Tiene su gracia (o tal vez no) que sea en la radio donde actualmente se ve mejor cine. En su rentrée tras las vacaciones, Videodrome (RNE3, sábados por la tarde) dedica un programa al mito del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Con el apreciado detalle de obviar la aportación de Paul Naschy a la causa, en beneficio de la posibilidad de escuchar la pervertida voz de Julia Roberts en Mary Reilly (pervertida por el doblaje al español). La en otros tiempos volcánica y volátil sentimentalmente novia de América (en sus eclécticas relaciones con el género humano masculino jamás hizo prisioneros) es mucho mejor actriz de lo que tradicionalmente le ha concedido la crítica y de lo que los peajes del negocio del cine le han permitido demostrar, pero bastante menos de lo que su cachet -y por lo tanto su posición en la industria- pudo hacer creer durante un buen puñado de años. Al parecer, pretty woman tiene todo lo que hay que tener y bien puesto, de lo contrario sería un duro puñetazo al hígado de su ego que donde mejor ha estado como intérprete haya sido precisamente en la producción de Stephen Frears y en Michael Collins, dos películas de época, con escaso eco de taquilla, en las que accedió a llevar a cabo un papel completamente subordinado al argumento y aparecer con unas caracterizaciones insólitas que poco tenían a ver con su imagen más conocida y comercializada en convencionales comedias románticas (larga cabellera aleonada, holgados jerséis siempre un par de tallas más grandes de lo necesario, sonrisa dentífrica...).
Para comprobar el alcance del efecto causado sobre toda clase de seres animados por el atractivo de la actriz nacida en Georgia (de los EE. UU., no de la URSS) en octubre de 1967, es de obligada visión ''Orangutans with Julia Roberts'' (1998), un documental realizado por Nigel Cole para la cadena de televisión norteamericana PBS, perteneciente a la serie In the wild (emitida en varias ocasiones por el canal 33 y TVE2). La película relata -con la estructura narrativa de Apocalypse now, muy curiosamente- su itinerario por la isla de Borneo para verificar los trabajos realizados con el fin de preservar algunas especies en peligro de extinción. Remontando río arriba, con sus correspondientes etapas, la capitana Roberts-Willard encuentra finalmente su coronel Kurtz particular, un espectacular ejemplar de mono antropomorfo que tras un rato de disimulado estudio termina por hacer lo que le hubiera gustado a cualquier homínido macho heterosexual: abrazarse a la estrella. Del desigual combate no se muestran en el documental más imágenes que las del inicio de la rápida reacción de los ayudantes en pos de hacerle entender al desinhibido simio lo inapropiado de la idea que, si es verdad que comparten el 97% de los genes con el hombre, sin duda pasaba en esos momentos por su enorme cabeza.