lunes, 21 de enero de 2019

GARCI REVISITADO (I)

Dejó la seguridad de un trabajo como auxiliar administrativo en el Banco Ibérico para ser reputado guionista de la tercera vía y, sobre todo, el director (de cine, claro) de la Transición. El Oscar de Volver a empezar (recogido uniformado de Humphrey Bogart en Casablanca) le convirtió en el perejil de todas las salsas, pero también le supuso envidias y, por su independencia, ninguneos y un amago de dejar la profesión (a la que, como Truffaut, había llegado después de ejercer la crítica). Cuando regresó, agotada la exprimida (y coyuntural) fórmula de su éxito (amargura teñida de nostalgia autocomplaciente), dio un todavía hoy incomprensible giro radical para desempolvar melodramas beatos de los años cincuenta. Durante un decenio presentó en televisión Qué grande es el cine, parada semanal inexcusable tan apreciada por la selección de títulos como reprobada por su emisión doblada. Ha hecho radio, escrito y editado libros, dirigido teatro... Y protagonizado sonados escándalos como la nunca probada compra de votos de los Premios Goya. En lo ideológico experimentó una evolución comparable a la observada por su filmografía: de compañero de viaje del PCE a intelectual de la rancia derecha aznarista. Desdeñado desde primera hora por el diario El País, José Luis Garci encontró cobijo en Abc, desde cuyas páginas ha compartido a lo largo de las décadas su cinefilia y demás aficiones, en entrevistas, artículos, secciones regulares o crónicas diarias de Eurocopas y Mundiales de fútbol. (Cuyos fragmentos reseñados en esta serie se reproducen con escrupulosa fidelidad ortográfica a cómo aparecieron impresos en el papel).

''El cine no es lo que se piensa en este país. El cine es Spielberg, Lucas, Joe Dante... Ahora se habla mucho del cine americano, pero cuando yo era crítico y decía que un director norteamericano era un genio me miraban de una forma rara. En España se entiende el arte como una cosa aburrida, solemne, de museo. El deporte nacional es el de aburrir a las piedras. Yo no salgo en 'El país' por decir que el suplemento cultural es aburrido y que no lo lee nadie. Hice unas declaraciones en Antena-3 en las que dije una cosa que es verdad y que mucha gente piensa y nadie se atreve a decir, y es que ese periódico gubernamental es aburrido. Escriben para un grupo de dos docenas de iniciados y eso no es cultura, al contrario, eso son las elites. Y las elites están muy cerca del fascismo, porque son los gérmenes absolutos. Es un periódico gubernamental que escribe al dictado de este Gobierno, no es un diario donde te puedas manifestar libremente. La cultura debe, tiene que ser popular'' (8/9/1984).