FAUNA IBÉRICA. El recuerdo de El hombre y la Tierra, la serie del inolvidable y en tiempos imitadísimo Félix Rodríguez de la Fuente, concretamente el capítulo del buitre negro, me viene a la memoria al ver a Nieves Herrero revoloteando sobre María Antonia Iglesias en la entrevista-masaje que, pocos meses después de haber superado un infarto, le practican en la endogámica La noria (Telecinco) a la antigua jefe de Informativos de la TVE felipista.
LOBA. La confesión -desacomplejada, como sus contorsiones en el escenario- de la cantante Shakira ("me gustan las películas malas") en un especial de Asuntos propios (RNE1), reconociendo recurrir al cine de la peor calidad artística para conciliar mejor el sueño cuando por la noche llega a casa cansada del trabajo.
CARNICERO. Como contrapunto a los jóvenes actores norteamericanos de ahora, que gesticulan mucho pero no se les entiende nada de lo que dicen, el inglés perfectamente comprensible de un Ernest Borgnine de en aquel momento 92 lúcidos años (ayer cumplió uno más), en una entrevista en El postre (RNE3) lo deslavazado de cuyas escasas preguntas le hace a uno cuestionarse por qué fueron esas y no otras, tanto si los diez minutos ofrecidos eran toda la duración de la conversación con el veterano actor de Grupo salvaje (y de Navidad en una casa de citas) como si se trató de una edición.
PUNTO CAT. 1714 es el catalanísimo número de la arrollada habitación de hotel ocupada por el atribulado musicólogo interpretado por Ryan O'Neal en la nostálgica ¿Qué me pasa, doctor? (1972, Peter Bogdanovich), cuyos huracanados tres cuartos de hora finales certifican la eficacia de unos gags no por viejos y mil veces vistos menos divertidos.
TOSES. El carraspeo de Javier Tolentino ante el micrófono (la persistencia del cual le delata en su intención de reclamar importancia para lo que dice), en la ineficaz (por desaprovechada) entrevista-homenaje a Basilio Martín Patino en El séptimo vicio (RNE3). El estilo tarkovskiano del presentador que habla entre dientes (y acompaña con un "¿no?" el final de cada frase) alargó por espacio de una hora lo que un montaje racional hubiera dejado en poco más de quince minutos, muy a pesar del indiscutible interés de la fundamental figura del director de Nueve cartas a Berta, Canciones para después de una guerra, Queridísimos verdugos, Caudillo...
ECHO DE MENOS... la cabellera pelirroja de Rhonda Fleming.