ABSURDO. ¿Por qué cada Nochevieja todas las cadenas de televisión se empeñan en insistirle tanto al espectador para que no confunda campanadas y cuartos, con caricaturescas explicaciones apoyadas por ridículos números o símbolos sobreimpresionados en la pantalla, si en realidad quienes siempre se equivocan son ellos, los presentadores? La ocasión (seguida por la fuerza de la costumbre a través de TVE1: Campanadas, con Anne Igartiburu) ha vuelto a poner en evidencia la necesidad de no fiarlo todo a las supuestas gracia y/o espontaneidad del presentador de turno. Reforzar con el andamiaje de un guion (cuatro apuntes nada más, no se crean) las mínimas pautas en cuestión de saludos, agradecimientos y mensajes considerables pertinentes no haría sino dar la razón a aquella (irrefutable) máxima del showbiz norteamericano que dice que la mejor improvisación es la que está preparada. Acompañaron a la alta y rubia como la cerveza presentadora vasca en la Puerta del Sol madrileña los dos (atemorizados y rígidos para la ocasión) cocineros masculinos del jurado del talent show gastronómico Masterchef, uno de los cuales preguntó si el año comenzaba con la primera o con la duodécima campanada... ¿Diríamos que, lejos de los fogones, la especie humana evoluciona adecuadamente?
NOSTALGIA. Las Navidades televisivas nunca han vuelto a ser lo mismo sin Valerio Lazarov ni el Ballet Zoom.
LISBON STORY. De aquellas cinco virginales y suicidas hermanas Lisbon a través de las cuales Sofia Coppola ofreció su personal visión de la familia americana de clase media (delicada e ingrávida cual saltamontes posado sobre el pie de Kwai Chang Caine y estéticamente empalagosa como un anuncio navideño de polvorones, pero implacable como los tres izquierdazos con los que Muhammad Ali noqueó al argentino Oscar Ringo Bonavena en diciembre de 1970), una de ellas sobrevivió. Teresa reapareció inesperadamente al cabo de los años, en la californiana Sacramento, al mando de una unidad de la televisiva CBI (Brigada Criminal, según el subtitulado español). En las pruebas de acceso a la pasma había reconocido una tragedia familiar en su infancia: madre fallecida en accidente de tráfico y, como derivación, padre alcohólico y finalmente suicida. Pero ella, los espectadores, la hija de Francis Ford y el mentalista Patrick Jane sabemos que no fue exactamente eso lo que ocurrió.
PRINCIPIOS. Antes muerto que ver una película o serie de televisión dobladas.
MENÚ. Pollo al vinagre. Muslo o pechuga. Café, coca y puro.