BOSTEZO. Cuando oigo que los invitados de ese sábado en Tres en la carretera (RNE3) son dos actores -los protagonistas de Tres 60-, hago una apuesta (ganadora) conmigo mismo: mucho más temprano que tarde (no solo "de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor", como dijo el inolvidado presidente chileno Salvador Allende el fatídico 11 de septiembre de 1973, sino que) Isabel Ruiz Lara, la presentadora del programa, acabará interrogándoles por las características de los papeles interpretados en la opera prima de Alejandro Ezcurdia. Y efectivamente, a la segunda: "Contadnos cómo son vuestros personajes". A fuerza de utilizarla todos, la preguntita de marras ha terminado convirtiéndose en clásica. De quienes no saben qué preguntar, siempre pienso. A los actores les encanta cuando se la formulan, solo hay que oír cómo se les ilumina la cara/voz al poder explayarse (con más pelos y señales de los necesarios) sobre sus vivencias personales, pero ¿al oyente/espectador potencial le interesa el asunto? Tanto como que le desvelen el final de las películas. Los yankees son capaces de hacer creer que cualquiera de sus bodrios de (d)efectos especiales y guion de página y media encierra en realidad una sesuda reflexión sobre lo humano y lo divino, pero en el cine español –a excepción del siempre fantasioso Almodóvar- no saben vender su "producto" (se definen como artistas pero hablan como operarios): aburren con soporíferas explicaciones de estructura tipo redacción escolar ("mi personaje es tal, y es un personaje que blablablá ..."), en lugar de intentar cautivar apuntando al alma de la cosa.
DIFERENCIA/DEFERENCIA. Contrasta la soltura con que la prensa se refiere como "pederasta" al antiguo oficial del Ejército iraquí y hoy ciudadano español (a través de una vía matrimonial ya extinguida) con el nombre de Daniel Galván Viña, "equivocadamente" indultado de su condena de prisión por el rey de Marruecos (en decisión después revocada), con el calificativo de "genial director" dispensado habitualmente a Roman Polanski.
EUCARISTÍA. Convocó a sus "sospechosos habituales", que tal que así se refería a su grupo de amigos íntimos, a una sesión de viernes noche. El menú consistió en Centauros del desierto de primero, y de segundo, El hombre que mató a Liberty Valance; un vaso de whiskey cosecha de 1952, probablemente importado de la taberna de algún irlandés de Innisfree, de postre. Antes de entregarse a los placeres de semejantes manjares, él mismo se encargó de hacer las bendiciones: "En el nombre de John Ford, y del Hijo, y del Espíritu Santo". "Amén", aprobaron todas las voces.