SCHERZO. Aprovechando la invasión de italianos que este verano sufre/sobrelleva/disfruta la isla de Ibiza, probablemente desviados (que no invertidos, cualquier mujer -indígena o turista- se lo podría confirmar) desde la vecina Formentera, donde ya no debe caber ninguno más, me lanzo sin ningún tipo de complejos a hablar la lengua de Adriano Celentano con una ragazza morena con nombre de antigua tenista checoestadounidense lesbiana, a la que intento convencer sobre las bondades del pan con tomate bañado con aceite de la Genco Oil Pure Company. Mi inconfundible acento, característico de los barrios neoyorquinos dominados por las famiglie Corleone, Cuneo, Barzini, Stracci, Tattaglia y demás, no hace sino resaltar los provechosos frutos del curso intensivo que ha supuesto revisar la trilogía de El padrino de Francis Ford Coppola, ofrecida a lo largo de tres consecutivos domingos de junio por Paramount Channel (ruega por nosotros, espectadores, ahora y en la hora del tedio cinematográfico. Amén). Es verdad que las críticas (unánimemente adversas) recibidas por Sofia Coppola, hoy reconocida regista, hija de su padre en la realidad y de Michael Corleone en la ficción de la novela de Mario Puzo, por su interpretación (es un decir) en la tercera entrega de la saga fueron merecidas; pero también es justo reconocer que su desplome en el tiroteo que le cuesta la vida a su personaje en la operística secuencia final é di una perfezione difficilmente discutibile. Como tampoco es objetable su actuación en la primera de las partes cuando, con escasos meses de vida, encarnó al llorón Michael Francis Rizzi, el hijo de Connie, en la secuencia de su bautizo. Es decir, que una niña hizo de niño y no hubo espectador ni crítico que repararan en ello.
GÉNESIS. En el principio eran los títulos de crédito.
FLECHAZO. La frescura exhibida cuando condujo Entrevista presagiaba que simplemente era cuestión de tiempo que Núria Arias soltara el lastre del agarrotamiento, cierta circunspección en el gesto y el no saber cómo poner las manos que la acompañaron en sus primeras semanas al mando de TEF Notícies (TEF), del que también es editora. Pero hoy la presentadora ya sirve la información con la naturalidad y soltura propias de quien domina el terreno que pisa; físico relajado (gesticulación armónica y en su punto exacto); vocalización y modulación del tono según sea el tema correctas; su atractiva figura luce con gusto y estilo peinados y ropa, algo que no puede decirse que haya sido característica habitual en aquella casa.
DILEMA. Veo la tele, ¿luego existo?