El pasado 17 de diciembre, el imprescindible programa de radio Voces con swing (RNE1, madrugada de los domingos) rememoró el sexagésimo aniversario del tardío estreno en España de Casablanca. Y lo hizo, como es habitual en el rítmico espacio de José Luis Rubio, de manera muy bien documentada musicalmente y con la autoridad que da al presentador dominar el material manejado.
A pesar de -o quizá gracias a- haber sido edificada sobre inconvenientes (fue un proyecto arrancado con escepticismo, los actores no eran los inicialmente previstos, el guión se reescribió continuamente durante el rodaje...), Casablanca es una película que ha logrado superar todas las pruebas del algodón del paso del tiempo. Tal vez porque trata de historias de ayer, de hoy y de siempre, es un film que conserva intacta toda su capacidad de emocionar. Escenas como la de La marsellesa o todas las compartidas por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman continúan poniendo la gallina de piel.
Bogart, ¡qué actor! Un ligero rictus facial y era capaz de expresar todo. El que mejor ha hablado por teléfono en la historia del cine. Y de los pocos privilegiados a los que basta sólo con el apellido para referirse a ellos. Aunque en vida ya era considerado una gran estrella, no fue hasta los años setenta del siglo pasado -en buena parte debido a Woody Allen y Sueños de seductor- cuando se cimentó el mito Bogie, con su personaje convertido en modelo clásico tantas veces imitado pero nunca igualado. A principios de esa misma década TVE1 le dedicó un ciclo con sus películas fundamentales titulado, si la memoria no me falla, ''Su nombre es Bogart''. Ese fue el comienzo de una gran amistad cinematográfica no defraudada después jamás por ninguno de los dos.
Obviamente, Casablanca no era el mejor sitio para ir a tomar las aguas. Pero la reunión de una larga lista de actores excelentes y de variadas nacionalidades (estadounidenses, suecas, húngaros, británicos, alemanes, austriacos) contribuyó a conferir a la obra maestra del artesano Michael Curtiz la atmósfera cosmopolita y de provisionalidad que requería la ciudad norteafricana (neutral y lugar de paso durante la II Guerra Mundial) recreada en estudios hollywoodenses. Y si como decía la publicidad nunca hubo una mujer como Gilda, tampoco ha habido otra película como Casablanca, con semejante repertorio de extraordinarios diálogos. Entre los cuales, por cierto, la frase "Play it again, Sam" nunca se dice. Ni por Ilsa ("Play it, Sam. Play 'As time goes by'"), ni por Rick ("Play it").