lunes, 28 de enero de 2013

DE LA VIDA DE LAS MARIONETAS

El ciclista Lance Armstrong acude al confesionario de Oprah Winfrey (Oprah's next chapter, OWN) para expiar sus trampas en el Tour de Francia (de manera calculada, fríamente expresada, sin arrepentimiento, buscando la redención de la imagen pública), y la periodista y actriz -nominada al Oscar como mejor secundaria de 1985 por El color púrpura- no tarda en disparar siete proyectiles que, en respuestas monosilábicas, proporcionan al espectador todo aquello que siempre sospechó pero nunca pudo ser detectado por control médico alguno. Pocas horas después y a falta de que la Oprah española, María Teresa Campos -aunque cualquier otro también sería bienvenido-, se atreva a hacer lo mismo con el ya sancionado por el Tribunal de Arbitraje Deportivo aunque todavía no confeso igualmente corredor de bicicletas Alberto Contador, en lugar de montar el Dos de Mayo acostumbrado por el periodismo rojigualdo cuando la sospecha de doping sobrevuela algún deportista de los suyos, es Jorge Javier Vázquez quien, en Sálvame deluxe, somete a la prueba del polígrafo a Miriam Sánchez. En el enésimo capítulo del ¿imprescindible? culebrón de separaciones-reconciliaciones con Pipi Estrada, la antigua artista de cine porno explicó que su de nuevo ex jamás necesitó ayuda química para mantener las prestaciones del órgano copulativo y desmintió que el motivo de esta (pen)última ruptura fuera estar insuficientemente lubricada. Con los cuchillos volando de un lado a otro del plató a lo largo de toda la noche-madrugada, y en una prueba más de los diversos frentes abiertos en la frondosa selva televisiva de los italianos, ''el conocido periodista deportivo'' (cuya credibilidad como tal se intuye directamente proporcional a su gusto en el vestir) reveló que durante su lejana relación mediático-sentimental con Terelu las Campos no solo tenían desintonizada Telecinco en los receptores de su casa, sino que además se referían a Jorge Javier -hoy compañero suyo en la cadena amiga- como "ese hijo de la gran puta".

No podrá decirse que la televisión perpetrada por estos sujetos se distinga por la calidad; pero también sería injusto no reconocerles la impagable función terapéutica prestada (y que no le cuesta un duro a la medicina pública, ojo). Porque vamos a ver, ¿quién en etapa de valoración negativa de sí mismo, viendo el miserable, nauseabundo, pervertidor, repugnante, apestoso, pestilente, viciado, obsceno, inmoral, indecente, impúdico, abyecto y, en resumen, poco edificante comportamiento de los oficiantes de los Sálvame, Mujeres y hombres y viceversa, De buena ley y similares no ha salido después a la calle con la autoestima por las nubes?