La televisión permite viajar (gratis y con el DNI caducado, además) por todo el mundo sin necesidad de moverse del sofá ni sufrir las humillaciones de los controles de los aeropuertos, cuyo único fin es contentar al Gran Hermano americano. Durante dos fines de semana consecutivos viajo con el canal 33 a Nueva York. En Km 33, en un capítulo delicioso para los cinéfilos más mitómanos (es una ciudad muy peliculera), una pareja de (antojadizos) amigos catalanes se mueve (junta pero no revuelta) por la Gran Manzana con la familiaridad de su reincidencia para, tirando alegremente de VISA, acabar comprando la misma ropa que podrían encontrar sin dificultades en Barcelona.
Por su parte, Lonely planet: sis graus (por la teoría aquella de los seis grados de separación) ofrece una visión de los ciudadanos de la City poco representativa (todos forman parte del moderneo underground más freak), y escuchando afirmaciones como la dicha durante un desfile de moda por alguien que está in (''una noia guapa vestida de gat sempre és un bon detall'') no se puede evitar llegar a la conclusión de que los encuentros con los extraterrestres seguramente ya se han producido. Mi opinión sobre el futuro de la Humanidad mejora cuando una semana más tarde voy a Singapur con Asha Gill (le haría de porteador a cualquier lugar del mundo, si ella quisiera). Su carácter desacomplejado y divertido (la modelo-presentadora es una buena comedianta) le va muy bien a un programa carcajeante repleto de irónicas bromas escatológicas y sexuales; y los singapurenses parecen gente contenta y cachonda (no, no es una redundancia), una agradable sorpresa a estas alturas de este siglo de crispación y malhumor globalizados.
La serie, que defiende la filosofía de conocer las ciudades a través del contacto directo con sus ciudadanos, mira el mundo desde una perspectiva más adulta y abierta que las Guías Pilot que TVE2 mantiene permanentemente en antena los viernes por la tarde. Unas guías de viaje que parecen dirigidas a un turista tan bobo como sus presentadores, cuya actitud etnocéntrica bordea la xenofobia.