Si hacen uso (y abuso) de términos como "séptimo arte", "estatuilla" y "alfombra roja", o si al hablar de una película solo ofrecen datos técnicos y se limitan a contar el argumento y no opinan orientando y educando el criterio del espectador, no hay duda: estamos ante un programa de cine, pero quienes lo hacen podrían igualmente realizarlo sobre viajes turísticos, literatura, gastronomía o tauromaquia. No son críticos especializados. Es la sensación que desprenden De película (RNE1) -donde además deberían cuestionarse por qué resultan más soportables cuando su presentadora oficial (la permanentemente agitada Yolanda Flores) está de vacaciones- y Notas de cine (Cadena SER), que, antes de reubicarse en sus franjas habituales con el cambio de programación de septiembre, han ambientado cinematográficamente las tardes de los sábados y las noches de a diario estivales, respectivamente.
Presentado por Antonio Martínez (con la colaboración de Elio Castro), Notas de cine, descendiente directo de El cine en la SER (título auténtico del a menudo denominado como El cine de Lo Que Yo Te Diga, desaparecido de la parrilla en abril de 2009 por problemas económicos de la casa, tras veinte años en antena), es un ameno espacio de reportajes dedicado a bandas sonoras que mantiene constantes vitales reconocibles: programa de guión, realización cuidada hasta el más mínimo detalle, inserción de incontables fragmentos de diálogos y sonidos de películas, elaborado trabajo de montaje, apabullante bombardeo informativo... Desde el punto de vista de técnica radiofónica, impecable. Desde la perspectiva de un cinéfilo tradicional(ista), muy entretenido a pesar de que la opción (legítima) del predominio de la (fría) información sobre la (calidez de la) opinión provoque la misma impresión que se obtiene al leer Fotogramas y Cinemanía: un rato de distracción muy bien preparado pero falto de esencia. Para un oyente de fino oído radiofónico, la constatación de que los sinónimos cotizan actualmente a la baja: en el Notas de cine del (si mal no recuerdo) 10 de agosto me pareció escuchar la palabra "película" en 62 ocasiones a lo largo de sus 55 minutos. Y repetirla 1,127 veces de media por minuto (engañosas, porque buena parte del espacio lo ocupa la música y no el verbo) es tan indisculpable como ¡¿olvidarse del director-coreógrafo Busby Berkeley en el capítulo correspondiente de la sección dedicada a la historia del cine musical?! o, por el valor artístico de la propuesta de Francis Ford Coppola, no citar Cotton Club entre la manifestada escasa experiencia en el género del Richard Gere anterior a Chicago.