(Monster-in-law)
EE. UU.-Alemania. 2005
Dir.: Robert Luketic
Int.: Jennifer Lopez, Jane Fonda, Michael Vartan, Wanda Sykes, Monet Mazur
No es la peor de las comedias románticas en las que durante un tiempo pareció haberse especializado (encallado, más bien) J. Lo. Contiene menos azúcar del habitual (es más comedia que romántica); cuenta con unos eficaces secundarios (entre los que destaca una estupenda -mordaz y divertida- Wanda Sykes); muy especialmente porque la actriz-cantante no ha de cargar con el peso de la función, al compartir protagonismo con una Jane Fonda que, en su regreso a la pantalla grande tras la lejana Cartas a Iris (1990), interpreta con sana autoironía (las referencias a su edad son constantes) y un poco pasada de revoluciones a una veterana periodista que, desplazada de su trabajo en la tele por una colega menos preparada pero mucho más joven y exuberante, descarga su ira sobre la futura esposa de su hijo.
Con argumento, situaciones y gags reconocibles (que van desde Adivina quién viene esta noche a Los padres de ella; sin faltar el ya inevitable personaje del amigo-confidente homosexual de la protagonista), La madre del novio pudo haber sido a las relaciones entre suegras y nueras lo que La guerra de los Rose a las matrimoniales, pero carece del cinismo y humor negro de aquella, quedándose en mera astracanada inofensiva con final feliz. Devorada por una Fonda en plena forma, Jennifer Lopez hace otra de sus actuaciones llenas de desesperante inmadurez dramática, incapaz de aportar alguna cosa más -fotogenia aparte- que ese muestrario de gestos (impropios en una mujer con los treinta y cinco años que tenía cuando el rodaje) por los que Jordi Batlle Caminal en La Vanguardia la tildó de "tonta abofeteable con gestualidad de adolescente".
lunes, 19 de mayo de 2014
lunes, 5 de mayo de 2014
APUNTES DEL NATURAL (36)
ESTAFA. En Breakdown (1997, Jonathan Mostow) un marido busca desesperadamente a su esposa (Kurt Russell y Kathleen Quinlan), de la que desconoce su paradero desde que, tras sufrir una avería automovilística durante un viaje por el desierto de Arizona, se fuera con un camionero desconocido (J. T. Walsh) en busca de ayuda... Haberla pinchado en minutos sueltos y alternos de anteriores pases televisivos me deja con la sensación de déjà-vue cuando, en realidad, es mi primera vez (Paramount Channel). Impresión rara a la que se añade además la perplejidad por los no pocos interrogantes que me quedan abiertos: ¿a qué se dedica la pareja protagonista, de dónde vienen y adónde se dirigían?; ¿quiénes son los secuestradores, qué tipo de organización tienen montada, por qué y para qué?; ¿por qué el final es tan exageradamente pirotécnico?; ¿cuánto cobraron los guionistas (el propio director y Sam Montgomery) por no hacer su trabajo?...
TÍTULOS. Llamar El hombre de las pistolas de oro a Warlock (nombre de la imaginaria población cuyos habitantes contratan a un matón profesional para que les libre de un grupo de bandidos. Western abstracto, de guion rico en tonalidades, con el cual Edward Dmytryk intentó expiar sus culpas por lo de la delación durante la Caza de Brujas -¿o no es él acaso el personaje encarnado por Richard Widmark, un pistolero que con la convicción de estar haciendo lo correcto abandona la banda de cuatreros para solicitar la plaza de ayudante del sheriff?-), es invitar al espectador a mirar hacia el lado equivocado. Señalarle los árboles de lo anecdótico -las empuñaduras doradas de las armas, un detalle menor aunque distintivo de la personalidad del protagonista- para ocultarle el bosque de unos lúcidos y plenamente vigentes discursos sobre 1) conductas e intereses de individuos y colectividades; 2) el peaje moral que paga toda comunidad por afirmarse como territorio de civilización; 3) el lado oscuro del héroe; y 4) la instrumentalización del fuera de la ley por parte del poder.
CONTRATRATAMIENTO. Si por su compulsiva conducta sexual debió incluso en algún momento ser ingresado para rehabilitarse, ¿diríamos que una serie tan animada como Californication es la mejor terapia para alguien como David Duchovny?
BALADA. "¡Voy buscando a Lupita Nyong'o, voy camino de México; dicen que es tan bonita, voy buscando su amoooooor...!".
DESENCANTO. "No creo en la clase obrera española. Son payasos alfredolandescos. Tras cuarenta años sin ideología obrera, solo queda la picaresca y un proletariado chistoso" (Leopoldo María Panero, poeta, 1948-2014).
TÍTULOS. Llamar El hombre de las pistolas de oro a Warlock (nombre de la imaginaria población cuyos habitantes contratan a un matón profesional para que les libre de un grupo de bandidos. Western abstracto, de guion rico en tonalidades, con el cual Edward Dmytryk intentó expiar sus culpas por lo de la delación durante la Caza de Brujas -¿o no es él acaso el personaje encarnado por Richard Widmark, un pistolero que con la convicción de estar haciendo lo correcto abandona la banda de cuatreros para solicitar la plaza de ayudante del sheriff?-), es invitar al espectador a mirar hacia el lado equivocado. Señalarle los árboles de lo anecdótico -las empuñaduras doradas de las armas, un detalle menor aunque distintivo de la personalidad del protagonista- para ocultarle el bosque de unos lúcidos y plenamente vigentes discursos sobre 1) conductas e intereses de individuos y colectividades; 2) el peaje moral que paga toda comunidad por afirmarse como territorio de civilización; 3) el lado oscuro del héroe; y 4) la instrumentalización del fuera de la ley por parte del poder.
CONTRATRATAMIENTO. Si por su compulsiva conducta sexual debió incluso en algún momento ser ingresado para rehabilitarse, ¿diríamos que una serie tan animada como Californication es la mejor terapia para alguien como David Duchovny?
BALADA. "¡Voy buscando a Lupita Nyong'o, voy camino de México; dicen que es tan bonita, voy buscando su amoooooor...!".
DESENCANTO. "No creo en la clase obrera española. Son payasos alfredolandescos. Tras cuarenta años sin ideología obrera, solo queda la picaresca y un proletariado chistoso" (Leopoldo María Panero, poeta, 1948-2014).
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