GASTRÓNOMOS. Escenas de matrimonio (Telecinco) ha sido finiquitada, pero deja heredero de todos sus males a Kafé kaleta (TEF, jueves por la noche). No en vano han compartido el mismo humor propio de suburbio marginal con déficit cultural y alta tasa de desempleo. Un humor cuartelero que siempre tendrá quien le ría. Por cierto que uno de los mejores golpes kaleteros, de una gran perspicacia, es cuando el presentador y su cameraman, en sus copiosos y patrocinados ágapes (a los que acuden con hambre de posguerra) acompañan la comida, toda clase de comida, incluso una carne argentina que se adivina suculenta, bebiendo Coca-Cola light. Un gran gag.
ESTILOSA. En la edición digital de El País, una de esas ventanas publicitarias que dispersan la atención del lector ofrece la oportunidad de adquirir en disco versátil digital Duplicity, de la que pasan el tráiler. Julia Roberts con los años cada vez está más guapa, no es difícil darse cuenta, pero tiene los mismos andares que John Wayne. Vaya, que cuando en una película se recrean con una intención de difícil interpretación para el espectador (como también sucedía en Ocean's eleven) en los movimientos de la actriz yendo de un lugar a otro dando pasos, a uno le viene a la cabeza la imagen del Duque atravesando la calle principal de Río Bravo.
MONOS. Visto ahora tiene una cierta (y malvada, no se puede evitar) gracia que el gorila fuera abatido desde el terrado de una de las dos torres del World Trade Center, ambas derribadas a su vez en sendos accidentes de aviación el 11 de septiembre de 2001. No le llega a la suela de los zapatos a la versión de 1933, desde luego, pero el final del King Kong de John Guillermin (1976) -la pasan en Veo7, ese canal que no emite en dual- está resuelto con una elipsis de sutileza impropia en una serie B (cuando el fotógrafo interpretado por Jeff Bridges deja que la multitud agolpada en torno al simio muerto se interponga entre él y su amada, sospechando la clase de vida que le espera al lado de la ambiciosa modelo), y a la película se le puede encontrar el encanto de estar todavía hecha a mano, como las de antes. Como también es de antes el embeleso de la entonces debutante Jessica Lange (All that jazz y El cartero siempre llama dos veces completarían la trilogía de su atractivo físico), hoy notoriamente perjudicada por los rigores otoñales.