jueves, 27 de noviembre de 2008

EN BUSCA DEL ALMA PERDIDA

"Santander, al marchar te diré: Guarda mi corazón, que por él volveré...", cantaba Jorge Sepúlveda. Tal vez ella aún no se haya dado cuenta, pero a esa televisión que se retroalimenta a través de la práctica de la fagocitosis con toda aquella criatura que se le acerca (esa televisión a la que ahora, además, le ha dado por hacer remakes tardíos de El regreso de los muertos vivientes y Rififi -coloquen donde quieran a Roldán, Amedo y Cachuli-) lo único que le interesa de todo este asunto es su alma (el señor Neira es sólo el macguffin). Cuando les facilite la carnaza (aceptar su -presunta- condición de mujer maltratada) por la cual los chacales la rondan y la ceban económicamente, y acabe derrumbándose en un mar de lágrimas y de euros, los mismos que ahora la reprueban y abuchean la acogerán en su seno (después de haber enseñado ella los suyos en Interviú, probablemente) promoviéndola a la categoría de colaboradora vitoreada con plaza de opinadora sobre no importa qué tema en cualquier tertulia que se precie a precio de mercado de oportunismo televisado. Algún movimiento ya ha podido ser observado en este sentido.

Jordi González concede al público libertad de reacción -aunque él ya se ha encargado de mediatizarla- ante la entrada al plató de Violeta Santander, en un nuevo (y subvencionado, se supone) capítulo del nauseabundo culebrón del que todos participan y tienen participaciones. Si en su primera intervención en La noria (Telecinco) el tridente Rahola-Calabuig-Iglesias la llamó "demagoga" y le recriminó por aceptar el dinero que ellos mismos (el programa) le pagan por exhibirla en su atracción de feria, en la (pen)última le pasan el vídeo de la famosa agresión, visto por Violeta con mirada tan distorsionada como la gastada por Urdaci como presentador del Telediario y jefe de los Servicios Informativos de TVE en tiempos del aznarato, cuando aquello de "el sindicato ce-ce-o-o" y ni sabía ni contestaba de las multitudinarias manifestaciones callejeras contrarias a la entrada de España y los territorios ocupados en (el negocio de) la(s) multinacional(es norteamericanas en la) guerra de Irak. Y es que quien esté libre de demagogia televisiva que tire el primer mando a distancia.

jueves, 6 de noviembre de 2008

'EL BOSQUE'

(The village)
EE. UU. 2004
Dir. y gui.: M. Night Shyamalan
Int.: Bryce Dallas Howard, Joaquin Phoenix, Adrien Brody, William Hurt, Sigourney Weaver
BSO: James Newton Howard

La sexta película del director de El sexto sentido vuelve a incidir, perfeccionándola, en la metáfora de la un tanto decepcionante Señales, al tomar una idílica comunidad rural del siglo XIX que vive aislada de cualquier contacto externo (como los amish de Único testigo), amenazada por unas extrañas criaturas con quienes mantiene un pacto de no agresión, para, llegado un punto que obliga a repasar y reinterpretar lo visto hasta ese momento, hacer una lectura en clave política de la paranoia colectiva en la que viven los EE. UU. y poner en evidencia la fragilidad de los hilos sobre los que la sociedad occidental hace equilibrios, atemorizada frente a lo/s desconocido/s ("aquéllos de los que no hablamos") y necesitada de etiquetas identificatorias (los distintos colores según sean los habitantes de la aldea o sus vecinos).

En El bosque, con un férreo guión milimétricamente calculado, y un excelente reparto del que sobresalen un William Hurt en recuperada forma y la joven Bryce Dallas Howard, Shyamalan vuelve a mostrar un gusto en la planificación de escenas (de reminiscencia fordiana) improbable de encontrar en el cine contemporáneo. La película, no excesivamente bien acogida en su país, presenta además el aliciente de poder jugar a intentar descubrir a su director en uno de sus habituales cameos.