Cuatro ofrece el partido de Liga de fútbol Bilbao-Granada. Es un viernes laborable y son las ocho y media de la tarde. En al menos tres ocasiones los locutores se felicitan (y sorprenden, se diría) por la "muy buena asistencia" de público al campo (media entrada larga, sin llegar a los tres cuartos). No dicen, y por lo tanto silencian, y por lo tanto ocultan, que la culpa de que el nuevo y todavía inacabado San Mamés no se haya llenado (como tiene por admirable costumbre) es suya, de las televisiones que pagan e imponen esos (irracionales) horarios. Irrefrenables en su incontinente verborrea (causante en el espectador de instintos destructores hacia el aparato receptor), Carrasco y Kiko, los "comentaristas técnicos", cuando el encuentro va consumiéndose, abogan por la sustitución de Aduriz para facilitar su aclamación por la parroquia local. Pero cuando la (esperable) circunstancia se produce, la ovación se escucha pero no se ve. De pulso nervioso, excitado, como se estila ahora, el realizador televisivo prioriza la congelada repetición de uno de los tres goles del héroe de la velada en detrimento de lo que está sucediendo en vivo, de lo noticiable, de lo previamente deseado por sus propios compañeros de retransmisión. ¿Es posible hacerlo peor? Por supuesto. Unas semanas más tarde otra impericia impide ver el empate del Bilbao en el campo del Villarreal. En plena ofensiva vasca, a pocos minutos de llegar al noventa y mascándose el gol, la realización (¿el mismo artista de la vez anterior, quizá?) coloca inoportunamente la cortinilla avisadora de las repeticiones (los escudos de ambos clubs) en mitad del centro que Aduriz cabeceará al fondo de la portería valenciana (se ve cómo Iturraspe inicia el gesto del pase pero no el impacto con la pelota ni su consecuencia posterior). Eso sí, después, gracias a los replays centro y remate se verán infinitas veces desde todos los ángulos imaginables.
Semejantes torpezas, merecedoras de figurar por méritos propios en lugar destacado de un eventual museo del horror catódico, no deberían ser desaprovechadas por facultades de Comunicación o academias de enseñanza de lo audiovisual para ser presentadas ante los alumnos como ejemplos (ejemplares) de chapuza televisiva.