Extinguido por lo tanto prácticamente en su totalidad el profesional de la cosa, y cuando para hacer hoy día de presentador parece bastar con ser guapo (aspecto siempre subjetivo), hacerse el gracioso, gesticular espasmódicamente y maltratar el diccionario -lamentable legado impuesto por las privadas desde su llegada a principios de los años noventa del siglo pasado-, solo a Jorge Javier Vázquez se le adivinan aptitudes para poderle considerar heredero de los maestros de la vieja escuela. Aunque para validar la suposición, claro, debería frecuentar otro tipo de programas y de cadena. Atreverse a tirar de la cadena, en definitiva. Su opción por la frivolidad y la telebasura lo desacredita. Pudo haber sido la versión 2.0 del presentador clásico y se conforma ejercitando como jefe de pista de un circo de criaturas moral y emocionalmente deformes.
lunes, 4 de junio de 2012
EL ÚLTIMO MOHICANO
Un comentario (no exento de envidia) que suele hacerse sobre Jordi Hurtado destaca lo asombroso del hecho de mantener, a punto de cumplir 55 abriles, el mismo aspecto físico que cuando comenzó a emitirse en 1997 Saber y ganar (TVE2), el concurso de preguntas de cultura general que después de quince años ininterrumpidamente en antena ve peligrar su continuidad a causa de los recortes obligados por la crisis económica. Ciertamente, se podría incluso ir más lejos y tampoco sería faltar a la verdad afirmar que su imagen presente difiere poquito de la que tenía al presentar, junto a la actriz Virginia Mataix en su etapa inicial de 1985, Si lo sé, no vengo (TVE1). Al hombre le van los concursos, por lo visto, pues entre estos dos (y otros espacios de géneros distintos) hubo otros más efímeros, con menos repercusión (''La Liga del millón'' -una sección dentro del deportivo Estudio estadio-, Pictionary, Carros de juego y Juguemos al Trivial, todos en TVE1); y antes de dar el salto a la tele ya había pilotado en la radio y con éxito ¿Lo toma o lo deja? (Radio Barcelona-Cadena SER). Postrero eslabón de una cadena con nombres ilustres como Bobby Deglané, Raúl Matas, Mario Beut, José Luis Pécker, José Luis Barcelona, Miguel de los Santos, José Luis Uribarri, Joaquín Prat, Kiko Ledgard o Josep Maria Bachs, Jordi Hurtado es como el indio de la popular novela de James Fenimore Cooper (o de la película de Michael Mann, como prefieran). El último de una estirpe de presentadores todoterreno para quienes no había programa especial, entrega de premios, gala musical, concurso y demás que se les resistiese. Sus armas: dominio del escenario y capacidad para moverse por él con la misma elasticidad que Cassius Clay en el ring; recursos lingüísticos, dicción y vocalización claras y limpias; estudio a fondo del guión; habilidad para la improvisación; conocimiento de la naturaleza humana; asunción de su papel de médium entre el espectador y el auténtico protagonista (el artista invitado o concursante de turno).