Visito la web (http://www.ibizaiff.com/) del festival de cine a celebrar en las Pitiusas del 29 de mayo al 7 de junio próximos. A la espera del día señalado me entretengo preguntándome si Ibiza tiene público potencial para acudir en número suficientemente satisfactorio a todos los actos programados. El cinéfilo militante es una minoría minoritaria, el espectador-dominguero estará más pendiente de disfrutar del buen tiempo... ¿Cuál será la respuesta del respetable? ¿Será un festival de, con y para ingleses? ¿Acaso una actividad paralela de alguna/s discoteca/s? Me hago preguntas, pero sólo el viento me traerá las respuestas.
La prensa publica los mismos tópicos de siempre, de anteriores fracasados proyectos: que si Ibiza "es uno de los mejores lugares del mundo para celebrar un festival de cine" (?); que será un "escaparate magnífico"; que servirá para "promocionar la imagen"; que será una de las "grandes bazas para diversificar la oferta y ampliar la temporada turística". Es un festival de cine pero patrocinadores, políticos y medios de comunicación no hablan de películas o del interés artístico del certamen, sino de un supuesto indirecto beneficio turístico. Me temo lo peor, como dijo Joaquín Sabina cuando le preguntaron por el enfado de la ex presentadora del Telediario por lo del chiste de la fulana-funambulista.
Pero no deben preocuparse los hoteleros, constructores, políticos transmutados en maestros de obras y demás interesados (alto interés el suyo, ciertamente) en el "progreso" y la "seguridad" de la isla, porque el Ibiza and Formentera International Film Festival alcanzará sus objetivos. Si se fijan bien, ya parecen adivinarse en el horizonte las masas de turistas con posibles que desde ahora mismo acudirán a veranear gracias al efecto llamada cinematográfico. Serán tantos que después no quedará más remedio que construir más hoteles, puertos deportivos, paseos marítimos, campos de golf, carreteras desdobladas-autovías-autopistas-caminos asfaltados e intersecciones (quédense con este último concepto, nos lo vamos a encontrar en un futuro próximo. En un futuro imperfecto, más bien). Como murmuró el coronel Kurtz en Apocalypse now momentos antes del final de su autogestión en la frontera de Camboya: "El horror... el horror".
Y después les pasaremos el éxito instantáneo por la cara a Cannes, a Venecia, a los Oscar... Y a Peñíscola y Alfaz del Pi, que a pesar de no ser unas marcas tan valoradas comercialmente como Ibiza (allí no se cuece en verano el ruido después padecido en las discotecas de Europa en invierno, ni tampoco soportan nuestra densidad por m2 de pintores-poetas-artistas-polifacéticos venidos de fuera en busca del reconocimiento personal no encontrado en otras latitudes más ilustradas), desde hace más de quince años organizan unos festivales de cine pequeños que han logrado consolidarse gracias a unas programaciones imaginativas que anualmente encuentran una gran acogida entre una clientela fiel, agradecida por lo razonable, cercano y popular de unas propuestas -incluso las complementarias- harto interesantes. Alfaz del Pi resume así el secreto de su éxito: ''cine-baño-horchata''. Simple y eficaz como la sopa de ajo, y además con sabor mediterráneo. Pero a nuestra ignorancia de neocatetos cosmopolitamente provincianos le deslumbra la cocina internacional. Compartimos con los valencianos el mismo sol, mar y cielo azul, pero ellos carecen de nuestra "magia" y "energía". Y tampoco parecen necesitarlas demasiado para que les vaya bien, también es verdad.
Como ha dicho uno de los padrinos del nuevo festival, Terry Gilliam, y a uno de los miembros del arrollador Monty Python's flying circus no seré yo quien le desmienta, "Ibiza tiene una atmósfera especial para hablar de cine". Incontestable. El aire de la isla, debido a la enorme producción de hierbas aromáticas aquí consumidas, está impregnado de un agradable perfume gracias al cual a este cronista -que no fuma ni cigarrillos de menta- a veces le da por reír sin saber exactamente de qué.