jueves, 24 de septiembre de 2009

'JULIA OU LA CLEF DES SINGES'

Tiene su gracia (o tal vez no) que sea en la radio donde actualmente se ve mejor cine. En su rentrée tras las vacaciones, Videodrome (RNE3, sábados por la tarde) dedica un programa al mito del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Con el apreciado detalle de obviar la aportación de Paul Naschy a la causa, en beneficio de la posibilidad de escuchar la pervertida voz de Julia Roberts en Mary Reilly (pervertida por el doblaje al español). La en otros tiempos volcánica y volátil sentimentalmente novia de América (en sus eclécticas relaciones con el género humano masculino jamás hizo prisioneros) es mucho mejor actriz de lo que tradicionalmente le ha concedido la crítica y de lo que los peajes del negocio del cine le han permitido demostrar, pero bastante menos de lo que su cachet -y por lo tanto su posición en la industria- pudo hacer creer durante un buen puñado de años. Al parecer, pretty woman tiene todo lo que hay que tener y bien puesto, de lo contrario sería un duro puñetazo al hígado de su ego que donde mejor ha estado como intérprete haya sido precisamente en la producción de Stephen Frears y en Michael Collins, dos películas de época, con escaso eco de taquilla, en las que accedió a llevar a cabo un papel completamente subordinado al argumento y aparecer con unas caracterizaciones insólitas que poco tenían a ver con su imagen más conocida y comercializada en convencionales comedias románticas (larga cabellera aleonada, holgados jerséis siempre un par de tallas más grandes de lo necesario, sonrisa dentífrica...).

Para comprobar el alcance del efecto causado sobre toda clase de seres animados por el atractivo de la actriz nacida en Georgia (de los EE. UU., no de la URSS) en octubre de 1967, es de obligada visión ''Orangutans with Julia Roberts'' (1998), un documental realizado por Nigel Cole para la cadena de televisión norteamericana PBS, perteneciente a la serie In the wild (emitida en varias ocasiones por el canal 33 y TVE2). La película relata -con la estructura narrativa de Apocalypse now, muy curiosamente- su itinerario por la isla de Borneo para verificar los trabajos realizados con el fin de preservar algunas especies en peligro de extinción. Remontando río arriba, con sus correspondientes etapas, la capitana Roberts-Willard encuentra finalmente su coronel Kurtz particular, un espectacular ejemplar de mono antropomorfo que tras un rato de disimulado estudio termina por hacer lo que le hubiera gustado a cualquier homínido macho heterosexual: abrazarse a la estrella. Del desigual combate no se muestran en el documental más imágenes que las del inicio de la rápida reacción de los ayudantes en pos de hacerle entender al desinhibido simio lo inapropiado de la idea que, si es verdad que comparten el 97% de los genes con el hombre, sin duda pasaba en esos momentos por su enorme cabeza.

jueves, 10 de septiembre de 2009

APUNTES DEL NATURAL (11)

GASTRÓNOMOS. Escenas de matrimonio (Telecinco) ha sido finiquitada, pero deja heredero de todos sus males a Kafé kaleta (TEF, jueves por la noche). No en vano han compartido el mismo humor propio de suburbio marginal con déficit cultural y alta tasa de desempleo. Un humor cuartelero que siempre tendrá quien le ría. Por cierto que uno de los mejores golpes kaleteros, de una gran perspicacia, es cuando el presentador y su cameraman, en sus copiosos y patrocinados ágapes (a los que acuden con hambre de posguerra) acompañan la comida, toda clase de comida, incluso una carne argentina que se adivina suculenta, bebiendo Coca-Cola light. Un gran gag.

ESTILOSA. En la edición digital de El País, una de esas ventanas publicitarias que dispersan la atención del lector ofrece la oportunidad de adquirir en disco versátil digital Duplicity, de la que pasan el tráiler. Julia Roberts con los años cada vez está más guapa, no es difícil darse cuenta, pero tiene los mismos andares que John Wayne. Vaya, que cuando en una película se recrean con una intención de difícil interpretación para el espectador (como también sucedía en Ocean's eleven) en los movimientos de la actriz yendo de un lugar a otro dando pasos, a uno le viene a la cabeza la imagen del Duque atravesando la calle principal de Río Bravo.

MONOS. Visto ahora tiene una cierta (y malvada, no se puede evitar) gracia que el gorila fuera abatido desde el terrado de una de las dos torres del World Trade Center, ambas derribadas a su vez en sendos accidentes de aviación el 11 de septiembre de 2001. No le llega a la suela de los zapatos a la versión de 1933, desde luego, pero el final del King Kong de John Guillermin (1976) -la pasan en Veo7, ese canal que no emite en dual- está resuelto con una elipsis de sutileza impropia en una serie B (cuando el fotógrafo interpretado por Jeff Bridges deja que la multitud agolpada en torno al simio muerto se interponga entre él y su amada, sospechando la clase de vida que le espera al lado de la ambiciosa modelo), y a la película se le puede encontrar el encanto de estar todavía hecha a mano, como las de antes. Como también es de antes el embeleso de la entonces debutante Jessica Lange (All that jazz y El cartero siempre llama dos veces completarían la trilogía de su atractivo físico), hoy notoriamente perjudicada por los rigores otoñales.