jueves, 18 de enero de 2007

AGUA, TETERAS Y DRAGONES

Llevo varias semanas poniendo la mente en blanco e intentando imaginarme que soy una tetera. Ahora con agua, ahora sin agua... Pero no hay manera, oiga. ¿Quiere ello decir que el anuncio de un moderno vehículo motorizado de cuatro ruedas protagonizado por Bruce Lee no funciona? Todo lo contrario. El espectador queda hipnotizado cuando escucha las magnéticas palabras del antiguo héroe de las películas de kung-fu, cargadas de esa filosofía zen tan del gusto de la superficialidad occidental. Y al anuncio hay que reconocerle su mérito: ¡en blanco y negro y en V. O. S.! Todavía hoy dos de los anatemas de la cosa audiovisual de por aquí. De momento no se conoce que haya habido heridos.

¿Por qué no lo han coloreado y no se le ha doblado la voz como otras veces han hecho con George Clooney Nicole Kidman, o Julie Christie cuando se bañaba con jabón Lux? Misterios de la publicidad y de las privilegiadas cabezas de sus creativos. ¿Creativos? Vamos a llamarles ladrones de cadáveres. Porque en este spot lo que se dice crear han creado poco. Rebuscar en archivos y tumbas. Reciclar, como se dice ahora. Y cobrar presumiblemente mucho: son creativos y tienen que comprarse muchas gafas de colores.

Me ha gustado, sin embargo, reencontrarme con Bruce Lee. Lo descubrí a mediados de los años setenta, cuando la serie Kung fu ya había puesto de moda las artes marciales y el interés por todo lo oriental. Para cuando vi Kárate a muerte en Bangkok, El furor del dragón, Operación Dragón, o la serie Longstreet en la tele (donde hacía de entrenador de James Franciscus y a uno de cuyos episodios he leído en algún sitio pertenece el texto citado por él de manera sobreactuada en ese fragmento de una entrevista televisiva ahora recuperada), el actor de Hong Kong nacido accidentalmente en San Francisco (California) ya había fallecido. Sucedió en 1973 y en circunstancias extrañas que lo emparentan directamente con Elvis, Marilyn o Paul McCartney (sí, han leído bien). Como ellos murió joven y dejó un bonito cadáver. Elvis no tanto, es cierto. Inmediatamente se convirtió en un mito. Y para revisarlo resulta muy interesante la película documental La leyenda de Bruce Lee, realizada en 1984 por el habitualmente productor Leonard Ho, que sigue toda su trayectoria desde su éxito como estrella infantil hasta su multitudinario funeral.

Mientras tanto, y aunque no entra en mis planes comprarme el coche, cada vez que pasan el anuncio por la tele me detengo en lo que estoy haciendo, miro nuevamente aquella cara que llevaba tantos años sin ver y, aunque el asunto de la tetera y el agua me resulta muy complicado de entender, pienso en el buen aspecto que teníamos cuando estábamos vivos.