OUT. El avejentado (71) Nick Nolte (nominación actor secundario, Warrior), irreconocible mientras no se quitó las negrísimas gafas de sol. Lo predictible de una gala falta de elementos sorpresa y conservadora, arrancada con el ya clásico montaje con Billy Crystal (correcto sin más en su regreso, en juicio generalizado) insertado en las producciones nominadas (un vídeo "parecido a lo que hizo Eva Hache en los Goya", según cándida opinión leída en la web de la Cadena SER). La ridícula (y todavía no explicada) pose mantenida a lo largo de toda la noche por (la guapísima esfinge) Angelina Jolie, mostrando la desnutrida extremidad inferior derecha a través del larguísimo corte de su vestimenta (divertidamente parodiada por Alexander Payne, Nat Faxon y Jim Rash; guión adaptado, Los descendientes). Estuvieron muy ocurrentes creando vocabulario ("oscarexia"), calificando de "colonial" y "propio de Amar en tiempos revueltos" el vestido (de señora mayor, como el peinado) de Penélope Cruz y de "un poco panameño" el color -blanco- de los fraques de Will Ferrell y Zach Galifianakis, y políticamente incorrectos (pero atinados, al fin y al cabo) considerando la conveniencia de que a partir de cierta edad las mujeres se cubran los brazos; pero el especial de La script (Cadena SER) decepcionó porque, entretenidos en sus cosas, hablaron cuando no tocaba y despreciaron olímpicamente el sonido directo del Hollywood and Highland Center; el "vamos a ver si podemos escuchar un poquito la gala" dicho por María Guerra, la presentadora, a las 04:07 h, transcurrida ya una hora y media de sarao, siguió sin concretarse (en buena parte por su culpa, más excitada que ninguno de sus acompañantes). 05:13 h: tomo la decisión de silenciar a los de la radio y, visto lo que hay (hoy todo parece realizado para una audiencia infantilizada), vivir venideros Oscar sin PRISA (pero espero que también sin pausa). Con la (¿cobarde?) retirada me pierdo la emoción de (la gran, versátil, a veces excesiva en sus composiciones y siempre perjudicada por el doblaje español) Meryl Streep (actriz, La Dama de Hierro), la euforia de ese cruce entre Maurice Chevalier y Douglas Fairbanks jr. llamado Jean Dujardin (actor, The artist), y (el déjà vu de) la (triple) dedicatoria a Billy Wilder de un Michel Hazanavicius (dirección, The artist) nuevamente subido al escenario para la traca final, escuchada (ignoro con qué reacción) por un Fernando Trueba compuesto y sin recompensa (nominación película de animación, Chico y Rita), vestido con el mismo (aunque reciclado) traje de cuando lo de Belle époque (película en habla no inglesa, en marzo de 1994). Que la prensa no haya aprovechado la coyuntura para instruir al personal despistado, si lo hubiere, acerca de que el requisito primordial para optar al premio gordo no es la nacionalidad del film sino la lengua en la cual esté hablado. George Clooney y sus complementos (femeninos, of course), por lo innecesario del numerito.
lunes, 5 de marzo de 2012
NOCHE DE PIERNAS FAMÉLICAS Y PEZONES IMAGINADOS
IN. El show (promocional) de Sacha Baron Cohen "vestido de dictador" (?), vigilado muy de cerca por gorilas de la organización, en una alfombra roja cada vez más mercado persa (y pasarela de modelitos inoportunos: Octavia Spencer, Viola Davis, Michelle Williams, Glenn Close, Virginia Madsen, Melissa McCarthy...). La prolongada condición de invitada habitual de Jane Seymour evidencia la consideración que de ella tiene el establishment, algo difícil de entender por estos lares, donde se le ha perdido la pista hace mucho tiempo y además se la etiqueta (en buena lógica) de televisiva (La línea Onedin, Capitanes y reyes, La doctora Quinn...); a pesar de sus 61 años (aparentemente sin retocar, al menos en exceso) todavía puede adivinarse en ella aquella chica Bond de 1973 (Vive y deja morir). La (coqueta) imagen de Michael Moore: arregladamente despeinado y, de manera insólita, pulcramente afeitado. La extraña (pero acreditada) habilidad para combinar con fortuna (des)peinados y ropa incompatibles de una Cameron Diaz que formó con Jennifer Lopez (protagonista involuntaria de un falso patético rumor propagado) el dúo más atractivo (y, con ajustados vestidos, más elegante) de la velada; en la entrega de los premios de vestuario (The artist) y maquillaje (La Dama de Hierro) consintieron, inteligentemente, bromear acerca de sus bien amueblados traseros. La agitación de (la enmudecida) Octavia Spencer (actriz secundaria, Criadas y señoras), algo consustancial a los actores negros, por lo visto. La esperable, y por lo tanto coherente, ausencia de Woody Allen (guión original, Midnight in Paris); aunque desde que los premios se dejaron de entregar en lunes ya no pueda esgrimir la excusa de la cita con el jazz. El infalible olfato comercial del productor y distribuidor (de acreditadas agresivas técnicas publicitarias, un poder fáctico en sí mismo) Harvey Weinstein, valedor de The artist (película, dirección, actor, música y vestuario), en cuya recreación del paso del cine mudo al sonoro se ha interpretado -también en La invención de Hugo (dirección artística, fotografía, mezcla de sonido, edición de sonido, efectos especiales)- una metáfora de la necesidad de la industria de adecuarse a los nuevos tiempos de cambio (tecnológico) vividos. Lo revolucionario del éxito de una película muda en pleno siglo XXI; un detalle sobre el cual (comprensiblemente, son tiempos de palabrería incontenible) se ha pasado de puntillas.