Crítico primero y después guionista destacado, fue el director del cine de la Transición. Ninguneado por las envidias del Oscar de Volver a empezar, amagó con dejar la profesión. Cuando regresó, agotada la coyuntural fórmula de su éxito (cóctel de amargura, nostalgia y autocomplacencia), desempolvó melodramas beatos de los años cincuenta. Un giro de su filmografía tan radical como el también observado ideológicamente: de compañero de viaje del PCE a intelectual del aznarismo. Presentó en televisión Qué grande es el cine, parada inexcusable apreciada por la selección de títulos pero reprobada por su emisión doblada. Ha hecho radio, escrito y editado libros, dirigido teatro... Desdeñado desde el primer momento por el diario El País, José Luis Garci ha compartido durante décadas en Abc su cinefilia y resto de aficiones.
''Pero no hay duda de que el acierto más grande de 'Peaks' (sic) es el personaje de Dale Cooper, el más original agente del FBI que nos ha ofrecido la pantalla: las dos, la grande y la pequeña. Nunca sabes a qué atenerte con este Cooper bien afeitado y peinado, que viste como un 'brooker', que es limpio, divertido y delicado, frío y maligno. Este tecnócrata de -¿quién sabe?- mente sucia, es un tipo más extraño aún que esa tierra extraña donde trabaja. Nada de lo humano parece que le sea ajeno, tampoco nada de lo inhumano. Ni es el detective amargado de la vieja escuela ni el que aparenta morirse por un buen pedazo de tarta de cerezas. Es un tipo moderno, sin sentido del ridículo, un científico que investiga crímenes y moteles con buenos televisores y buenos desayunos a base de café muy negro y donuts tiernos, al mejor precio. Todo con el mismo interés. Hay una siniestra atmósfera cuando este vidente graba para su invisible secretaria Diana esos memorandums, y hace referencias al paisaje y a los árboles...'' (24/11/1990).