lunes, 6 de marzo de 2017

UN FINAL 'MADE IN HOLLYWOOD'

RADIO SHOW. El verbo siempre atropellado de la presentadora le lleva a inventarse subgéneros (de ''wéstern de deshaucio'' califica a uno de los films nominados); sin embargo, el especial de La script (Cadena SER) para tan señalada cita ha recuperado los niveles mínimos exigibles a fin de tener una idea, más o menos aproximada, más o menos fiable, de lo sucedido en el teatro Dolby. Aunque cortar antes de tiempo, pasados algunos minutos de las seis de la mañana, después de estar toda la noche al pie del cañón, habiéndose anunciado el premio gordo pero con el acto todavía por terminar, únicamente por no restar más minutaje a Hoy por hoy, el (escuchadísimo y, en cuanto a duración, desmesurado: seis horas y veinte diarias) magazine de información y entretenimiento, es un sinsentido periodístico. María Guerra justificará más tarde el corte ''porque los productores nunca dicen nada interesante''. ¿Lo es, acaso, esa información política (lo mismo un día tras otro: Trump, la corrupción política, el idependentismo catalán) para no poder esperar un cuarto de hora más? Lo cierto es que el programa concluyó con la prevista victoria de La ciudad de las estrellas. La la land; pero cuando el oyente-cinéfilo somnoliento, ya afeitado y desayunado, acudió a informarse de las primeras noticias y se encontró con otra película, Moonlight, de ganadora empezó a dudar de sus condiciones neurológicas. Dos opiniones elevaron el nivel de La script: 1) uno de los invitados sosteniendo que para ver la diversidad racial reflejada en el celuloide, tal y como se reclama a voz en grito, importa más la nominación de negros en las categorías de guionistas -proponedores de historias, argumentos, temas, miradas...- que en las de actores -meros intérpretes de los papeles-. Y 2) una joven asistente como público en el estudio de radio explicando que, según su punto de vista, el mensaje de La la land no prioriza la ambición por el éxito profesional por encima de la felicidad por la realización personal, ni viceversa; una reflexión expresada de improviso y, sorprendentemente para lo oído de habitual en profesionales de la cosa, de manera perfectamente estructurada.

HOST. De estilo natural; más de sonrisa que de carcajada; crítico pero sin hacer sangre; divertido sin pretender resultar gracioso. Jimmy Kimmel invitó al auditorio a ponerse en pie y ofrecer ''un aplauso totalmete inmerecido'' a la ''sobrevalorada'' Meryl Streep (convertida en madre espiritual del movimiento anti-Trump de Hollywood); y continuó con las bromas sobre Matt Damon acostumbradas, se ve, en su espacio de la cadena ABC (silenciando incluso su nombre -''Ben Affleck y acompañante''- cuando la en su día oscarizada pareja de guionistas de El indomable Will Hunting salió a presentar un premio). Ser un maestro de ceremonias participativo ayudó a dar ritmo a la gala.

LÍO. ¿Hizo bien Warren Beatty deduciendo (porque la cartulina era la del Oscar de Emma Stone como mejor actriz) que La la land era la triunfadora? ¿Debería haber parado la función y avisado del error? No era una decisión sencilla de tomar en tan escasos segundos. Se arriesgó en la alternativa que aunque fuera por casualidad podía salir bien y ocultar la equivocación y evitar, como final y fatalmente acabó ocurriendo, ver el escenario convertido en un remedo del camarote de los Hermanos Marx. No obstante, nada como el showbiz norteamericano para retroalimentarse incluso de sus fallos y, no les quepa duda, la gran metedura de pata será convenientemente rentabilizada en el guion del año próximo.