lunes, 21 de octubre de 2013

LAS DOBLES FALTAS DE MILA

En Telecinco no se complican: cuando no tienen nada peor recurren a ellos mismos. En Abre los ojos y mira (¿qué clase de título es ese?), el programa con el que han sustituido el guirigay político (ellos lo llamaban "debate") por el entretenimiento (¿acaso no lo era también aquel circo?), en las noches del sábado, Mila Ximénez habla de lo suyo, de lo de siempre: de la separación de su hija -cuando era pequeña- y de su ex. Mila ríe, llora, habla por los codos, calla, gesticula, sobreactúa... Es la (por ahora) última de las sesiones de psicoanálisis catódico con las que la cadena, regularmente, de manera sibilina y sin que los propios interesados se den cuenta, reajusta la puesta a punto emocional de los (siempre excitables/excitados) colaboradores de Sálvame. Pluriempleada figura de la paranormalidad televisiva, al romper hace muchos años su matrimonio con el famoso extenista Manolo Santana, de quien había tomado prestado su apellido para abrirse puertas más fácilmente, Mila decidió recuperar el suyo pero en su forma gráfica antigua, escrito con la letra x pronunciada de manera muy similar a /sh/ o /ch/, como se hacía en la Edad Media. Y aunque a la mujer le costó lo suyo, al final ha conseguido que todos lo pronuncien como ella quiere: /shiménez/. Pero si su permanente reivindicación de la escritura original del nombre con x es lógica y correcta, el sonido choca en cambio con las normas académicas.

La RAE dice al respecto que "este sonido arcaico se conserva en el español de México y de otras zonas de América en palabras de origen náhuatl (...) y en la pronunciación arcaizante de ciertos apellidos que conservan su forma gráfica antigua, como Ximénez o Mexía. El sonido medieval antes descrito evolucionó a partir del siglo XVI hasta convertirse en el sonido velar fricativo sordo /j/, que en la escritura moderna se representa con las letras j o g (ante e, i). No obstante, la grafía arcaica con x se conserva hoy en varios topónimos americanos, como México, Oaxaca, Texas, con sus respectivos derivados mexicano, oaxaqueño, texano, etc., y en variantes americanas de algunos nombres propios de persona, como Ximena, o apellidos como los anteriormente citados. No debe olvidarse que la pronunciación correcta de estas voces es con sonido /j/, y no con sonido /ks/. También quedan restos de esta x arcaica en algunos topónimos españoles que hoy se pronuncian corrientemente con sonido /ks/, como Almorox, Borox, Guadix y Sax. Sus gentilicios respectivos (almorojano, borojeño, guadijeño y sajeño) demuestran que, en su origen, la x que contienen se pronunciaba /j/".

Y si la inefable Mila no sabe ni cómo debe pronunciarse su nombre, ¿qué credibilidad pueden tener las informaciones y opiniones que escupe por esa boca de fuego, no siempre de manera inteligible? (Aunque esto último más que perjudicarla probablemente la beneficie).

lunes, 7 de octubre de 2013

'CUERPOS EMBARAZOSOS'

Combato el tedio catódico haciendo zapping compulsivamente, desterrable hábito con el cual no hago sino reafirmar todavía más mi aburrimiento, cuando una imagen logra captar poderosamente mi atención. Es un primerisísimo plano de un agujero que me resulta como familiar, aunque no consigo ubicarlo. Una y otra vez me pregunto dónde y en qué situación lo he visto antes. De pronto, un dedo índice de mano derecha masculina aparece en la imagen examinando el orificio (que reacciona al estímulo como un ser vivo) hasta introducirse en él. Constato que estoy en Cuerpos embarazosos, un programa británico de divulgación médica que documenta enfermedades raras (por poco frecuentes) que impiden a quienes la sufren llevar su vida con normalidad; y finalmente descubro que aquel boquete desconocido (lo volveré a ver un rato más tarde penetrado por un artilugio sanitario no identificado) es el ano de una señora cincuentona con unas determinadas complicaciones intestinales sobre las cuales, aunque solo sea por elegancia, conviene no extenderse.

Que Cuerpos embarazosos se emita en Xplora, el canal de la escudería de Antena 3 dedicado a saciar el hambre de los espectadores más ávidos de situaciones impactantes, invita a presuponer que la cosa consistirá en una exhibición de monstruos de feria tipo hombre elefante. Grave equivocación. El espacio no desafinaría al lado de, por ejemplo, Redes en TVE2. Didáctico, pedagógico, ágil, ameno, con consejos interesantes y clara vocación de servicio público, es posible que ser tan gráfico y directo (en semanas posteriores veré una operación de reimplante de mamas y cómo unos fortachones bomberos se palpan sus testículos en prevención del cáncer de ídem) pueda crear cierta incomodidad en quien lo ve, pero la (a veces demasiado) delgada línea roja que separa el buen gusto de la truculencia jamás se sobrepasa.