Crítico primero y después guionista destacado, fue el director del cine de la Transición. Ninguneado por las envidias del Oscar de Volver a empezar, amagó con abandonar la profesión. Cuando regresó, agotada la coyuntural fórmula de su éxito (cóctel de amargura, nostalgia y autocomplacencia), desempolvó melodramas beatos de los años cincuenta. Un giro de su filmografía tan radical como el también observado ideológicamente: de compañero de viaje del PCE a intelectual del aznarismo. Presentó en televisión Qué grande es el cine, cita semanal inexcusable apreciada por la selección de títulos pero reprobada por su emisión doblada. Ha hecho radio, escrito y editado libros, dirigido teatro... Desdeñado desde el primer momento por el diario El País, José Luis Garci ha compartido durante décadas en Abc su cinefilia y resto de aficiones.
''Debido a la escasez de medios con que suelen trabajar, los directores 'B' son concisos, sencillos, con un envidiable poder de síntesis en la puesta en escena; por lo mismo, son tipos enormemente dotados para las elipsis y los 'flashbacks', creadores de ritmos con una fluidez pasmosa, y, naturalmente, por su continuo ir y venir de una historia a otra, los mejores para el cine de género: 'westerns', películas 'negras', obras de ciencia-ficción, etcétera. En las filmografías de la mayor parte de los directores 'B' norteamericanos no es difícil encontrar secuencias magnéticas, de una belleza deslumbrante; momentos de cine que captan 'lo eterno' -el amor, la duda, el odio, esa cosa manida que llamamos la vida- de una forma tan natural como perfecta, y con una fuerza de comunicación, de inmediatez , que nos conmueve en lo más profundo. De ahí que muchas películas 'B' sean hoy incontestables obras maestras'' (2/6/1989).