jueves, 4 de agosto de 2011

EL PERIODISMO ESTÁ ACATARRADO

Aunque su inopinada promoción española a los altares (reedición de sus obras más conocidas, como la reciente de Honrarás a tu padre y La mujer de tu prójimo, incluida) recomendaría una prudente distancia, al menos inicial, sobre una figura hasta hace dos días prácticamente desconocida por estos pagos, no cabe duda que Gay Talese ha adquirido (y temo que en buena parte no sea ajeno a ello lo llamativo de su proverbial elegancia en el vestir) la condición de leyenda y reverenciado gurú de aquella prensa de calidad a la que hoy puede darse definitivamente por liquidada. Su artículo ''Frank Sinatra está resfriado'', un meticuloso perfil de La Voz y de su entorno, publicado en abril de 1966 en la revista Esquire, es actualmente tan citado como seguramente poco leído. Fundador junto a otros colegas mucho más conocidos como Norman Mailer, Truman Capote y Tom Wolfe del new journalism que en los años sesenta y setenta del siglo pasado sustituyó el lenguaje de agencia (sintético, convencional, frío, sin alma) propio de los diarios norteamericanos de entonces por el reporterismo literario -"la literatura de la realidad"-, Talese (7/2/1932; Ocean City, New Jersey, EE. UU.), todavía en activo, no se cansa de contar a quien quiera escucharle -que son legión- que ha cultivado su oficio a partir de la paciencia en la escritura, el detallismo en el relato, la inquietud permanente y, por encima de todo, una curiosidad ilimitada por todo aquello que le ha rodeado...

Un caluroso mediodía del mes de julio pasado. Una dotación de la Policía Local y un camión de bomberos cierran al tráfico rodado una de las calles adyacentes al principal paseo de la ciudad, por donde transitan casualmente en aquel mismo instante una periodista de los servicios informativos de la TEF y su cameraman. Ella, poco aprovechada según mi parecer (y con el defecto de ser fumadora, dicho sea de paso), aporta maneras profesionales (ha sido la mejor presentadora que ha tenido hasta la fecha Entrevista) y criterio estético a una televisión local ibicenca becaria en el fondo y las formas, a menudo inadecuada en el estilismo y casi siempre equivocada en las escenografías. Al advertir el revuelo se detienen. Se preguntan uno al otro el qué y el dónde. Siempre desde la media distancia, miran pero no ven (no hay fuego ni humo, ni se ve nada aparentemente especial). Pero en lugar de superar la mínima distancia que separa su posición del lugar del incidente, para salir de dudas, toman la poco periodística decisión de continuar ignorantes (de que todo se deberá a una ligera amenaza de desprendimiento en la fachada de un edificio) y proseguir su camino. Observo que se dirigen a un afamado restaurante de cocina tradicional (girando la esquina, exactamente a veintidós pasos de la zona del follón), probablemente para entrevistar a su conocido propietario, nombrado recientemente para un cargo de la patronal hotelera. Oigo cómo al entrar en el establecimiento se disculpan por llegar un poco tarde a la cita.