Dejen que a falta de clásicos a mano me cite a mí mismo, que en 1991, en la efímera publicación Ibiza del Norte y sobre la II Semana de Cine de Ibiza celebrada el año anterior, escribí acerca del grado de desconocimiento que se tenía del espectador potencial (se programaron sesiones a la misma hora hasta en tres escenarios diferentes). Además de reclamar el "empuje" de las administraciones locales -algo en lo que actualmente estoy totalmente en contra-, para un hipotético futuro que después no llegó advertí la necesidad de acercarla mucho más a la parroquia indígena, que la percibía como algo ajeno, hecho para gente de fuera de la isla. Dieciséis años después se podría decir lo mismo del Ibiza and Formentera International Film Festival. ¿Progresamos adecuadamente?
No veo completa la charla mantenida por Agustín Prades (pequeña y antiestética chuleta en la mano recuerda a Jaime Peñafiel) en Entrevista (TEF) con Gail Fear y Xavier Benlloch, los promotores del certamen, por lo que me quedo con las ganas de saber si les ha preguntado por la escasa respuesta de público y el empleo de la lengua de David Beckham como único idioma de la ceremonia de clausura. Hacen autocrítica: para el año próximo anuncian el mismo número de jornadas ("porque todos los festivales duran diez días") pero menos proyecciones, más centralización y "profesionalización".
La poca asistencia de espectadores, comprensible en una primera edición de cualquier tinglado que se monte, tiene que ver más con las particularidades del ecosistema local: es verano y el calor y la humedad mediterránea invitan a la indolencia total. Añadan a eso la diversificación del tiempo libre y de los modos que el consumidor dispone hoy para ver películas y tendrán algunas de las causas de la deserción que desde hace algunos años vienen observando las salas.
¿Puede existir un festival de cine sin clientela? ¿Tendría sentido? ¿Por qué las casas comerciales -y las administraciones públicas, ojo- encontrarían interesante patrocinar un festival vacío de concurrencia? Los organizadores aspiran a consolidar el certamen en cuatro años. ¡Quién sabe dónde estaremos dentro de cuatro años! Tal vez ya hayamos desaparecido bajo el cemento de algún proyecto urbanístico ilegal. O habremos sido atropellados en cualquiera de los peligrosos carriles bici en los que -ante la pasividad de la autoridad (in)competente- se han convertido las aceras de la ciudad de Ibiza.