lunes, 3 de julio de 2017
... SI LO EXIGE EL GUION
Falto del carisma de los héroes chandlerianos, Mike Hammer -hijo de Mickey Spillane- pasa por ser, de todas formas, el más duro de los detectives literario-cinematográfico-televisivos. Arquetípico, por supuesto. Individualista, arrogante, perdedor, escéptico, melancólico, siempre al límite de la ley... Stacy Keach encarnó al personaje en una serie -mediocre- que TVE1 estrenó en febrero de 1985. En su afán por recrear la atmósfera de los clásicos negros, la producción rozaba el ridículo en algunos detalles. Por ejemplo que Hammer llevara sombrero, una prenda ya extemporánea en los años ochenta del siglo XX, época en la que el serial se situaba. Otro aspecto incomprensible, fuera de lugar, era la gran cantidad de mujeres esculturales, jóvenes veinteañeras con apariencia de modelo de catálogo de moda, talla XXXL de sujetador en escote generosísimo, ''púberes canéforas que corren a ofrendarle los reojos y el acanto'' -como escribió en su día el diario Abc- al cuarentón detective compuesto por el también protagonista de Fat city. Estos encuentros, casuales y fugaces, eran callejeros y sin venir a cuento argumental. Juegos de miradas atrevidas y nada más, pues cada uno seguía su camino sin detenerse. A mí me está ocurriendo algo parecido desde hace unas semanas, lo confieso. Últimamente me he topado accidentalmente con un par de sugestivas mozas con quienes he mantenido inhabituales desenvueltos intercambios oculares callejeros. Después, en un supermercado, una mujer -probablemente ecuatoriana; shorts y blusa diminutos- requirió mi ayuda en su búsqueda de la estantería de los champiñones. En otro súper, de una cadena distinta al anterior, otra muchacha me preguntó -en inglés- si el bote que había cogido era de pimienta. (Haberse cumplido la semana previa el cincuentenario del disco de portada más psicodélica de The Beatles me lo puso fácil: ''Black pepper'', le confirmé. Pero también le dije -en el idioma de Ringo Starr, of course- que ''mi Pimienta favorito era el sargento de la Banda del Club de Corazones Solitarios''. Sonrió). Además, una dependienta de una tienda de comestibles muy conocida me invitó a probar una cereza, ajena por supuesto a la connotación adquirida por la fruta desde Nueve semanas y media (qué iba a saber, si por edad podría ser nieta de Kim Basinger). ¿Me han cambiado los guionistas que escriben mi vida y no me han avisado?