(House of sand and fog)
EE. UU. 2003
Dir.: Vadim Perelman
Int.: Jennifer Connelly, Ben Kingsley, Ron Eldard, Frances Fisher, Kim Dickens, Shohreh Aghdashloo
BSO: James Horner
La disputa por una casa entre su anterior propietaria (desalojada debido a un error burocrático durante una etapa personal difícil) y su nuevo comprador (un ex militar iraní huido de su país y emigrado con su mujer e hijo a los EE. UU.) acaba en un terrible drama, consecuencia de la incredulidad de la joven por la situación y del exceso en sus funciones del policía que trata de ayudarla. De manera sorprendente, entre todos los personajes el único que actúa con responsabilidad y respetando escrupulosamente la legalidad es el del extranjero del Oriente Próximo, en un detalle atípicamente progresista dentro del cine comercial norteamericano.
Con escenas planificadas y realizadas torpemente (como la del tiroteo desencadenante de la tragedia), y centrándose en la trama de intriga en perjuicio de otros temas presentes en el guión pero meramente apuntados (el miedo del emigrante a la deportación, lo absurdo de la burocracia, la fatalidad, la importancia de las apariencias...), la película podría pasar por uno más de los dramones familiares de las sobremesas televisivas, pero gracias a una más que correcta Jennifer Connelly (Labios ardientes) y al carismático Ben Kingsley (Gandhi) logra mantener el tipo.