"Toda oferta genera su propia demanda", dice una máxima de economía que da respuesta a aquella discusión que se remonta a la noche de los tiempos sobre si fue primero el huevo de los programas o la gallina de las preferencias del telespectador. Algo de eso ha ocurrido con Soraya: le hicieron creer que sentía atracción por Efrén, pero cuando se lo llevó no supo qué hacer con él. Lo suyo duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks. Lo de menos es si ella y el granhermano Carlos H. celebraron el reencuentro echando unas cañas al aire o si, ya que estaban en Madrid y sin remordimientos, como un deseo infantil buscaron una pensión para comerse a besos. Lo de más es la devastadora capacidad hipnótica y manipuladora de sentimientos y voluntades que tiene la televisión practicada sin la protección adecuada.
Presentado con gestualidad de prestidigitador por ese temible lobo con piel de cordero llamado Emma García, Mujeres y hombres y viceversa (Telecinco) -el laboratorio de cobayas deseado por toda cadena que base en la retroalimentación el grueso de su parrilla- contiene todos los elementos del género melodrama para ocupar el lugar de los culebrones venezolanos que un día estuvieron de moda. Un concurso (hay un trofeo, unos aspirantes y unas pruebas a superar, luego es un concurso) incapaz de escampar los nubarrones que sobrevuelan a buena parte de los participantes, sospechosos de acudir al espacio como platóforma de lanzamiento personal, pero también con momentos de autenticidad como el emotivo y singularmente bien expresado razonamiento de su decisión por parte de la sincera y dubitativa tronista Verónica a sus tres finalistas.
Desde antes incluso de la comunicación de la ruptura por parte de Efrén, la inmadura Soraya ("la persona equivocada", en acertada predicción de Virginia, la rival y un lujo a precio de ganga en un programa de ofertas) está desaparecida en combate y no quiere saber nada de la tele. Demasiado tarde. Tras vender su alma al diablo, es éste quien decide si, no o hasta cuándo tiene que haber interés por ella. Quiso ser la Campanilla de Peter Pan y acabará convertida en un irrelevante personaje más del show de Truman catódico. Una cruz que, pasado el susto inicial, sobrellevará "actuando" (?) en los "bolos" (?) que pueda conseguirle su "representante" (?). Pero por respeto a los espectadores enganchados al proceso de (s)elección que las cifras de audiencia quisieron dilatadísimo y a su ecléctica final (dudar entre Soraya y Virginia es como no saber si comprar unos zapatos o un paraguas), Mujeres y hombres... debería recordarle a la frustrada pareja que, mal que les pese, no se admiten devoluciones. Porque lo que la televisión ha unido en la Tierra, ¡no lo separa ni Dios en el Cielo!
martes, 23 de diciembre de 2008
martes, 16 de diciembre de 2008
APUNTES DEL NATURAL (8)
DESUBICADO. Abducido por la prensa, que ha encontrado un filón en su debilidad psicológica y una enorme grieta en una muralla hasta hace poco infranqueable, se oye más a Junior estos días que en todos los años de consorte. Tras aparecer cantando (o algo así) en un disfrazado para la ocasión de abuela de Caperucita ¿Dónde estás, corazón? (Antena 3), salta a la polvorienta pista central de Telecinco para –con más maquillaje que el profesor Von Aschenbach de Muerte en Venecia y un jersey impropio- promocionar su libro de memorias y hablar de problemas alcohólicos, ocultas infidelidades y de Juan Gabriel. Si rebuscando material telerreciclable los depredadores del cotilleo se acordaron de Me siento extraña (1977), la película donde Rocío Dúrcal compartía escenas tórrido-lésbicas con Bárbara Rey, La noria localiza el film donde el ex cantante coincidió con la manzana filipina junto a la que en el pasado cayó en la tentación (mas líbranos del mal de verla pronto en algún plató. Amén). Pero por el momento nadie ha recordado que en La lozana andaluza (1976) el hoy tristemente desorientado Junior interpretó un personaje... femenino. ¡Más madera!
MÁS DE 6º DE SEPARACIÓN... en poco más de tres horas de televisión de una tarde de un sábado de noviembre: en TVE1, Escuela de rock, con Jack Black, que hizo Amor ciego con Gwyneth Paltrow, que figura en el reparto de Relación mortal (Antena 3) junto a Jessica Lange, que también intervino en Rob Roy (Cuatro) y que en La noche y la ciudad había formado pareja con Robert de Niro, que en Una terapia peligrosa (TV3) aparece al lado de Billy Crystal, que ha hecho de maestro de ceremonias de los Oscar en varias ocasiones al igual que Whoopi Goldberg, que comparte color de piel con Will Smith, su compañero en Made in America (Cuatro). En esta película, una joven afroamericana nacida de una inseminación artificial descubre que su padre es blanco. Es decir: tiene un progenitor blanco y otro negro. O sea, como Barack Obama, con el que se cierra el círculo al enlazar con el Jack Black del principio (black, ¿lo cogen?), y de quien toda la prensa se empeña en recordar con insistencia será el primer presidente negro de los EE. UU. Aunque por la misma razón de la chica de Made in America también podrían decir que será el cuadragésimo cuarto blanco. Pero eso sería si los árboles no les impidieran ver el bosque.
MÁS DE 6º DE SEPARACIÓN... en poco más de tres horas de televisión de una tarde de un sábado de noviembre: en TVE1, Escuela de rock, con Jack Black, que hizo Amor ciego con Gwyneth Paltrow, que figura en el reparto de Relación mortal (Antena 3) junto a Jessica Lange, que también intervino en Rob Roy (Cuatro) y que en La noche y la ciudad había formado pareja con Robert de Niro, que en Una terapia peligrosa (TV3) aparece al lado de Billy Crystal, que ha hecho de maestro de ceremonias de los Oscar en varias ocasiones al igual que Whoopi Goldberg, que comparte color de piel con Will Smith, su compañero en Made in America (Cuatro). En esta película, una joven afroamericana nacida de una inseminación artificial descubre que su padre es blanco. Es decir: tiene un progenitor blanco y otro negro. O sea, como Barack Obama, con el que se cierra el círculo al enlazar con el Jack Black del principio (black, ¿lo cogen?), y de quien toda la prensa se empeña en recordar con insistencia será el primer presidente negro de los EE. UU. Aunque por la misma razón de la chica de Made in America también podrían decir que será el cuadragésimo cuarto blanco. Pero eso sería si los árboles no les impidieran ver el bosque.
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