lunes, 18 de julio de 2016

APUNTES DEL NATURAL (43)

GATOPARDOS. Que España es un país diferente ya lo reconocía una popularísima campaña turística auspiciada en los años sesenta del siglo pasado por aquel demócrata de toda la vida llamado Manuel Fraga. ¡Y tan diferente!, en pocos meses se ha pasado de estar a punto de proclamar la III República con Pablo Iglesias de presidente a tener no dos sino cuatro reyes. ¡Cuatro! Porque tras ejecutarse la aceptación de la herencia -el lampedusiano cambio para que todo pueda continuar igual, ya saben- la prensa continúa dispensando tratamiento de monarcas a los ya jubilados. Y va a ser que no. Definitivamente caído en desgracia, en cambio, el marido de la infanta Cristina. En los informativos de IB3 Ràdio escucho como ahora siempre se refieren a Iñaki Urdangarin, el otrora glamuroso rey del mambo al que todas le ponían y hoy juzgado por corrupción, como ''el gendre del rei emèrit''. Rebuscado. ¿No sería mucho más fácil, más natural, llamarle ''el cuñado del rey''? La intención admite poca duda: marcar diferencias entre los dos reinados; una etapa, la anterior, que llegó putrefacta a su final, y la actual, que se pretende limpia de polvo y paja. ¿De quién fue la idea de tan enrevesada aposición explicativa? ¿Creatividad del redactor del turno?, ¿órdenes del jefe de Informativos de la emisora?, ¿consigna desde mucho más arriba?... El lenguaje y su utilización para la manipulación de la realidad es un clásico desde la noche de los tiempos. No descarten que según cómo vayan las cosas, y muy especialmente el proceso hacia la independencia de Cataluña, cuando en un futuro (¿próximo?, ¿pluscuamperfecto?) se hable de Urdangarin se le pase a llamar ya simplemente ''el antiguo jugador de balonmano del F. C. Barcelona''. 

SENTENCIA. Los cines son actualmente para el cinéfilo lo que los McDonald's para el gastrónomo.

CANTARES. Caminante, no hay Cimino: se hace Cimino al andar.

LES BLEUS. Godard, Truffaut, Rohmer, Eustache, Renoir, Clair, Carné, Tati, Chabrol, Resnais, Melville.

lunes, 4 de julio de 2016

CANCIONES QUE EL CAPITÁN BRANDO NOS ENSEÑÓ

En ese programa-repaso de nuestras vidas (no solo cinematográficas) que es Historia de nuestro cine (TVE2, noches de lunes a viernes), revisión de El amor del capitán Brando, parábola sobre la realidad española del momento -el tardofranquismo-, a partir de la reunión en un pequeño, retrógrado y asfixiante pueblo castellano del triángulo formado por una joven maestra de incomprendidos métodos progresistas, un maduro republicano regresado del exilio y un sensible adolescente de trece años, alumno de aquella. La película de Jaime de Armiñán, de 1974, mantiene fresca su narrativa y, como siempre habrá una España de horizontes estrechos y escasez de ideas que se resista a desaparecer, vigente su mensaje. Espléndidos tanto los títulos de crédito, con dibujos de los personajes en ambiente western, como la banda sonora de José Nieto, también con aroma del lejano Oeste.

En su paseo por las calles de Madrid antes de que, después de haber pasado la noche juntos, ella se marche a la francesa en busca de ambientes oxigenados, los protagonistas (un Fernando Fernán-Gómez de 53 años y una Ana Belén de 23, los mismos que podrían tener sus personajes) se paran ante un cine que proyecta Gritos y susurros. Ella, Aurora, le pone al día y le aclara que ''ahora se llama Azul''. Él, Fernando, asiente, comprendiendo el cambio de denominación de la sala por la connotación falangista del color que ocupa el quinto lugar en el espectro luminoso. Ella le pregunta si quiere entrar, pero él ''prefiere pasear'' (¿declaración de principios de Armiñán sobre el cine de Bergman? Con el cine parabólico ya se sabe, se encuentran respuestas donde quizá ni tan siquiera hay preguntas).

El cine ante el que se detienen no era producto de la ficción cinematográfica, existía realmente. Y con ese mismo nombre. Situado en el número 76 de la Gran Vía, inaugurado en octubre de 1933 como Velussia, el Azul, que así pasó a llamarse en 1939, era una sala pequeña, primero de sesión continua y después de estreno, caracterizada por lo heterodoxo de su programación y lo muy confortable de sus butacas. Resistió hasta 2007, según constato en la hemeroteca de Abc, cuando cerró para transmutarse en restaurante. Como también era real que Gritos y susurros se estaba proyectando allí en ese momento. Qué poco debían imaginarse durante el rodaje de aquella secuencia que la película que sucedería en la cartelera del Azul al melodrama del maestro escandinavo era la suya, el Capitán Brando, que incluso la superó en éxito, al permanecer en cartelera más de un año ininterrumpidamente. Otros tiempos, claro.