La anacoresis es/debería ser el estado natural del cinéfilo... "¡Estoy escuchando una película!", espeto en casa cuando se proponen distraerme con no sé qué insignificancia doméstica. Y digo "escuchando" y no "viendo", y digo bien, porque me pillan con las orejas de oír pegaditas a la radio, donde el gran Gregorio Parra (¿familiar quizá del homónimo e histórico locutor de atletismo de TVE?) radiografía la actualidad (política, económica, social...), a través de una afilada/inspirada deconstrucción de películas y una para nada gratuita selección musical. Videodrome (RNE3, sobremesa de los domingos) y el televisivo Salvados (La Sexta, noche de los domingos) son citas obligadas para entender el qué y el porqué de lo que está pasando. Digamos que hacen periodismo. Con el pretexto del cincuenta aniversario del asesinato del presidente Kennedy, fragmentos extraídos de Julio César (1953), El mensajero del miedo (1962), Siete días de mayo (1964), El último testigo (1974) y JFK. Caso abierto (1991) -algunas adelantándose con exactitud estremecedora al magnicidio que había de venir-, corroboran que lo de dar golpes de Estado desde dentro del sistema mismo es tan antiguo como el comer. El punto final al fin de semana temático lo puso Jesús Hermida en RNE1, pero el especial Rosas rojas y amarillas. El día que mataron a Kennedy, su anunciada "mirada personal" sobre el asunto, fue un chasco por 1) limitarse a la narración del relato por todos ya conocido; 2) la equivocada entonación de la locutora femenina, propia del rancio consultorio sentimental y de belleza de Elena Francis; y 3) la singular, característica, didáctica, recreada en sí misma y exasperante manera de hablar del veterano y popular periodista del flequillo provoca la dispersión de la atención del oyente, más entretenido en el cómo lo dice que concentrado en lo dicho.
Por cierto, que la película mirada por Lee Harvey Oswald cuando fue detenido por la Policía de Dallas era la bélica situada en la guerra de Corea War is hell (1962, Burt Topper), según dice la página web del mismísimo The Texas Theatre, su refugio tras el tiroteo de la plaza Dealey.