IN. Las (numerosas) retrospectivas, siempre agradecidas de ver, aprovechadas aunque eran relleno del plan reserva previsto de no haberse desconvocado la huelga de guionistas. Por la misma razón, la duración de la gala: unas inhabituales 3 horas y 17 minutos. La retransmisión que desde hace algunos años viene haciendo el equipo de El cine de Lo Que Yo Te Diga en la Cadena SER, porque prima el relato de lo ocurrido en el Kodak Theatre sobre el comentario abusivamente interpretativo de otras radios, permitiendo escuchar con nitidez el sonido original de la sala (a pesar del inevitable inconveniente de la traducción simultánea). La genuflexión del interesante Daniel Day-Lewis (actor principal, Pozos de ambición) ante la reina Mirren. El añorado Billy Crystal, el mejor maestro de ceremonias posible mientras no se demuestre lo contrario. El inescrutable misterio de cómo logran sostenerse los escotes palabra de honor (mayoritarios entre ellas), siendo el de la informalmente peinada Cameron Diaz el que pareció estar más cerca de precipitarse al vacío. El chiste de Jon Stewart (el presentador, sólo correcto), relacionando que una mujer o un negro puedan ocupar la Casa Blanca con el choque de un asteroide contra la Tierra, explicado de distinta manera por una prensa española lost in translation. La introducción (vía satélite) por soldados de los EE. UU. destacados en Irak del premio al mejor corto documental para Freeheld (sobre una militar lesbiana). El pleno europeo en las categorías de interpretación, prueba de la capacidad de absorber talento ajeno que tiene Hollywood ("construido por los europeos", según recordó Tilda Swinton, actriz secundaria, Michael Clayton). Marion Cotillard (actriz principal, La vida en rosa), irreconocible sin la caracterización de Édith Piaf, emocionada, creíble, guapa, elegante, la más sexy –de forma(s) natural(es), sin aditivos-, embutida en un vestido de sirena con escamas (''¡que nadie me ate cuando las sirenas canten!''). Jack Nicholson: por lo mismo de cada año. La reivindicación familiar de Javier Bardem, cuya saga explica una buena parte de la historia del cine español. El desparpajo, la naturalidad y el dominio de la escena del desenvuelto, desacomplejado y oscarizado actor (secundario) de No es país para viejos, en (afortunado) contraste con el numerito provinciano de otras veces de Almodóvar y sus lloques al borde de un ataque de ego. Acudir a la ceremonia embarazadas: Cate Blanchett, Jessica Alba y Nicole Kidman ("And the baby goes to Angelina Jolie", anunció el host) continuaron la costumbre establecida por Annette Bening y Catherine Zeta-Jones, que estuvieron a punto de romper aguas en anteriores ediciones. Informar sobre los Oscar sin utilizar los (a fuerza de repetirlos) devaluados términos "estatuilla" y "alfombra roja", o el muy horroroso "el mundo del cine". La coincidencia del reconocimiento a los hermanos Coen (No es país para viejos: actor secundario, dirección, película, guión adaptado) -que en 1991 ilustraron en la visualmente tan potente como recargada Barton Fink el descenso a los infiernos de un guionista- con el año en que el conflicto de los escritores de la cosa audiovisual ha puesto en jaque a la industria, dejando claro que son la parte fundamental para que el espectáculo funcione (y sin show no hay business); aunque de manera indirecta, el éxito del toque Fink, finalmente.
OUT. La parte del speech de Bardem hecho en español: ¿provinciano? El beso en la boca entre Javier y su madre. Los que se han referido a los Oscar "del 2008". La cara de Nicole Kidman: ¿bótox? El look descuidado que al parecer se lleva ahora entre ellos (pelo alborotado y lavado una sola vez al mes y barba de siete días). La (desangelada) gala: magullada por la reciente huelga de guionistas, preparada en pocos días, carente de magia, sin momentos para la posteridad, falta de astros que la iluminaran y de una superproducción taquillera multinominada que arrastrara a la (desertora) audiencia televisiva norteamericana. La ocasión perdida de volver a ver (Linda Hunt, actriz secundaria, El año que vivimos peligrosamente, en abril de 1984) cómo se premia a una mujer (Cate Blanchett) por interpretar a un hombre (Bob Dylan, en I’m not there) y, además, preguntarse si debe ser considerada una actuación femenina o masculina. El (imperdonable) olvido de Roy Scheider (y Fernando Fernán-Gómez) en el in memoriam tribute. Utilizar la (americanizada) expresión "el dos veces ganador de un Oscar" en lugar de la más natural en español "el ganador de dos Oscar". La incógnita de si el talento de la ex stripper Diablo Cody (guión original, Juno) sobrevivirá a la expectación provocada por su llamativa excentricidad (vestido de leopardo, tatuaje de marinero en el brazo derecho, un único pendiente con la calavera pirata, su nombre artístico...) o habrá sido una de tantas estrellas fugaces que tuvieron su momento de gloria. George Clooney acompañado de su novia: porque no cuela.