lunes, 20 de mayo de 2013

ALGUIEN TENÍA QUE DECIRLO

En una entrevista en la edición digital de Diario de Ibiza en el verano de 2011, Juan Suárez le preguntaba a Paula Vázquez -a sueldo de Cuatro pero haciendo pasillos en aquel entonces- si no consideraba hacer alguna película para entretener la espera de propuestas para hacer de presentadora. Así de fácil. El arte del celuloide como recámara del consumo de tele barata. ¡Quién lo hubiera imaginado hace solo unos pocos años! Que la caja tonta ha acabado fagocitándolo todo es una realidad irrefutable. Buena parte de la oferta teatral comercial de hoy únicamente existe para rentabilizar la popularidad adquirida por los intérpretes a través de sus apariciones en la pequeña pantalla. En el cine, tres cuartos de lo mismo. No es de extrañar por tanto que el actor contemporáneo haya transmutado en un todoterreno capaz de moverse en los diferentes lenguajes... con fastidiosa pátina televisiva. Admítase de una puñetera vez.

Consecuencia de la llegada progresiva de las cadenas privadas y de la TDT, el incremento de la demanda significó la seguridad de un salario fijo en una profesión como la de actor caracterizada por la incerteza y la intermitencia laboral, pero ha transformado su trabajo en rutinario, mecánico, burocrático, monocromático, poco arriesgado, aburguesado. Un actor perpetuado en la pantalla doméstica pasa al cine o a los escenarios contaminado. Incapaz de verlo por ceguera propia o mediatizado por razones de amistad personal o de intereses entre grupos mediáticos, la crítica de aquí suele pasar de puntillas sobre el asunto. No es el caso de Fabienne Darge, que en ''El Misantrop révèle la difficile fabrique du théâtre catalan'', crónica de la representación de la obra de Molière en el TNC de Barcelona, publicada en el digital del periódico francés Le Monde el 8 de junio de 2011, aseguraba sin condicionantes ni colorantes que los protagonistas principales de la función, Jordi Boixaderas y Marta Marco, "jouent comme dans un feuilleton télévisé". Para acabar rematando con una impresión sobre los comédiens catalanes en general (extrapolable a los españoles): "Quand ils veulent jouer surtout dans leur espace linguistique -ce qui n'est pas le cas de tous-, sont contraints d'enchaîner les rôles à la télévision, et le jeu théâtral s'en ressent".

En el caso de Boixaderas, un fijo de los culebrones de TV3, cabría añadir además lo dificultoso de discernir si la rigidez y estatismo interpretativos entrevistos a lo largo de tantos años en Poble Nou, Laberint d'ombres, Ventdelplà o El cor de la ciutat, por citar los más recordados, es real o solo una percepción condicionada por la inevitabilidad de relacionar su (grave aunque escasamente versátil) voz con el doblaje e identificarla, muy singularmente, como la del narrador en off de incontables documentales emitidos por el canal 33.

lunes, 6 de mayo de 2013

QUE TREINTA AÑOS NO ES NADA... (II)

Tras los intentos previos fallidos de La venganza, Plácido, Los Tarantos, El amor brujo, Tristana, Mi querida señorita, Ese oscuro objeto del deseo, Mamá cumple 100 años y El nido, la cinematografía española obtiene el 11 de abril de 1983 su primer Oscar a la mejor película en habla no inglesa gracias a Volver a empezar, un melodrama romántico otoñal protagonizado por un profesor -ganador del Premio Nobel de Literatura, que regresa temporalmente de su exilio en los EE. UU.- y la mujer a la que amó en su juventud. Antes del reconocimiento internacional, público y crítica locales habían dispensado indiferencia absoluta al film dirigido y producido por Garci.

"La mayor ovación de la noche la tuvo Mickey Rooney cuando, después de haber contemplado su larga vida de actor, desde que era un niño, condensada en seis minutos, le entregaron el Oscar honorario. Luego, Jack Lemmon me dio un abrazo y me dijo algo que no podré olvidar: 'Si alguna vez necesitas un actor de mediana edad, algo cascado, piensa en mí'. Liza Minnelli me felicitó también, extrañamente afín y contenta. Lou Gossett jr., también con su Oscar en la mano, hablando español, intercambió felicitaciones conmigo. Spielberg me dijo que mi discursito al recibir el Oscar había sido el más emotivo, porque dije que mi sueño, desde niño, cuando veía las películas americanas, era recibir un Oscar, y hablé del triunfo que representaba para un equipo, para una cinematografía nacional, y recordé a Alfonso Sánchez, el amigo desaparecido" (José Luis Garci).