Crítico primero y después guionista destacado, fue el director del cine de la Transición. Ninguneado por las envidias del Oscar de Volver a empezar, amagó con abandonar la profesión. Cuando regresó, agotada la coyuntural fórmula de su éxito (cóctel de amargura, nostalgia y autocomplacencia), desempolvó melodramas beatos de los años cincuenta. Un giro de su filmografía tan radical como el también observado ideológicamente: de compañero de viaje del PCE a intelectual del aznarismo. Presentó en televisión Qué grande es el cine, parada inexcusable apreciada por la selección de títulos pero reprobada por su emisión doblada. Ha hecho radio, escrito y editado libros, dirigido teatro... Desdeñado desde el primer momento por el diario El País, José Luis Garci ha compartido durante décadas en Abc su cinefilia y resto de aficiones.
''Bien agitado, el Discurso del Método según Brando produjo un impacto tremendo entre los miles de aspirantes a actores que soñaban con hablar de sí mismos mientras actuaban. Marlon podía ser, a la vez, un tipo duro de la vieja escuela y una persona frágil. Transmitía virilidad sensible, nada que ver con las de Gable o Errol Flynn, y con ella volvía locas a las jovencitas e, igualmente, comunicaba una esperanza de sexo y romanticismo a las mujeres maduras, a las que calentaba con la idea de que podía hacerles el amor al mismo tiempo que tomaban el té, lo que jamás hubiera hecho John Wayne. Es decir, una nueva manera de ser hombre. Atractivo sexual e intelectual'' (4/7/2004).