", cantaba Jorge Sepúlveda. Tal vez ella aún no se haya dado cuenta, pero a esa televisión que se retroalimenta a través de la práctica de la fagocitosis con toda aquella criatura que se le acerca (esa televisión a la que ahora, además, le ha dado por hacer remakes tardíos de El regreso de los muertos vivientes y Rififi -coloquen donde quieran a Roldán, Amedo y Cachuli-) lo único que le interesa de todo este asunto es su alma (el señor Neira es sólo el macguffin). Cuando les facilite la carnaza (aceptar su -presunta- condición de mujer maltratada) por la cual los chacales la rondan y la ceban económicamente, y acabe derrumbándose en un mar de lágrimas y de euros, los mismos que ahora la reprueban y abuchean la acogerán en su seno (después de haber enseñado ella los suyos en Interviú, probablemente) promoviéndola a la categoría de colaboradora vitoreada con plaza de opinadora sobre no importa qué tema en cualquier tertulia que se precie a precio de mercado de oportunismo televisado. Algún movimiento ya ha podido ser observado en este sentido.
Jordi González concede al público libertad de reacción -aunque él ya se ha encargado de mediatizarla- ante la entrada al plató de Violeta Santander, en un nuevo (y subvencionado, se supone) capítulo del nauseabundo culebrón del que todos participan y tienen participaciones. Si en su primera intervención en La noria (Telecinco) el tridente Rahola-Calabuig-Iglesias la llamó "demagoga" y le recriminó por aceptar el dinero que ellos mismos (el programa) le pagan por exhibirla en su atracción de feria, en la (pen)última le pasan el vídeo de la famosa agresión, visto por Violeta con mirada tan distorsionada como la gastada por Urdaci como presentador del Telediario y jefe de los Servicios Informativos de TVE en tiempos del aznarato, cuando aquello de "el sindicato ce-ce-o-o" y ni sabía ni contestaba de las multitudinarias manifestaciones callejeras contrarias a la entrada de España y los territorios ocupados en (el negocio de) la(s) multinacional(es norteamericanas en la) guerra de Irak. Y es que quien esté libre de demagogia televisiva que tire el primer mando a distancia.
Jordi González concede al público libertad de reacción -aunque él ya se ha encargado de mediatizarla- ante la entrada al plató de Violeta Santander, en un nuevo (y subvencionado, se supone) capítulo del nauseabundo culebrón del que todos participan y tienen participaciones. Si en su primera intervención en La noria (Telecinco) el tridente Rahola-Calabuig-Iglesias la llamó "demagoga" y le recriminó por aceptar el dinero que ellos mismos (el programa) le pagan por exhibirla en su atracción de feria, en la (pen)última le pasan el vídeo de la famosa agresión, visto por Violeta con mirada tan distorsionada como la gastada por Urdaci como presentador del Telediario y jefe de los Servicios Informativos de TVE en tiempos del aznarato, cuando aquello de "el sindicato ce-ce-o-o" y ni sabía ni contestaba de las multitudinarias manifestaciones callejeras contrarias a la entrada de España y los territorios ocupados en (el negocio de) la(s) multinacional(es norteamericanas en la) guerra de Irak. Y es que quien esté libre de demagogia televisiva que tire el primer mando a distancia.