lunes, 28 de noviembre de 2011

AQUEL SEÑOR DE NEGRO (BAJITO, CALVO Y CON BIGOTE)

"Muy bien José Luis López Vázquez en la figura del inválido. Ya en otras ocasiones -especialmente en otro filme de Saura- este actor había demostrado felices disposiciones para el arte dramático. Esta película las confirma de nuevo", escribía en mayo de 1971 la crítica barcelonesa a propósito del estreno en la ciudad de El jardín de las delicias, esperada con enorme expectación entre la cinefília hambrienta de otro cine. Unos meses antes la revista Triunfo había publicado en su edición del 12/12/1970 una entrevista con el cómico fallecido en noviembre de 2009, realizada por Fernando Lara y Diego Galán, "en magnetófono", según se precisaba de manera harto chocante al final de la misma.

Vista hoy, cuando la misma prensa las descuartiza e invita al lector a largarse del papel para encontrarlas íntegras en Internet, aquella interviú resulta una pieza arqueológica: 4 páginas y un total de 33 preguntas con sus correspondientes réplicas, en las que un López Vázquez previo a Mi querida señorita, La cabina o La prima Angélica se explayaba sobre su condición de intérprete y lo contradictorio de su trayectoria fílmica (de cuya parte más casposa supo redimirse gracias a la versatilidad y a la profesionalidad con las que abordó su oficio), entre las cuales esta inusual, extensa, utópica y un tanto atropellada reflexión existencial: "Pero hay que acometer ese nacimiento diario con un sentido generoso: aceptar la realidad no resignadamente, sino con un poco de rebeldía, aunque sin desesperar en lo posible. Es cuestión de inteligencia y cordura para saber orientarse y salir airoso de las adversidades. Mira, hay un hecho evidente: el hombre no está solo, vive en sociedad, tiene que integrarse con los demás. Por eso ocurrió lo de octubre (sic) en Rusia, porque son cosas que surgen, incontenibles... No sé, yo no entiendo nada, pero intuyo mucho. Entonces, me parece que como estamos metidos en una sociedad, ya no hay individualismos, no puede haber individualismos. Si el capitalismo consiste en explotar a los demás, el capitalismo no puede subsistir, ni tampoco la burguesía. Desaparecerán cuando lleguen -y vendrán, sin duda- unos señores muy razonables, muy ponderados, muy honestos, que nos dirijan y nos gobiernen y cada uno de nosotros funcionará en su estrato, pero dentro de una integridad y una afinidad de criterios. El mundo va a eso. Hasta ahora hemos ido cada uno por donde nos ha dado la gana, pero eso se ha acabado. En realidad, ya estamos empezando a despertar: ¡pero hombre, qué barbaridad, que la gente se muere en la India de hambre! Y se ha muerto siempre, lo que pasa es que no nos habíamos dado cuenta. Pero el hecho de que ya lo sepamos me parece importante, es un respiro. Ahora vamos a ver si lo solucionamos... Se solucionará en el año dos mil quinientos, pero se solucionará. En eso soy optimista".