Crítico primero y después guionista destacado, fue el director del cine de la Transición. Ninguneado por las envidias del Oscar de Volver a empezar, amagó con abandonar la profesión. Cuando regresó, agotada la coyuntural fórmula de su éxito (cóctel de amargura, nostalgia y autocomplacencia), desempolvó melodramas beatos de los años cincuenta. Un giro de su filmografía tan radical como el también observado ideológicamente: de compañero de viaje del PCE a intelectual del aznarismo. Presentó en televisión Qué grande es el cine, parada inexcusable apreciada por la selección de títulos pero reprobada por su emisión doblada. Ha hecho radio, escrito y editado libros, dirigido teatro... Desdeñado desde el primer momento por el diario El País, José Luis Garci ha compartido durante décadas en Abc su cinefilia y resto de aficiones.
''Me gusta tomarme mi trabajo como una carrera de fondo, así que no suelo hacer más 'flashbacks' que los de mis películas. Reconozco cierta evolución, ya que, en mis inicios, intentaba un cine más juvenil y espontáneo y, con el paso de los años, intento destilar y depurar el lenguaje al máximo y mover la cámara lo mínimo posible. Ya dijo John Ford que hay que tener una buena razón para mover la cámara. Ésa es mi principal obsesión ahora: la sencillez, rodar sin tirones, conmover al máximo, hacer vivir y palpitar al espectador... suena fácil, ¿verdad?'' (22/10/2002).