lunes, 21 de marzo de 2011

DORIAN GRAY EN EL KODAK THEATRE

IN. La perfección técnica del vídeo inaugural con los hosts apareciendo dentro de las películas candidatas; con todo, una idea no tan "innovadora" como algunos escribieron (ya se hizo en épocas de Billy Crystal y David Letterman). La naturalidad, el desparpajo y la preparación (actúa, canta, baila...) de la (además) bella Anne Hathaway, cuyo atractivo, grande como (casi) todos los accesorios físicos de serie que la adornan (ojos, boca, dientes, orejas), demanda no sólo más ingenio en la escritura de los guiones sino un hombre como los de antes de partner, en lugar de ese James Franco con "sonrisa de Gato de Cheshire engreído" (según afilado apunte de Tim Goodman en The Hollywood Reporter). Reconociendo la profesión como una rama más del negocio, la inclusión de un agente artístico, Edward Limato, en un in memoriam tribute donde los olvidos (Maria Schneider, Corey Haim, Jean Simmons, Luis G. Berlanga) no por habituales son menos incomprensibles. La queja de Charles Ferguson (documental, Inside job), recordando para vergüenza general que ningún culpable de la crisis económica global radiografiada por su film paga por ello en la cárcel. Randy Newman (canción, Toy story 3), un valor seguro de la ceremonia: no goza de la consideración de otros compositores pero veinte nominaciones y dos Oscar le contemplan. Natalie Portman (actriz principal, Cisne negro); el muy merecido reconocimiento a una pequeña (1,60 m) gran intérprete (Heat, Beautiful girls, A cualquier otro lugar, La fuerza del amor) con una carrera llevada sin estridencias y de manera inteligente. Los paralizantes (pero legítimos) nervios de Colin Firth (actor principal, El discurso del rey); premio a un corredor de fondo que ya estuvo en las oscarizadas El paciente inglés y Shakespeare in love. En el año del rejuvenecimiento definitivo de la gala, el mejor de la noche fue un achacoso anciano de 94 años: apoyado en un bastón y con una (imperdonable) máscara como cara, Kirk Douglas estuvo ligón con la Hathaway y juguetón con los nervios de las actrices secundarias candidatas al dilatar más de lo recomendable la apertura del sobre ("You know...").

OUT. Conocida a lo largo de la madrugada, la noticia de la muerte de Amparo Muñoz (Tocata y fuga de Lolita, La otra alcoba, Mamá cumple 100 años, Dedicatoria, El balcón abierto, Lulú de noche y Familia, entre lo frecuentable de una filmografía con tantos vaivenes como su vida privada); fue Miss España 1973 y Miss Universo 1974, hubiera podido comerse el mundo pero el mundo la acabó devorando a ella (fallece con 56 años, fagocitada por la fama, sentimentalmente siempre a la deriva, adicta a sustancias prohibidas...) ¿Qué se hizo del anunciado (pero no visto) número musical de Grease? Gwyneth Paltrow, por cambiar sus (nada del otro mundo pero) resultonas facciones para incorporarse al cada vez más concurrido (y aterrador) club de los botoxmizados (Nicole Kidman, Sandra Bullock, ¡Billy Crystal!...). La ridícula (vista a este lado del Atlántico) provocación del beso en los labios entre Josh Brolin y Javier Bardem, prudentemente censurado por la cadena ABC gracias a los 7 segundos de décalage de la realización en falso directo ("por no estar en el guión", justificó el productor de la retransmisión). "No lo he podido oír porque estábais despellejando su peinado"; la estocada de(l resignado) Javier del Pino a Gemma (kumbayá) Nierga, al preguntarle ésta el porqué de la emoción de Tom Hooper en su parlamento (director, El discurso del rey), resume a la perfección en qué se ha convertido el (antes) esperado (y ahora temible) especial de la Cadena SER desde la desaparición de los de El cine de Lo Que Yo Te Diga: el criterio cinéfilo (Jaume Figueras) arrinconado en favor del comadreo rosa (Boris Izaguirre, abusivo como las referencias a su "marido"). El ninguneo a los (excesivamente pagados de sí mismos) hermanos Coen (Valor de ley: 0/10). La inclinación de Hollywood a galardonar interpretaciones de personajes con taras (tartamudez en El discurso del rey, esquizofrenia en Cisne negro) o transformaciones corpóreas radicales (Christian Bale, actor secundario, The fighter). Con la estresante presencia cotidiana de las denominadas nuevas tecnologías, ¿se atreve alguien a afirmar que la contemporaneidad de La red social (montaje, guión adaptado, música original) sea de verdad la derrotada frente al (siempre eficaz) clasicismo británico de El discurso del rey (película, dirección, actor principal, guión original)? La persistencia de la prensa española en la pretensión de la existencia de un voto colectivo de la Academia (en lugar de una suma de gustos individuales). La heterogeneidad de las elegidas como mejores películas en los últimos cinco años (El discurso del rey, En tierra hostil, Slumdog millionaire, No es país para viejos, Infiltrados) refuta que, más allá de año en año, pueda hacerse una lectura del palmarés en clave de tendencias del cine estadounidense. El show: tan insípido como James Franco (para Toni García, en El País, "guapo como siempre y soso como nunca").