GREGARISMO. Hace unos pocos años The artist arrastró a los cines multitudes de espectadores ávidos de ver una película muda y en blanco y negro (¡y francesa!), algo a lo que en condiciones normales, es decir, sin el ruido de los Oscar, pocos se hubieran atrevido. Con La ciudad de las estrellas. La la land está ocurriendo lo mismo. Gracias al refrendo de la Academia de Hollywood y su consiguiente repercusión mediática -a pesar del batacazo final, seis premios son seis premios-, son legión quienes han sentido una repentina y nunca por ellos antes imaginada necesidad de revisar una cinta de un género, como es el musical, denostado, menospreciado, olvidado y considerado pasado de moda por el público contemporáneo.
PARADOJA. Mi fascinación por los viejos musicales de Fred Astaire o Gene Kelly es inversamente proporcional a mi destreza para el baile.
HOLLYWOOD: ''Bosque de acebos''.
LEGADO. La mayor parte de su longeva vida la había dedicado a ver películas. Por eso, al hacer su testamento vital se creyó moralmente obligado a, llegada la hora, donar su cuerpo a la ciencia. Concretamente a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas americana.
FILOSOFÍA. Yo soy yo y mi cinefilia.
CITA. ''Los Oscar son, ante todo, los premios que la industria de Hollywood concede a aquellas obras y a aquellas personas que mejor responden a sus intereses en un momento dado, que poseen un valor fundamentalmente comercial, de lanzamiento o consagración de unos productos determinados. Sacar a los Oscar de este enfoque es extrapolar su significado, otorgarles una relevancia que no va acorde con su carácter de mero indicativo industrial'' (Fernando Lara, revista Triunfo, 10/04/1976).
lunes, 3 de abril de 2017
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