(C'era una volta il West)
Italia-EE. UU.-España. 1968
Dir.: Sergio Leone
Argum.: Dario Argento, Bernardo Bertolucci y Sergio Leone
Int.: Claudia Cardinale, Henry Fonda, Jason Robards, Charles Bronson, Gabriele Ferzetti, Paolo Stoppa, Lionel Stander
El goteo sobre el semirasurado cráneo de Woody Strode y la cargante mosca en la eternamente mal afeitada cara de Jack Elam, en el prólogo, son detalles disuasorios -por caricaturescos y prescindibles- ante los que no conviene claudicar. Porque el elegante y sutil movimiento con el que la cámara, desde el andén, elevando su mirada por encima del edificio, testimonia la decisión de la decepcionada Claudia Cardinale de atravesar el interior de la estación de ferrocarril y quedarse en el lejano Oeste a pesar de que su marido no ha acudido a recibirla, sitúa al espectador ante las puertas de un western monumental. Hasta que llegó su hora es a la vez un homenaje y una revisión del género, a partir de una desprejuiciada aunque respetuosa revisión de los códigos hollywoodenses, revertidos (empezando por la imagen de Henry Fonda, aquí un despiadado pistolero sin escrúpulos) para crear un universo con personalidad propia, sublimación del complejo estilo -después pésimamente imitado- perfilado paso a paso en Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, la trilogía que consolidó a un director de péplums y convirtió en estrella a un actor de series de televisión llamado Clint Eastwood.
Rodada en escenarios naturales del Monument Valley de Arizona y de las provincias de Almería y Granada, entre otras localizaciones, y con una historia de venganza como motor del argumento como solía ser habitual en el western europeo, la progresiva distancia temporal con los referentes desde los que se proyectaba facilita apreciar ahora toda la grandeza y modernidad de esta obra maestra de puesta en escena compleja y admirable, memorables interpretaciones (Charles Bronson se defiende en los peligrosos primerísimos planos característicos de Leone como el mejor) y ejemplar manejo de la inspirada música de Ennio Morricone (con un leitmotif distinto para cada personaje). Como un aliciente más, la película permite la diversión cinéfila de jugar a entrever en el personaje de Jason Robards al mismo bandido que en un capítulo posterior de su biografía, y bajo el peckinpahiano nombre de Cable Hogue, sería abandonado por sus compinches en el desierto antes de que la suerte acabara finalmente sonriéndole en forma de manantial de agua y la grata compañía de la redimida prostituta encarnada por la rubia Stella Stevens.
lunes, 20 de enero de 2014
martes, 7 de enero de 2014
APUNTES DEL NATURAL (35)
ABSURDO. ¿Por qué cada Nochevieja todas las cadenas de televisión se empeñan en insistirle tanto al espectador para que no confunda campanadas y cuartos, con caricaturescas explicaciones apoyadas por ridículos números o símbolos sobreimpresionados en la pantalla, si en realidad quienes siempre se equivocan son ellos, los presentadores? La ocasión (seguida por la fuerza de la costumbre a través de TVE1: Campanadas, con Anne Igartiburu) ha vuelto a poner en evidencia la necesidad de no fiarlo todo a las supuestas gracia y/o espontaneidad del presentador de turno. Reforzar con el andamiaje de un guion (cuatro apuntes nada más, no se crean) las mínimas pautas en cuestión de saludos, agradecimientos y mensajes considerables pertinentes no haría sino dar la razón a aquella (irrefutable) máxima del showbiz norteamericano que dice que la mejor improvisación es la que está preparada. Acompañaron a la alta y rubia como la cerveza presentadora vasca en la Puerta del Sol madrileña los dos (atemorizados y rígidos para la ocasión) cocineros masculinos del jurado del talent show gastronómico Masterchef, uno de los cuales preguntó si el año comenzaba con la primera o con la duodécima campanada... ¿Diríamos que, lejos de los fogones, la especie humana evoluciona adecuadamente?
NOSTALGIA. Las Navidades televisivas nunca han vuelto a ser lo mismo sin Valerio Lazarov ni el Ballet Zoom.
LISBON STORY. De aquellas cinco virginales y suicidas hermanas Lisbon a través de las cuales Sofia Coppola ofreció su personal visión de la familia americana de clase media (delicada e ingrávida cual saltamontes posado sobre el pie de Kwai Chang Caine y estéticamente empalagosa como un anuncio navideño de polvorones, pero implacable como los tres izquierdazos con los que Muhammad Ali noqueó al argentino Oscar Ringo Bonavena en diciembre de 1970), una de ellas sobrevivió. Teresa reapareció inesperadamente al cabo de los años, en la californiana Sacramento, al mando de una unidad de la televisiva CBI (Brigada Criminal, según el subtitulado español). En las pruebas de acceso a la pasma había reconocido una tragedia familiar en su infancia: madre fallecida en accidente de tráfico y, como derivación, padre alcohólico y finalmente suicida. Pero ella, los espectadores, la hija de Francis Ford y el mentalista Patrick Jane sabemos que no fue exactamente eso lo que ocurrió.
PRINCIPIOS. Antes muerto que ver una película o serie de televisión dobladas.
MENÚ. Pollo al vinagre. Muslo o pechuga. Café, coca y puro.
NOSTALGIA. Las Navidades televisivas nunca han vuelto a ser lo mismo sin Valerio Lazarov ni el Ballet Zoom.
LISBON STORY. De aquellas cinco virginales y suicidas hermanas Lisbon a través de las cuales Sofia Coppola ofreció su personal visión de la familia americana de clase media (delicada e ingrávida cual saltamontes posado sobre el pie de Kwai Chang Caine y estéticamente empalagosa como un anuncio navideño de polvorones, pero implacable como los tres izquierdazos con los que Muhammad Ali noqueó al argentino Oscar Ringo Bonavena en diciembre de 1970), una de ellas sobrevivió. Teresa reapareció inesperadamente al cabo de los años, en la californiana Sacramento, al mando de una unidad de la televisiva CBI (Brigada Criminal, según el subtitulado español). En las pruebas de acceso a la pasma había reconocido una tragedia familiar en su infancia: madre fallecida en accidente de tráfico y, como derivación, padre alcohólico y finalmente suicida. Pero ella, los espectadores, la hija de Francis Ford y el mentalista Patrick Jane sabemos que no fue exactamente eso lo que ocurrió.
PRINCIPIOS. Antes muerto que ver una película o serie de televisión dobladas.
MENÚ. Pollo al vinagre. Muslo o pechuga. Café, coca y puro.
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